Etapa 40 (481) Tornby-Skagen
Etapa 40 (481) 15 de
julio de 2015, miércoles (Onsdag), cumpleaños de mi madre.
Tornby-Hirtshals-Kjul
Strand-Uggerby
Strand-Tversted-Tannisby-Skiveren-Kandestedente-Hojen-Skagen.
Amanecer en el
refugio de Tornby.
En tal día como el
de hoy, celebrábamos el cumpleaños de mi madre. Murió hace diez
años, de no haber sido así hoy cumpliría 99. Mejor que se fuera,
habrían sido diez años más de agonía.
Me he despertado a
las seis y media y en marcha a las 6:45.
Ya estoy en marcha y
siguiendo el camino que me trajo aquí ayer. Me vuelvo para
fotografía de despedida del shelter. Las bicicletas aparcadas
de mis compañeros de sueños. El terreno de delante se va iluminando
con los primeros rayos solares matutinos.
Voy con intención de ver
el campamento que no vi ayer. Hoy tampoco consigo verlo. La pista
ciclista pasa entre arbolado y se me vuelve a presentar la misma
imagen de lo que me encontré cuando estaba buscando el refugio de
Nors So, cuando llegué a aquel ambiente familiar con tres
matrimonios y muchos niños: Los troncos cortados y apilados de
muchos árboles que, entonces, me hizo pensar en que pudiera ser el
verdadero shelter.
El camino, que va ancho, se estrecha
durante un pequeño tramo y se convierte en sendero. Luego vuelve a
ensancharse al entroncar con el Haervejen, y me saca a carretera con
acera. Creo que ya estoy llegando a Tornby, pero antes de llegar al
pueblo, todavía en la zona rural encuentro una familia bovina, con
toros y vacas pastando en un amplio terreno. ¿Se le podía llamar
dehesa?
Tornby Strand.
Empiezo a ver casas
sueltas. También a un equipo de recogida de basuras. El camión en
el que las depositan no es muy distinto al de los de mi tierra,
aunque algunos de los de Irun reciben la carga de desperdicios por la
parte alta, para lo que disponen de una grúa elevadora que facilita
la ascensión y la descarga automática. Estos son los que más ruido
meten al descargar ya que normalmente son los que vacían los
contenedores de vidrio. Pareciera que aquí la recogida de basuras es
selectiva, pero aunque Dinamarca es país más adelantado que el
nuestro en materia de ecología, no me fiaría demasiado que así
sea.
Aquí el que carga la basura y el sistema se encarga de
apretujar, puede ser el mismo conductor, pues no veo que se suba a la
pequeña plataforma con asidero que tiene detrás del camión. Llego
al hotel Strandlyst, donde no puedo desayunar porque todavía no lo
han abierto. Fotografío de fuera los ventanales, desde donde veo que
las mesas ya están preparadas pero en las que no hay ningún
comensal.
Aquí no puedo desayunar, pero confío en poder hacerlo en
el próximo camping. Pero allí tampoco voy a tener suerte. Se trata
del camping Tornby Strand. Aunque por el interior iré en paralelo a
la playa Krage Strand. La población no es un núcleo compacto, sino
que está formada por casas sueltas algo desperdigadas.
Una vez en
carretera mayor, con carril bici, leo que me faltan 4 km para llegar
a Hirtshals. Allí, en mi mapa específico de la zona que abarca
desde Tornby a Skiveren, veo que se ofrece oficina de Información,
Danhostel, y confío en que podré desayunar.
Faro de
Hirtshals.
Tras de una hora
caminando, desde el carril bici veo el faro de Hirtshals a lo lejos.
Me voy acercando a él con la esperanza de que, si está abierto y no
hay todavía nadie para cobrar, subiré para ver el paisaje. A partir
de aquí, la dirección que he traído, que era prácticamente hacia
el Norte, con pequeña orientación al Este, pasa a ser totalmente
hacia Naciente, al menos hasta llegar a Tversted. Ya tengo el faro a
tiro de piedra, pero aún me falta encontrar la desviación de la
carretera que me acerque a él.
Poco después del indicador de que
estoy ya en territorio de Hirtshals, aparece el ramal que me acerca
al faro. Ocurre lo que había previsto. Está abierto y nadie en el
acceso para cobrar, aunque el cobrador si está en el recinto y no se
percata de la entrada del intruso.
