Etapa 39 (480) Blokhus-Tornby


Etapa 39 (480), 14 de julio de 2015, martes (Tirsdag).
Blokhus-Lokken-Sonder Lyngby-Rubjerg Knude Fyr-Lonstrup-Skallerup Klit-Norlev Strand-Tornby Klitplantage (shelter).
Hoy voy a caminar mucho por las playas. Me levanto para las seis y para las seis y cuarto ya he recogido la esterilla y el saco de dormir. 

 










Con las dos mochilas listas para la marcha, saco una foto del rincón con leña para el fuego de la casa donde he dormido. Toda la leñera-garaje para mí.
Mi mayor preocupación cuando me acosté anoche fue la de buscar el rincón menos expuesto a que me pillara el coche de los dueños de la casa. Por eso me arrimé al lugar de las maderas apiladas en el suelo. Se ve que la casa pertenece a gente previsora y el próximo invierno allí nadie pasará frío, a juzgar por la cantidad de leña almacenada. Además de la leña apilada en las paredes laterales, también tienen listones bien cortados que les servirán para la construcción, mejora o reparación del edificio. Es la conclusión que saco al verlas, aunque también es posible que sea material de desecho o de recuperación que también acaben quemando. Una vez puesto en marcha, salgo del chamizo y fotografío la casa que, sin permiso, me ha acogido por esta noche. 
Al salir temprano del lugar, evito que nadie me diga nada. Cuando me voy no veo movimiento por el interior ni el exterior de la casa. De haber visto a alguien, habría sido agradecido, aunque me hubiese arriesgado a alguna reconvención por haber allanado su morada sin permiso. En la foto se ve la casa y, en el lateral, el garaje que también es el lugar donde apilan la leña para el invierno.

Sageren. Desayuno.
Enseguida entro en una panadería, Sageren, sin mesas ni nada para sentarme. Sólo hay una silla junto a una peana en la que un hombre sentado lee el periódico. Parece que es alguien de la casa. Desayuno de pie en el alto mostrador. Un rico hojaldre de almendra y otro menos rico. El capuchino es de máquina y pago por todo 44dk en efectivo. No hay ningún cliente más. Ciertamente, todavía es temprano. Escribo de pie sobre una peana hasta las siete y media, hora en que voy a buscar el retrete. Ya está entrando mucha gente a comprar panes y bollería, pero nadie hace uso de la cafetera para desayunar allí. Doblo el mapa general de Dinamarca, donde voy anotando las etapas y lo sitúo ya en el final del Norte, entre Blokhus y Skagen, mi último tramo del Mar del Norte y su confluencia con el Báltico. Un tramo que culminaré en dos etapas. Pero en la panadería no hay retrete y tengo que salir hacia el mismo mingitorio en el que oriné ayer al llegar. Como lo están limpiando, cago en el adaptado para minusválidos. Lo habían aseado antes.

De Blokhus hacia la playa.
En la hermosa plaza han construido un auditorio al aire libre que me parece muy apropiado para espectáculos teatrales, musicales y bailables que, como está tan bien diseñado y a cubierto, debe dar mucho juego para entretener a los veraneantes. Me gusta, aunque desconozco la cadencia de uso que le dan. Por lo menos esta noche no he sufrido en mis sueños por música a todo volumen. En España la juerga suele ser más sagrada y se cuida con poco respeto el sueño de los demás. 
 
Una vez desayunado, me dirijo hacia la playa, que va a ser el camino que más voy a utilizar hoy. Hasta me daré un baño. Pero mejor no adelantar acontecimientos. Saliendo del núcleo de la población, llego a un riachuelo canalizado que luego desemboca en la arena, a media playa, como uno más de los que ya estoy acostumbrado a cruzar cuando camino por la orilla. 

 
Hoy empiezo a caminar a media altura de la playa. Una torre vigía, para los socorristas, en rojo y blanco del Atleti, está situada sobre arena seca, pero dejando mucho espacio para la autopista en la que se ven muchas rodadas de vehículos. Ya hay coches circulando y la arena está muy removida en los lugares donde se hacen las maniobras de cambio de dirección y de sentido. Hay un recinto vallado donde ha entrado una camioneta, que lo ha hecho por la orilla y que no sé qué función está realizando. 
La autopista está separada de la duna por pivotes. Parece que es una forma de preservarla. Sin embargo, más adelante, veré un coche aparcado en ese espacio reservado. Es probable que este vedado sólo a la circulación. Un cartel señala la distancia a Lokken, el siguiente pueblo importante, y este es el camino playero que inicio hoy. 
Por el estado de la arena, parece que alguien se ha dedicado a hacer trompos con su coche. 
 