Saco foto de un faro muy bien
cuidado, con los dos edificios que lo entran también en muy buenas
condiciones, al menos, en su apariencia exterior. Con toques de gris
y donde predomina el blanco. Los tejados y la linterna cubiertos de
negro. Subo la escalera de caracol. Cuento 144 escalones hasta la
llegada a la linterna. Me asomo a la pequeña terraza bajo la
luminaria y saco una foto orientada hacia mi destino previsto para
hoy: Skagen. Cuando estudiábamos los estrechos marinos en la
escuela, recuerdo que en Europa, además del Bósforo, los
Dardanelos, y otros, también nos mencionaban el Skagerrat y el
Kattegat. Skagen es el que da nombre al primero.
Este faro, al ser
tan alto, se puede permitir el lujo de estar alejado de la costa,
pero no es lo suficiente como para abarcar tanta distancia como la
que me queda aún para llegar a la confluencia entre el Mar del Norte
y el del Báltico que, según leo en uno de los mapas, aquí lo
llaman Aalbaek Bugt, que suena Olbek Bugt. Además, a toda la bahía
que va de Hirtshals a Skagen, la llaman Tannis Bugt.
Esta bahía me
dará trabajo recorrerla esta tarde y lo que me queda de la mañana.
Al pie del faro hay un amplio aparcamiento, lo que me hace suponer
que esta luminaria recibe muchas visitas a lo largo de los días.
También saco alguna foto parcial de la linterna, digo parcial porque
el balconcillo no me permite alejarme demasiado, y no tengo espíritu
de suicida, ni dispongo de palo de shelfy que me lo aleje del
objetivo. Por influencia de los rayos solares sobre el cristal de la
linterna del faro, se produce un reflejo irisado, que no sé si
saldrá en la fotografía.
Me gustaría que eso ocurriera, pero no lo
sabré bien hasta que meta las fotos en el ordenador al llegar a mi
casa. Un trabajo arduo el de poner pie a las fotos que, generalmente,
suele ser bastante largo y que, con ayuda de la hora en que he sacado
la foto, el mapa y el diario, suele darme quebraderos de cabeza. Pero
todo esto forma parte de mi viaje y de la comunicación del mismo a
mis escasos y esporádicos lectores. Aun siendo así, persisto en mi
empeño de seguir con mi blog, pues me resulta muy gratificante para
recordar algunas experiencias de mi viaje ya olvidadas. También debo
decir que esta de hoy va a ser la última etapa que voy a narrar en
formato blog-diario. Quiero probar nuevas formas de narrar mi viaje.
Si no funcionan, volveré, al formato de hasta ahora pero ya no será
con tanta fotografía puesto que, desde que en 2016 me robaron la
tarjeta en Cerdeña, con todo el reportaje de fotos a falta del Este,
ya no volveré a llevar cámara en mis viajes. ¡Qué descanso! Así
que Cerdeña, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia y Grecia, no van a
tener imágenes. Creo que tampoco el de mi vuelta a Córcega de 2014 (29 etapas que no narré en el blog y me las salté)
que, aunque tienen apoyo fotográfico, fue uno de mis peores viajes,
aunque en el verano de 2019 será Grecia la nación que me ha tirado
del camino.
Pero bajemos del faro de Hirtshals. Cuando bajo saludo al
guarda y cobrador de billetes y le saludo sin más.
Hirtshals.
Me acerco al pueblo.
Entro en la población que he visto ampliamente desde la linterna del
faro. Buscando un sitio para desayunar, me encuentro con el
Danhostel, el albergue juvenil, pero no me animo a visitarlo por
dentro ni a probar de conseguir desayuno gratis o a precio económico.
Ni siquiera busco la puerta de entrada y lo único que se me ha hecho
familiar, ha sido la banderita azul y blanca que ondea por detrás de
uno de los edificios. Todos están rodeados de rosa mosqueta.
Pregunto a unos jardineros que se encargan de regar un macetero
repleto de plantas y flores. En realidad es uno el que riega,
mientras el otro, probablemente el conductor del vehículo que
transporta el depósito de agua, apoya su espalda en la cartola de la
camioneta. Les pregunto por algún sitio para desayunar y, aunque me
orientan, me costará encontrar la Konditor Bager. Después de dar
vueltas sin sentido, un ciclista me reconduce a la panadería café.
Konditor Bager.