Encuentro el segundo regato de la jornada y a dos mujeres que se están bañando con bañador. El mar llega con algunas olas, no es un mar tan tranquilo como podré comprobar cuando llegue al Báltico, pero se puede bañar uno sin peligro de resaca. Con todo, las mujeres se muestran precavidas y no se adentran en él. Es mejor no jugarse el tipo. 

Tras las dunas sigo viendo las últimas casas que todavía pertenecen a Blokhus.
Llega a la orilla una pareja. Ella se queda en bikini y se baña, mientras que el hombre espera guardando la ropa.

De Blokhus a Lokken.
El viento sopla a mis espaldas. Viene de entre el sur y poniente. El día se me ofrece azul con algunas nubecillas blancas. 
Por la autopista, además de los coches, de vez en cuando se ve a algún ciclista. También, a tramos, veo algún poste de socorro, para prestar algún auxilio a cualquier nadador intrépido, o precavido, que le haya dado un mareo o un corte de digestión, y que lo necesite. No están de más en playas tan largas y alejadas de población y socorristas. 

 

Llego a otro riachuelo que viene de las dunas a desembocar en el mar. En esta ocasión el caudal es mínimo, pero el cauce muy ancho, por lo que son los propios neumáticos los que allanan el camino del viajero. Los coches los pasan con la misma tranquilidad que los peces nadan en el agua. 

Algunos ciclistas sacan a sus perros a pasear. El amo toma la delantera y los chuchos le siguen. Tienen ventaja los canes de gran envergadura, pero a los paticortos les toca sudar. Menos mal que sus dueños son comprensivos y saben entender las diferencias. 

Aunque el cielo sigue azul, el viento es frío y no me apetece el baño. Veo llegar de la duna a un padre con sus dos hijos. Probablemente vengan de alguno de los muchos campings que se ofrecen en mi mapa. Los pueblos de interior están algo alejados, la carretera no confluye con la costa hasta Lokken. 

Él se desnuda y entra en el mar, y sus hijos adolescentes le siguen en bañador. Primero el que llevaba el bañador puesto. El otro se lo pone y entra al agua el último. A pesar de que me han dado envidia, no me baño. 

Ni me entero de cuándo paso por Gronhoj, Hvorup Klit, e Ingstrup, aunque a ratos veo un tejado de alguna casa poco alejada de la duna. El mapa de costa Oplevelser i Jammerbugten ya lo puedo guardar, creo que ya lo he superado antes de llegar a Lokken. Se lo enseño a un hombre y me dice que aún no he llegado al tope del mapa, que lo encontraré un poco más arriba. Los playeros de ayer hicieron una montaña de arena a modo de castillo con un foso que lo rodea. Se ve que la marea subió lo suficiente como para llenar de agua el foso y así convertir en inexpugnable la fortaleza. 
 
Se puede apreciar que la marea no subió mucho más, ya que el foso fue suficiente freno como para que las olas no destruyeran la montaña. En una zona en que veo dos coches aparcados, detrás de la duna alguna construcción, y dos personas que no sé lo qué hacen agachadas en la arena, con una cruz blanca sobre fondo rojo, veo otra salida de agua dulce al mar. En esta ocasión han construido un puente de madera para que los coches puedan cruzarlo. 
 
No es la primera vez que lo veo, hace unos días vi otro puente parecido, pero no es la fórmula más habitual que emplean los daneses en esta zona Norte en donde la carretera casi oficial, va por la arena. Desde la arena, fotografío mejor el puente con el caudal de agua que baja de la duna. Una vez que el agua pasa el puente, en lugar de llegar recto a endulzar el salado mar, se escora a la derecha, hacia el Norte, probablemente no por propia voluntad, puesto que los ríos no suelen andar con miramientos cuando les ponen reparos, sino que las olas marinas le obligan a ello. Preparo el nuevo mapa del Nordsostien, el tramo Lokken-Tornby. En él también aparecen señalados los shelterplads y los primitiv lejrplads, es decir, refugios y campamentos. 
 