Cuando voy a entrar,
el hombre de la bici me confirma el lugar idóneo para tomar un buen
desayuno. Además de panadería es también pastelería… y lo que
haga falta. Tiene mesas dentro y toilette. ¡Perfecto! Como un pastel
de canela que me resulta jugoso pero demasiado empalagoso. Pido un
capuchino y pago 23dk que pago con la moneda danesa. Con todo en la
mesa, voy al retrete a cagar. No descargo suficiente pero aprovecho
para lavarme la cara.
Escribo hasta casi las diez. Y me voy en busca
de la biblioteca. He preparado una nueva carpeta de mapas y guardo el
que ayer me llevó al shelter y que ha finalizado en Tornby
Klitplantage. Escribo también postal a mis tíos de Vitoria-Gasteiz
y a mi madrina de Bilbao. Las echo en el buzón rojo de la rotonda
cercana. Buscando la biblioteca, me encuentro con un pequeño Museum.
Se trata del museo de la pesca. Unos peces se secan y orean al sol,
colgando de cuerdas como si de ropa a secar se tratara. No son de
gran tamaño y me recuerdan a pescados que se tumban sobre la arena
del fondo del mar. Podrían ser gallos, lenguados o platijas.
Biblioteca en
obras.
Voy hacia la
biblioteca. Está llena de andamios y con gente obrera en la terraza.
La fotografío con la iglesia al fondo. Está cerrada. Si a la
iglesia se entra con clave, razón de más para que esto ocurra en la
biblioteca, por la puerta primera. Así que doy vuelta al edificio
para entrar por la principal.
También el acceso a esta entrada hay
que hacerlo dando a los números clave. Llego a la vez que otro
usuario y leo que los días onsdag se abre a las 13:00 horas, y hoy
es miércoles. A esta hora no hay personal atendiendo, pero el hombre
me permite entrar con su tarjeta y la clave que él sí conoce. Entro
con él y me lleva donde están los ordenadores. Veo que tienen la
pantalla encendida, que tiene Google-Crome en la pantalla de acceso y
ya lo tengo fácil para llegar a mi correo de Hotmail. Apenas tengo
mensajes nuevos. Leo el de Pedro y lo borro.
El tercer reportaje no
lo he podido abrir. También uno en que dice que el nudismo puede ser
saludable. ¡Ya lo creo, no hace falta que me lo repitan! Borro los
demás borrables y los guardo en papelera los que me interesa obtener
una copia a mi regreso a Irun. No me atrevo a borrar los enviados,
aunque creo que si ya he obtenido respuesta, ya son eliminables.
Aunque mi yerno Josu no entienda por qué los borro, es mi táctica
para alguien como yo que no tiene Internet en casa.
Después entro en
mi otro correo, el de KZgunea y respondo a la encuesta sobre consumo
de TNS. La aligero lo suficiente como para que no se alargue
demasiado, y me voy. Fotografío el área de lectura infantil. Todo
está muy ordenado y limpio. Después el área de juegos, de la que
saco también buena impresión. Para las once ya estoy en marcha,
saco foto del edificio andamiado de ladrillos cara vista, cuya
reparación sólo afecta a su parte exterior, y me acerco al puerto.
Primero vuelvo a pasar por la iglesia.
Parece que pertenece a la
religión sueca y en un cartel a pie de la torre anuncian una regata
de veleros, que ya se produjo hace más de una semana, una banda de
música para los próximos días y una fiesta de la pesca para
finales de mes. Estarán entretenido este verano en el pueblo.
Puerto de
Hirtshals.
Enseguida estoy en
el puerto. Barcos pesqueros y pequeñas embarcaciones de recreo son
los que más predominan. También al fondo me parece que puede ser un
pequeño crucero que quizás haga recorridos por los fiordos. En
espacio menos abigarrado, un barco en el que leo Tybring me hace
pensar en que cumpla funciones de estrategia militar.
En otro lugar
leo Color Line, que puede ser una compañía de cruceros o ferris,
donde veo varios transatlánticos de gran envergadura. Veo correr a
gente. Como no lleguen antes de la salida de su buque, se quedan en
tierra. Pregunto a un señor mayor que acaba de arrancar su moto y me
indica por dónde puedo salir del puerto.
Buscando la
playa.
Voy siguiendo una
línea azul que, sin ser acera, se respeta como peatonal y me ayuda a
orientar en mi salida, cuando veo una flecha que dobla en la misma
dirección. Se trata del carril-bici nº 1. Lo voy siguiendo, aunque
hay un tramo en que los indicadores han desaparecido y he dudado.
Mi
plan es el de salir cuanto antes a la playa, aunque hoy acabaré
harto de ella, pero me equivoco y doy más vueltas de las deseadas y
debidas. Por suerte entro en un bosque y el paseo por él es muy
bonito, también encuentro una regata con agua fluyente, que
fotografío.
Playa en veinte
fotos.
Esta playa del
Tannis Bugt va a ir de mala a peor. Se verá que el azote del viento
en esta península final, más vulnerable, va a hacer estragos.
No me
gustaría estar en este lugar aquellos días en que hubo viento
huracanado. Un hombre y una mujer venden helados. Creo que antes
habrán comido algo con más fuste, pero no lo sé, pues ellos no
ofrecen a la venta más que helados. Él come uno con deleite. Cuando
salgo a la playa, una familia con niños se baña sin alejarse apenas
de la orilla.
Han dejado su ropa en zona de arena seca y no les cubre
ni hasta la cintura. Quizás no sepan nadar. Sigo al Kjul Strand. Ua
carretera de arena, menos masificada que la de días anteriores, hay
varios coches aparcados y algún iglú para tirar desperdicios. Pocos
paseantes por la orilla del mar y todos vestidos.
No está día grato
para baño aunque el azul del cielo predomine sobre las blanca y
diáfanas nubes. Dos coches acaban de salir por donde yo he entrado.
Un kite-surfista vuela con su cometa, de vez en cuando, sobre las
olas, que llegan hasta la orilla, aunque no con excesiva fuerza. El
viento empuja su parapente y desliza su tabla a gran velocidad. El
mar parece aquí más apto para el baño.
La playa autopista seguirá
sin coches durante un buen rato. A más de medio camino me cruzo con
uno que lleva kayaks y otro que va detrás de él, le sigue la
rodada. Yo también la aprovecho en los momentos en que la arena se
muestra humedecida y con agua que baja de las dunas. En una zona en
que la duna es tan baja que casi va a ras de la playa, el poco viento
que hace es suficiente como para levantar su fina arena y las ráfagas
son visibles en el ancho solar arenoso. Voy bien, sin descalzarme,
hasta que llego a Uggerby Klitplantage.
Uggerby Strand.
Pregunto a dos que
comen en su rulot y me acerco a dos edificios que no ofrecen nada. Un
letrero en el que leo Uggerby Strand y que informa sobre flora y
fauna. Ya sé que por allí hay un shelter, pero a estas horas
ni me molesto en buscarlo. No me conviene. También se ofrece un
campamento en Tolstrup Klit, poco más adelante. Es lo que llaman
primitiv lejrplads.
Retorno a la playa. La duna va aumentando
de tamaño y la arena va cogiendo una tonalidad amarillenta propia de
los suelos húmedos que nunca acaban de secarse. Pronto la duna
aumenta de tamaño y, con el viento, se torna más vulnerable.
Con la
poca vegetación arraigada que tiene, se va desmoronando y, el viento
se la lleva correteando por encima de la arena húmeda. Probablemente
sea por la subida de la marea, pero el caso es que las playas que
ayer eran tan anchas, hoy van reduciéndose.
De seguir a este paso,
me temo que llegue un momento en que tendré que caminar pisando la
parte más baja de las dunas. En algunos tramos veo que han puesto
diques de maderos enclavados verticalmente en la orilla. Creo que
será una forma de evitar que el mar se lleve la arena y se queden
sin playa. Llego a la desembocadura de un lago. No tengo opción de
cruzar al lado de la duna, puesto que el caudal de agua que llega es
bastante grande.
Veo un grupo de cuatro personas al fondo, que se
están volviendo, pero yo sigo hacia donde ellos, pues confío en
que, descalzándome, podre pasar al otro lado cerca de la orilla.
Cuando me encuentro con ellos me informan que estoy en Tversted y que
allí no hay ningún sitio en que den comidas. Sin embargo en mi mapa
aparece señal de cuchillo y tenedor. Me dicen que en Tannisby
tampoco. Uno me indica la posición de Tannisby. Ellos no han seguido
al otro lado del meandro por no descalzarse. Cuando llego, me
descalzo y paso adentrándome un poco en el mar. Una pareja que está
al otro lado me observa para repetir ellos la operación. Otras veces
es a la inversa; soy yo el observador. No sé si lo han aprendido y
si lo cruzarán. Llegando a Tannisby, veo a otro kite-surfer.