En Lokken indican que hay una oficina de información. El último tramo de playa lo hago descalzo.

Lokken.
Cuando llego a un tramo de playa que ya pertenece a Lokken, en el que están alineadas infinidad de casetas con amplio espacio de expansión alrededor, encuentro una auto-caravana que se ha atascado en la arena. 
 
Se ve que el conductor ha insistido para salir y las ruedas se han hundido más, formando un gran surco del que ya no pueden salir. Han pedido auxilio y ha llegado una pala excavadora en su ayuda, pero no parece que ésta sea la solución al problema. Me voy acercando con la certeza de que no seré yo quien lo resuelva. Una mujer y un niño, miran al encargado de sacarles del atolladero. No sé qué pinta un Bo-ing en la trasera de lo que es caravana. Cuando llego, ya están interviniendo junto a la rueda, con pala manual, quitando la arena amontonada. 
Quien lo hace es el empleado, ¿del seguro?, mientras que el conductor de la auto-caravana le sirve de mucha ayuda con las manos en los bolsillos. Parece que quiere que el tema se alargue para tener así más días de vacación. Me voy acercando a Lokken y al puesto de socorro, de nuevo blanco y rojo. También cerca de él hay otra auto-caravana, pero está bien asentada sobre la superficie dura de la carretera arenosa. He seguido paralelo a las casetas y todavía éstas siguen más adelante. 
 
Pasando la duna, me calzo y voy acercándome a un núcleo de población con casas muy bajas, casi todas de una sola planta. Veo unas que están en la primera fase de su construcción. Ya está allanado y cimentado el solar y ahora ponen los primeros entramados de madera. No creo que terminen de construirlo antes de que finalice este verano. Enseguida llego a la carretera principal de entrada al pueblo. 

Lo primero que hago es buscar la oficina de Turismo, para obtener información, y la biblioteca, para entrar en Internet. Pero hoy la biblioteca está cerrada y tengo que pagar 20dk para abrir mi correo. Leo de mi nieto Lander, Sara y Sagrario en un ordenador de pantalla digital. Es incómodo para mí, que estoy acostumbrado al ratón. 
 
Como este pueblo no da más de sí y todavía es pronto para comer, intento salir hacia la duna por una calle en que me parece que puede ser factible el paso a la playa. 
 





En lo alto de la duna hay un gran depósito tubular blanco, cuyo contenido no puedo, ni me importa, adivinar. Por debajo de él asciende un camino que creo me va a permitir pasar la duna y llegar al otro lado de la playa. Un animal de artificio, que no sé para qué puede servir, está en un poste que delimita la casa y el camino. 
 
A este lado de la duna y de espaldas al mar, la gente en bañador toma el sol o lee. Cuando llego arriba, ya estoy en la playa y también el puerto, que consiste en un dique lanzado al mar. Varios barcos atracados en dique seco. No parece que sean barcos pesqueros. ¿O sí? En esta zona, probablemente por efecto del dique, las olas llegan más amansadas que lo que está siendo habitual en toda la mañana. La duna es de arenita fina y dejándome deslizar por ella, desciendo a la playa por la parte trasera de las casetas que, en esta zona, ya van en dos filas. Ahora sí que me apetece tomar un baño, pero prefiero esperar a salir de esta zona de población. Un grupo de surfistas con sus trajes de neopreno y las tablas sobre una furgoneta, no sé si han terminado su actividad deportiva o están preparándose para iniciarla. 
Los bunkers de Lokken.
Ya estoy saliendo de Lokken, aunque todavía sigo viendo hermosas mansiones sobre el acantilado arenoso. En realidad son dunas consolidadas. Pronto empiezo a ver bunkers, alguno a punto de caer por el terraplén y otros bien asentados en la arena de la playa. Entre estos últimos, todavía se ven algunas casetas playeras. Hay restos de casamatas de cemento que no llegarían a poder ser considerados ni tan siquiera parte de edificios pertrechados para defensa de un ataque en tiempo de guerra. ¡Qué forma tan rebuscada de decirlo! Vamos, que son una mierda de bunkers. 

Antes de llegar a las últimas mansiones de Lokken, sobre el acantilado, me encuentro con otro puente de madera, necesario para que los vehículos puedan soslayar otro de los ríos, que cualquiera sabe de dónde viene. Como todavía voy calzado, a mí también me viene bien este puente para cruzar al otro lado del regato.

2ª zona de bunkers de Lokken. Baño.
Quizás no sean ya de Lokken y pertenezcan a Furreby, o a Sonder Lyngby. Ayer en Blokhus no vi ninguno y eso que la palabra danesa Blokhus, me recuerda a la francesa blockhaus, que tiene el mismo significado, como la española casamata, aunque la esté empleando menos que bunker, que me parece más internacional. Me acerco a los nuevos bunkers, donde ya hay poca gente y nadie está desnudo. Pero creo que es un buen sitio para desnudarme, darme un baño, y tomar el sol sin que a nadie le moleste. Busco el más idóneo y, después de avanzar hasta el último, regreso a uno que creo que me quita mejor el aire marino y podré secarme al sol más a mi gusto. El baño me lo doy sin que el mar llegue a cubrirme. El agua está menos fría que el viento que frota mi cuerpo mojado y con un chapuzón me doy por satisfecho. Apoyado en las mochilas formo algo similar al respaldo de un butacón orientado hacia el sol. El viento se infiltra pero, una vez seco, casi hasta lo agradezco. 
 
Tomaré el sol durante unos veinte minutos, me visto y sigo hacia Sonder Lyngby. Este conjunto de bunkers están llenos de grafiti pero, con el paso del tiempo desde que se pintaron, casi han perdido toda su belleza. Me parece una forma acertada de camuflar su función guerrera. Fue una pena que los hipis se enrollaran con las drogas. Hubieran sido un movimiento liberador. El estar desnudo me lleva a estos pensamientos, quizás demasiado simplistas. 
 
El bunker más cercano a donde me he instalado, tiene una rampa exterior de acceso. Subo sobre él. No es gran cosa lo que gano en vistas. Me visto y sigo la playa hacia el Norte.

Hacia Sonder Lyngby.
Voy descalzo por la orilla del mar. Pronto me encuentro con un kite-surfista y su cometa voladora. Le veo cuando justamente acaba de entrar al mar por la orilla de pequeñas olas. 
 
Siguiendo la línea de dunas, una constante en la jornada de hoy, veo al fondo la gran duna y el faro, a donde esta tarde subiré. Más bunkers sobre un acantilado-duna, arenoso, que se desmorona y los va arrastrando a la playa. Cuando llego a una escalera de camping, creo que aún no he salido del entorno de Lokken. 

El mar se come hasta la duna y han tenido que poner un refuerzo de grandes moles de piedra. Veo gente sobre el bunker que todavía se mantiene en lo alto y varios coches en la playa, en el último tramo de autopista de arena. Llego hasta el final de la playa. Para que los coches puedan continuar, han tenido que ingeniárselas con pedruscos y cemento, para empalmar la carretera arenosa con la cima del acantilado. Un coche está bajando cuando llego. 
 
También a mí me viene bien para ascender por ella. Me calzo y subo al acantilado. Ya estoy en Sonder Lyngby. Esta carretera ha partido la playa en dos, así que un ramal es el que cojo yo para subir y el otro se conecta con el otro lado de la playa que sigue más hacia el Norte. Me da la impresión de que en la siguiente playa me va a coger la marea alta y quizás no pueda subir luego por el acantilado, así que accedo a lo alto por aquí y me curo en salud.
Sonder Lynbyg. Café&Fish.
Es en este pueblo donde veo el primer sitio para comer de toda la mañana. Quizás sea porque en Lokken no era hora apropiada y apenas lo he buscado. Lo que ofrecen podría ajustarse a mis necesidades pero lo malo es que no hay sitio para sentarse en su interior. Decido continuar a Norre donde espero comer pero, cuando llego al siguiente lugar en que dan comidas y ofrecen pescado, el jefe del Café&Fish me ayuda a elegir. Me ofrece una pieza grande, de carne durita aunque algo sosa, rebozada en tempura y crujiente. Le pido que no me ponga muchas patatas fritas y sólo como menos de diez. Los guisantes que acompañan al pescado, me los como con la mahonesa. Al no marchar bien ayer la Visa, tenía miedo que no funcionara aquí, pero ha ido bien y a la primera. He pagado 163,61dk, con el recargo por cagar con carta de crédito. Está incluida una cerveza, que es la especialidad de la casa, su gran variedad de cervezas que ofrece, como se ve en la foto, y salgo satisfecho después de haber comido bien y a gusto. 
Exprimo unas gotas de limón en mi garrafa y voy a llenarla de agua al retrete. De paso cago y voy por tierra hacia Norre. Qué bien se camina ligero de equipaje. Arranco por carretera paralela a la costa. Pero va a ser sólo un espejismo. Encuentro un campanario aislado, con campana pero sin iglesia a la que puedan acudir los feligreses a su toque. 
 