Tannisby.
Restaurate Tannishus.
Esta playa no ofrece
restaurante según mi mapa, pero no será cierto. Cuando estoy llegan
paralelo a las dunas vulnerables pero aquí, como son bajas, están
menos deterioradas, ya veo al fondo la plataforma rojiblanca de los
socorristas y también algunos coches aparcados. Aunque sólo veo una
cometa en el cielo y un kite-surfista deslizándose y saltando sobre
las olas, se ve que es zona apropiada para ese deporte y otros
compañeros se preparan para imitar sus peripecias. Ni me acerco al
puesto de vigilancia de los socorristas, pues me lo supongo tan vacío
como el que vi ayer. Creo que en el único sitio que los vi fue en la
isla Frisia de Fano. Al salir de la playa, ya en el asfalto, veo una
heladería que ficho para la vuelta. Ahora hay una enorme cola por
ambos lados. ¡Cuánto goloso! Llego a un puesto que tiene todo el
aspecto de proponer comida basura, y me aventuro a seguir adelante,
aún a riesgo de que tenga que retroceder. Como no tienen horario,
siempre podré meter algo al coleto. Entro a comer en el restaurante
Tannishus y elijo un plato que es de pescado y carne y me lo como
casi todo. Uno es un ahumado rojo, más rojizo que el salmón. Está
embadurnado de comino y acompañado de las consabidas quisquillas
peladas, con dos salsas y parafernalia de mantequilla y mahonesa, de
las que no dejo nada. Pruebo la salsa del ahumado. Luego llega la
carne, que consiste en un trozo de pechuga asada y un trocito de
carne muy salpimentada. Va acompañada de rabanitos, canónigos,
patata redondita asada, champiñones y espárragos trigueros. Todo
entra al coleto. Un ramito de grosellas rojas. Una cerveza Tuborg y
todo por el módico precio de 180dk que pago con Visa. Con el
impuesto se ha puesto en 183,20dk. Quizás sea la segunda o tercera
mejor comida que he hecho. Aquel pollo de los primeros días que fue
del arcón a la freidora, estuvo muy bueno, y un día en que comí un
buen pescado.
A las 15:30 acabo de escribir y voy al retrete. Ya
puedo guardar el mapa Tornby-Skiveren, pues el siguiente ya contempla
Tversted-Skagen. Es el tercero de los tres tramos que me dieron ayer
en la Oficina de Información. Retorno a la playa con la idea de
comer un helado. No lo compro en el primer puesto que veo, porque el
más próximo a la playa parecía que tenía mayor aceptación y
pienso que a esta hora ya no habrá tanta cola. Pero me equivoco, hay
tanta gente esperando o más que antes así que, en la jornada de hoy
me quedo sin postre. Para muestra, la fotografía que saco.
De nuevo en la
playa.
Cuando llego, tres
jóvenes empujan hacia atrás un coche que había encallado. Va a ser
necesario que empuje yo también para que salga del atolladero. ¡Mi
fuerza hercúlea! Los dos jóvenes que van en él, piloto y
acompañante, nos agradecen a los dos foráneos que les hemos
ayudado. Abandono el puesto de socorro de Tannisby, y los coches allí
aparcados, y saco otra foto alejándome de aquel lugar. El camino por
la playa que voy a hacer esta tarde va a ser muy irregular.
Ancho
unas veces, como el de esta primera parte, y estrecho, con humedales
y mucha basura depositada por el mar, en otras. Voy muy a gusto por
el primer tramo descalzo por la orilla. Muchos caminos en solitario
sin saber a ciencia cierta en dónde estoy. Después de mucho
caminar, una chica me dice que todavía estoy en Skiveren.
Ella iba
por delante, pero se queda atrás. Me da la impresión de que todavía
la marea sigue subiendo. En zona de arena húmeda, me cruzo con
cuatro jinetes y sus caballos. Un joven los observa desde la duna.
Durante un gran rato he dejado de ver coches circulando por la playa,
pero llego a zona deportiva y hay uno parado. Varias cometas
hinchadas preparándose en la arena y sólo uno ejercitando saltos
sobre las olas en el mar, mientras su cometa vuela.
Mientras no suba
más la marea, voy bien, pero en la zona más próxima a la duna, la
arena se va convirtiendo en un fango poco grato de pisar y camino
propenso a un resbalón que me tire patas arriba. El cielo se ha
despejado y sus diáfanas nubes son menos densas que las que he visto
por la mañana.
Skiveren ya se ha terminado, el piso húmedo se
deteriora. Aparecen carteles cerca de las dunas. Parece que son
indicativos para los coches. Cuando la pista se reduce a veinte
metros de ancho, durante la subida de la marea, aunque no esté alta
del todo, a los vehículos se les prohíbe circular. En dunas con
rocas en la playa que parece se hayan precipitado desde la altura,
encuentro otro cartel, cuyo significado me es imposible de
interpretar.
Creía que en todos ponía lo mismo. ¡Advertirá del
riesgo que supone la caída de las piedras? Todas estas altas dunas
de la última parte han sido muy castigadas por los vendavales y la
arena del lado de la playa se va desmoronando poco a poco.
Kondestederne.
No puedo asegurar
que este lugar sea el que menciono pero, calculo que estaré en la
mitad del recorrido entre Skiveren y Hojen, que es la parte de Skagen
del Mar del Norte y que después fue creciendo hacia el Báltico.
Hay
gente en la playa. Un hombre se baña, pero el niño que parece que
va con él, ni lo intenta.
Al otro hombre que espera en la arena con
un perro amarrado, le pregunto y me confirma que estoy en
Kondestederne. Otros pasean por la orilla con sus grandes perros.
¡Tarde de perros! Como no subo la duna, no puedo ver el pueblo más
importante de este tramo. Fotografío a los tres a contra luz.
El
bañista se está secando para no enfriarse. Sigo adelante y no sé
si el agua que hay en la playa es lo que queda de la anterior marea
alta o es la que filtra del otro lado por debajo de las dunas. Un
kilómetro más adelante veo que hay algo raro enclavado en la arena.
Hasta que no llegue no sabré que se trata de la rama de un árbol,
que alguien ha tenido el capricho de plantarlo en la orilla. Quizás
con la esperanza de que eche raíces y dé sus frutos. Un coche
avanza en solitario y se para. De lejos, veo cómo baja el conductor
y vuelve a montar, avanza un poco más y regresa por donde ha venido.
¿Será que no está fiable esta autopista?
En una zona, algún otro
conductor se ha dedicado a hacer trompos y ha dejado las huellas de
sus neumáticos bien marcadas en una mezcla de arena y fango. La
carretera sigue presentando sus huellas en la arena y de la duna
siguen desmoronándose grandes piedras qua caen a la pista. ¿Será
esto lo que advierten a los conductores, el peligro de que les caiga
alguna piedra?
En otra zona de playa ancha y muy despejada, donde la
arena firme está todavía algo húmeda, el viento sigue soplando y
arrastra partículas volátiles de arena fina de las dunas. Una chica
que va por delante y avanza con perro, se da la vuelta y decide
regresar.
Encuentro un atadijo de cinta rígida plástica que
probablemente haya llegado aquí procedente de algún barco y ha sido
empujado por las olas y el viento. Aquí se va a quedar. Yo no me lo
pienso cargar a cuestas. Quizás si estuviera más cerca de zona de
playa urbana con contenedores…
Skagen
Klitplantage.
Ya ha quedado atrás
Kondestederne y me doy cuenta que estoy en el camino oficial, el
peatonal del Norte que, en este último tramo, ha ido todo el rato
por la playa. Era el camino que yo traía.
Debo estar muy atento,
pues en un momento determinado voy a tener que atravesar la duna y
entrar en la zona denominada Skagen Klitplantage. Paso a otra pareja.
Van sin camiseta. Por fin he encontrado el indicador que me invita a
salir de la playa metiéndome por las dunas. Son unas dunas de arena
finísima. Saco una foto de la zona alta, con mis pisadas. Ésta va a
ser mi última visión del mar del Norte.
Desde la cima también,
pero hacia el otro lado, veo el poderoso bosque de coníferas del
Skagen Klitplantage, y de los caminos que lo surcan. Una bonita
visión aérea que me permite elegir el camino que me conviene para
llegar a Hojen, la antigua Skagen que, de alguna manera, comunicadas
entre sí, enlazan el Mar del Norte con el Báltico. Aquí, un
conjunto de circunstancias, va a ocurrir que acabaré durmiendo casi
con el báltico a la vista, cuando mi intención era la de llegar a
pasar la noche en Grenen, el lugar en que, según mi mapa, confluyen
ambos mares.