¿Será una campana atea, sólo para llamar a rebato, en caso de incendio, o de algún desastre en la mar? Enseguida veo unas cuerdas gruesas que indican cómo la carretera acaba aquí su rodadura imposible. Se ve que, en otro tiempo, la carretera asfaltada continuaba a borde del acantilado pero, en el proceso de deterioro de la duna, probablemente por las inclemencias del tiempo y, en especial, del viento, esta carretera se hundió, al fallar el firme que la sostenía y dejó de existir. ¿Será por esa razón que habilitaron la carretera por la arena dura de las playas anteriores? No tengo respuestas ni para afirmarlo ni para negarlo. 

 
Norre Rubjerg.
Por esta razón, sigo a Norre pero ya no será Norre Lyngby, sino Norre Rubjerg. Quizas haya caminado por las dos y no me he enterado, por caminos que no me han dejado ver el pueblo. El camino me ofrece otros alicientes, como este matorral de mosqueta con dos variedades de rosa, unas blancas y otras rosas. Sus frutos, especie de tomatitos rojos, todavía están pendientes de salir. Ni siquiera veo alguno verde. 

El Nordsostien, camino peatonal, está bien señalado y cuando llego a una de estas balizas, en un tramo que no es más que un estrecho sendero, saco una foto para que quede constancia de lo que digo. En unos lugares los caminos se cruzan y unas veces leo Camino del Norte y, en otras, Haervejen, que nadie me sabe decir qué significa. Probablemente, tampoco iba a entender su explicación. Más tarde lo sabré. Nada más situarme en el camino, lo pierdo. 

Tendré que buscar el cuadrado azul con la N blanca en medio. Ya sé que, cuando tenga dudas, tendré que otearlo en la lejanía. Aunque el camino es bonito, yo deseo llegar a Norre y volver a la playa. Aunque la gran duna se ofrece al Norte, hacia el mar, el sendero me va marcando otra dirección y el matorral no me permite coger atajos a campo través. 
 
Ando por otro tramo de carretera, pero vuelvo a encontrar el sendero. Pero éste, que parecía que estaba bien señalado, al entrar en zona de hierba se presenta poco nítido, y voy a tanteo. Al menos, estoy viendo las dos moles de arena de las dunas, que es el objetivo de este tramo de viaje, aunque no acabe de ascender a ellas, ni subir al faro. 
 
El camino pasa cerca de un rebaño de ovejas y, a pesar de lo harto que acabé de ellas a mi paso por los diques holandeses y alemanes, no me puedo resistir a fotografiarlas en su encierro entre alambrada de espino. En Holanda y Alemania me aburrieron al ver tantas y asquearon de pisar tantas cagarrutas. 


Paso por un bosque. El camino que va por entre el pinar es ancho, magnífico para andar, pero los pinos no ofrecen más verde que algunas pocas hojas de otras especies forestales. Y llego a otro lugar en el que se me ofrece la gran masa redondeada, como un globo perfecto, de duna arenosa sin nada de vegetación. 


Un padre joven con dos hijos pequeños, me dice que el camino que voy siguiendo me llevará hasta el faro, que ahora no estoy viendo, aunque lo he visto desde la playa, pero de demasiado lejos. Con esta seguridad, me voy acercando. Sé que por esta zona hay un campamento, probablemente con refugio, pero ni me molesto en tratar de localizarlo.

Rubjerg Knude fyr.
Dos alemanes, con otro mapa, no me aclaran nada, pero ya estoy viendo el faro con gente, y me niego a subir. La razón es que camino mal, por arena tan fina y el peso de la mochila y, aunque eso ya me ocurrió en la duna de Pilá en 2012, habría podido intentarlo aquí, tres años después pero, la principal razón es que, el viento me echa la arena a los ojos y me la mete en la boca. Todo el regreso lo voy a hacer mascando arena. 
 

Sigo el camino que, después de haber visto tan cercana la duna, se va escorando hacia la derecha. Todavía el sendero me llevará un rato entre el matorral amable. Ya estoy viendo por encima de la duna la linterna del alto faro. 



Un poco más adelante ya veo parte de la base y, una chavalería que asciende a la parte más alta de la duna, a ese lugar al que tengo bien claro que no voy a subir. Algunos ya han alcanzado la cima y otros regresan hacia el mismo camino por el que voy yo. 
 

En cuanto tenga ocasión, voy con idea de abandonarlo e iniciar el descenso hacia el acantilado. Ya he salido de la duna. Estoy libre de que me pueda entrar arena a los ojos. El sendero se dirige hacia el acantilado. Veo el horizonte marino acercándose lentamente.


Sendero de acantilado a Lonstrup.
Aunque este acantilado me gusta mucho y ofrece unos recortes inestables espectaculares, no tiene ni punto de comparación con los normandos. Me asomo sin correr mucho peligro porque, aunque me cayera por cualquiera de sus fallas, creo que llegaría arrastrando mis mochilas hasta el fondo de sus playas de arena. 
 
Por si acaso no lo voy a intentar. Voy sacando fotografías que muestran la inestabilidad del terreno, que puede desmoronarse en cualquier momento. Me recuerda mi vulnerabilidad en este viaje, pero ni yo voy a hacer nada en contra del paisaje, ni creo que nadie vaya a obrar en contra de mi persona. 

Mi experiencia es precisamente otra muy distinta. 

 






La gente me ayuda cuando lo necesito y, cuando no hay ocasión, soy lo suficientemente fuerte como para salir airoso de las asechanzas, climáticas en particular, y geográficas. Cuando en ocasiones me he perdido o andado por lugares peligrosos. 

Como este acantilado también me gusta, voy sacando varias fotos del mismo hacia la playa y hacia Lonstrup. Hay grietas que no presagian nada bueno. 

 






Pero en una vuelvo la cámara hacia el lugar de donde vengo, y fotografío el faro y la duna que acabo de dejar atrás, aunque sea una senda que nunca voy a volver a pisar, como cuenta Antonio Machado. 
 
Por este sendero no se podría caminar por Francia. Enseguida habrían puesto el letrero de Interdit. Allí no se contentan con poner el de Dangereus. Se curan en salud, por lo que pueda pasar. Si ocurre un accidente, el responsable será siempre el accidentado, por no obedecer la prohibición. Con el letrero de Peligro, también es responsable el caminante imprudente, precisamente, por serlo. 


Desde lejos estoy viendo el siguiente pueblo, el de Lonstrup. El día va avanzando. La falla sigue siendo espectacular. Creo que también habrían prohibido, o quitado, esta escalera los franceses. La verdad es que es una escalera muy peligrosa pero, ni a mí, se me ocurriría bajar, ni subir, por ella. Salvo que no me quedara más remedio y creo que bajaría por ella sin correr ningún riesgo en caso de necesidad. 

A pesar de que la marea ha llegado hasta el pie de la duna, como hace rato pude sospechar, hay gente que pasea por la playa. Descalzo se ve que no hay problema alguno para pasear. Por fin el sendero descendente me ofrece una panorámica del bonito pueblo de Lonstrup.


Lonstrup.
Estoy bajando hacia la playa. Dos personas van por delante, parecen las guías que me van abriendo el sendero para que yo les siga. A media altura, veo cómo han puesto dos diques de piedras en sentido paralelo a la costa, de tal forma que frenan el embate de las olas y consiguen así que la playa sea más amable, más tranquila para el baño. 

Algunos se bañan sin que apenas les cubra el agua pues, si quieren nadar, deberían entrar más adentro y, entonces, de nada sirve el parapeto. Sigo adelante. El camino me lleva hacia el pueblo a la zona más próxima a la playa, pero antes de seguir por la costa quiero ver algo del pueblo. 
 