Como veréis, no podrá ser así. El descenso de la duna
al camino es cortito, lo hago rápido, pero sin el encanto de la
bajada de la duna de Pilá, en el Sudoeste de Francia. Cuando llego
abajo, me calzo las sandalias y continúo mi camino a Hojen. Me lleva
a carretera de cemento y, por ella, es como llego a la antigua
Skagen. Atravieso un bosque y llego a Hojen, donde saco la última
fotografía de la jornada de hoy.
Hojen.
Pregunto por hotel y
me mandan al más caro de mi historia de caminante. El recepcionista
me dice que está completo, pero me remite a una compañera que habla
castellano. Me recomienda que vaya al otro Skagen, donde ya sé que
hay un Danhostel, pues la habitación de su hotel cuesta 2000dk y, en
el otro, 1000dk. Agradezco la información y ¡que se olviden! El
restaurante también es muy caro. Pregunto, entonces, por un
supermercado y me orienta también hacia Skagen. Todo sea para
alejarme de Grenen. Me dice que el supermercado lo cierran a las
diez. Se está haciendo ya muy tarde, pero tengo margen. Una mujer me
dice que Skagen está a unos veinte minutos y que no tengo más que
seguir aquella amplia avenida. Tras mucho preguntar, llego a Skagen.
Skagen. Rema
1000.
En un lugar en que
confluyen las carreteras, y preguntando, llego al hipermercado
Rema-1000. Compro embutido, 4 bananas y 2 melocotones verdes. La
cajera me cobra 26,36dk con Visa y me orienta para que pueda llegar
al Danhostel. Al salir, una clienta me enfila en la dirección
adecuada. Veo el anagrama del albergue de bastante lejos.
Danhostel Skagen.
Cuando llego no hay
nadie en recepción. Está cerrada a cal y canto. Ninguna posibilidad
de preguntar a ningún responsable. Leo un papel que dice que el
albergue está completo. A estas horas del día, no me conviene
hurgar, ni tampoco buscar un hotel. En el hall de entrada hay jóvenes
y menos jóvenes, que me han permitido entrar con su clave. Una mujer
me sugiere el sofá, y no me parece una mala idea. Como allí la luz
va estar toda la noche encendida y además suena fuerte el tic-tac
del reloj, pienso que me convendrá más dormir en el retrete, que
está allí mismo y es para minusválidos. Probablemente no haya
ninguno hospedado. Ceno lo comprado en el Rema y dejo algo para
mañana. Hago las cuentas, pues se me ha acabado la hoja de mi
contabilidad y es buen momento para hacer balance. Lo gastado hasta
ahora en coronas danesas son 879dk en efectivo y 3,872,45dk con Visa.
En total gastado 4.751,45dk. como todavía hay gente pululando por
recepción, que parece el lugar de confluencia natural, escribo
postales a Gironella, los Albisu y a Jokin a Hendaia. Son las 23:30 y
estoy muerto. Tres chavales han venido dos veces al sofá. Enredan en
sus aparatitos. Cada cual en el suyo. La segunda vez me parece que
hablan francés, pero no es más que un espejismo, hablan danés. A
última hora se sienta una pareja madura en el arcón, donde antes he
escondido mi mochila. También usan su móvil, escuchan una canción
y se van. Salgo del sofá donde, con mejor luz, he cuadrado al
céntimo las cuentas, corrigiendo cinco céntimos. He localizado los
cuatro billetes de cien que tenía diseminados. En recepción ya no
hay nadie. Entro con la mochila en el WC de minusválidos, hago la
cama y, enseguida, me duermo.
Balance de la
última jornada en el Mar del Norte.
Posiblemente podría
calificar esta etapa como la más fea de mi viaje. No la peor, pues
las tres del viento fueron infernales. Lo mejor ha sido la comida.
Este colofón con cama en retrete, también tiene su gracia. Ya no
contaré más etapas en este blog. Mañana me acercaré a Grenen,
pero sólo veré a distancia la confluencia de los dos mares. A
partir de Copenhague, en muchos albergues no me cogen la Visa, lo que
me va a obligar a escapar de Dinamarca y coger ferry a Rostock
(Alemania). Llegaré así hasta Swinoguscie, la primera ciudad
costera de Polonia. De allí iré en tren a Berlín. Una oportunidad
de conocer la atractiva capital alemana.

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