Así que subo y compro un helado de limón y banana con trocitos de chocolate. Pago 25dk y me lo como sentado y, a continuación, escribo hasta las cinco y cuarto. Hoy, por vez primera en mis días de viaje, abrocho el pectoral de mi mochila. Después del helado, retorno a la costa. No llego a bajar hasta la playa, ya que un camino sale hacia el Norte. 

Gracias a los muros de defensa que se prolongan también hacia el Norte, favorecen también la salida al mar de los barcos pesqueros. Solo veo cuatro y es probable que otros estén faenando en alta mar. Lo más curioso es que aquí hay otro bunker semienterrado. Quizás les sirva para amarrar las embarcaciones. 

Como la playa, en marea alta se cubre, en realidad el camino que va hacia el Norte es como una prolongación en altura de la misma playa, ideal para tomar el sol pero no para bañarse. En esta playa, una familia ya está recogiendo sus bártulos para marcharse. 

Otros veraneantes siguen el camino que está a continuación y donde han tenido que echar muchas piedras para que el mar no se lo lleve. Lo he visto ya de lejos y mejor cuando paso por el muro protector, que también defiende la duna. Veo a un grupo de jóvenes que va por delante. En un momento determinado, observo cómo abandonan el camino y suben una escalera. 

Para saber dónde van, yo también subo a ella cuando llego, me asomo y, desde la duna, veo que Lonstrup continúa, no me interesa seguir por allí, y vuelvo a bajar. El camino acabará siendo de piedra suelta, arena y tierra, y camino por él bastante mal. 



Volveré a subir por la siguiente escalera donde compruebo que el piso mejora. Por la playa llego a una casa apuntalada. Es casi seguro que se la acabará llevando el mar. Está demasiado cerca de la orilla. Toda la base ha quedado al descubierto. 

Cuando el sendero se empieza a alejar del acantilado, sigo a una chica que corre entrenando. Es así como llego a un tinglado de vacaciones con piscina y restaurante.

Skallerup Seaside Resort.
Pido macarrones a la boloñesa, pero la salsa que los acompaña está fortísima y, además, yo me encuentro inapetente. Estoy en Skallerup Klit y, como aún me queda día para caminar, voy a tratar de llegar al shelter de Tornby Klitplantage. Casi me cuesta más la cerveza que los macarrones y pago 127,73dk con la Visa. Escribo hasta que acabo de beber la cerveza. El jefe de cocina contradice a las camareras y me asegura que estoy más al Sur de lo que ellas me estaban diciendo. Por lo que me cuesta llegar a Norlev Strand, creo que el jefe no tenía mucha razón. Alguien me confirma que estoy en Norlev. Se me ha hecho corto, pero llegar hasta la P del primer Parking, se me va a hacer eterno. Allí, aparcados en su auto-caravana, está cenando un matrimonio. Ella habla castellano. La posición de salida de los caminos me confirma el lugar en que me encuentro. Decido continuar por el que indica camino para caballos, que es ancho y de piedrecillas. Por él llego al que creo es el carril bici.
Camino Harvejen.
Cuando veo en mi mapa un camino que, de tramo en tramo, indica una H, no sabía que quería decir esta mayúscula. Ahora me doy cuenta de que se refiere a la H de Harvejen vandrerute, una H que yo creía indicativa de Hotel. Es un camino que se me está haciendo muy familiar. Pronto se va a convertir otra vez en sendero. En una zona con mucho matorral y la consabida rosa mosqueta, veo algunas casas hacia el interior. ¿Puede ser el refugio? Pero ni intento atravesar el espacio y confío en que el sendero me lleve.

Tornby Klitplantage.
Sin llegar aún al espacio protegido, veo recluidos en un recinto, a un toro negro, acompañado de media docena de terneras de un color tostado claro. Quizás alguna sea un ternero. Tanto él como ellas me miran. Ni yo les voy a dar de comer, ni ellas me van a dar leche. Y el toro menos que las mugidoras. 

Llego a carretera. Llega un coche al cruce y lo paro. Los ocupantes se asombran de mi viaje y me confirman que, por esa carretera se llega a Kobsted. Eso me sirve para saber que voy bien por donde voy. Muy pronto paso por el río Liber A y, poco después, por el Varbro A. Un amplio campo de trigo repleto de espigas verdes, con días por delante para madurar y dorar sus granos al sol, me muestra el surco que ha hecho el tractor, como si fuera una herida que tardará en cicatrizar. Lo ha horadado el sistema de riego. Probablemente ese surco no desaparezca hasta que la siega lo suture. 
 
Llego a un hermoso bosque por carretera. Los pocos coches que circulan, ya lo hacen con los focos encendidos. Me viene a recordar este camino al bosque que pasé antes de llegar a Nors So. Es también un bosque de coníferas. Más adelante continúa el bosque a ambos lados de un camino ancho, pero que ya no es carretera asfaltada. 
 
Paro a un ciclista con el que hablo en franco-english. Se asombra con mi viaje y me asegura que el refugio está bastante bien. Cuando estoy llegando a Tornby, el camino hace el giro brusco que aparece en mi mapa, donde encuentro otra P de Parking, con cuatro coches aparcados. Poco antes de llegar al refugio, el camino pasa junto a una regata, por la que discurre el agua cristalina.

Shelter de Tornby.
Se me ha hecho largo, pero llego. Una pareja cena en la mesa frontal al refugio, pero van a dormir en la tienda de campaña que veo montada cerca. Pero hay también otro matrimonio de más edad instalado pero que no está en este momento en el campamento. Entro en el refugio y ocupo un lugar, antes de que venga alguien más y me quite el sitio. Los otros están ocupando 4/6 del espacio, con sus colchonetas hinchables y el equipaje. Durante la noche, cuando se levanten, las colchonetas producen mucho ruido. He ocupado el rincón de la derecha y aún dejo un hueco para alguien que pueda aparecer todavía. Tendría que ser alguien poco exigente y que sea delgadito. Pero no vendrá nadie más. Cuando salgo del refugio, la pareja joven me ofrece café. Viven en Aarhus. Les agradezco y digo que no lo puedo tomar porque me desvelaría el sueño. También rechazo el chupito que me ofrecen para que no se produzcan más ronquidos nocturnos que los imprescindibles. El alcohol siempre supone un plus en el roncar. Se asombran con mi viaje, pero no quiero enrollarme mucho a la fresca, pues fuera hace frío para estar con mi jersey ligero y no tengo ropa de más abrigo. Cuando llegan mis compañeros de cabaña, tampoco me enrollo. Intercambiamos los nombres, pero no los retengo y, cuando me voy a la cama, el mayor me ofrece otro chupito. Su mujer me dice que él también ronca. Es algo que se va a confirmar por la noche. Pero estoy tan tranquilo y en lugar tan seguro, que no me molesta y consigo dormir bien. Tres veces me levanto a orinar. Tengo mucho cuidado de no darme en la cabeza con las tres vigas que soportan el tejado del refugio. Son tablones de aglomerado. Debo hacer muchos equilibrios y malabarismos para salir del shelter. Más problemática es la salida segunda, pues el matrimonio ha puesto una gomaespuma vertical en la boca de entrada pues, durante la noche, el viento ha rolado y entra por allí. Sin quitarnos de todo el viento, el parapeto lo amaina. Para salir la tercera lo tengo más difícil, pues la gomaespuma la sujetan dos botellas y, al volver, las tengo que poner de nuevo. Todo sea por no mearme en el saco de dormir. Las tres veces orino en la parte trasera del refugio. También lo haré allí antes de partir por la mañana. La esterilla y el saco los recojo dentro pero, para hacer las mochilas, el espacio es incómodo y lo hago fuera. Son entre 6:30 y 6:45 y, al irme, saludo con la mano y sin voz al hombre, para no despertar a su esposa, y él me devuelve el saludo mudo. Pero ya estoy contando cosas de la próxima jornada

Balance de día entre leñera y refugio.
Lo mejor de la jornada ha sido el baño en los bunkers de Lokken y el rato en que he podido tomar el sol. Si hubiese llegado antes al refugio de Tornby, quizás podría haber congeniado más con las dos parejas del campamento. En cuanto a tiempo caminando ha estado bien. He avanzado mucho. He comido mejor que lo que he cenado.

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