Etapa 36 (477) Lodbjerg Fyr-Nors So (Shelter)


Etapa 36 (477), 11 de julio de 2017, sábado (Lordag).
Lodbjerg Fyr-Norre Vorupor-Klitmoller-Nors so (Shelter).

Amanecer en el Fyr.
Me he levantado temprano y ya mis vecinos surfistas también están despiertos. Hay que tener en cuenta que ellos funcionan con los horarios de las mareas y saben cual es el momento más adecuado para disfrutar de las mejores olas. 
Me pongo en marcha sin la capa, ya que ha salido un día soleado. Pero la dejo a mano por si tengo necesidad de recurrir a ella. Aunque no sea para protegerme de la lluvia. sí me puede servir para evitar el viento frío.
 

Antes de dejar el lugar, saco foto de la tienda donde he dormido, la que me dejaron los daneses. Supongo que los cinco de la familia habrán dormido solos en el shelter, que aprovecho ahora para fotografiar ya que no lo hice cuando llegué ayer al atardecer. Los sanitarios, el retrete, están detrás de la loma. Ayer lo descubrí al llegar, pero no los he usado en toda la noche. 


Saliendo del campamento, saco una panorámica de conjunto donde, en primer lugar, aparecen los tres surfistas que ya están levantados y disponiendo su desayuno. Al pasar me he despedido de ellos. Su tienda de campaña está oculta por árboles y arbustos. En el centro se ve la parrilla y el poyo corrido que sirve de asiento para acomodarse alrededor de la lumbre. Luego está el shelter. Para acceder al espacio dormitorio elevado, es necesario hacer un pequeño ascenso. A un lado del shelter, se puede apreciar la mesa con asientos para hacer las distintas comidas del día, descansar, leer o escribir. Yo sólo la usé para charlar ayer noche con la familia y con la parejita. Los surfistas estaban alrededor del fuego. Después hay un recinto de madera para dejar las basuras. No sé si es un sistema de depósito provisional que, después cada usuario se tiene que llevar, o si hay servicio externo de recogida de desperdicios. Por último veo la tienda bajita de la pareja y dos neoprenos colgando de las ramas de los árboles más cercanos. Si ayer no me enteré de que también ellos eran surfistas ahora, estos dos trajes de neopreno que veo, me informan de que probablemente también lo sean. Podría ser que pertenezcan a los tres amigos, pero el lugar, alejado de su tienda de campaña, me hace pensar que no lo son. 
La frondosidad de la zona de la tienda de ellos, tampoco me permite ver si sus trajes los tienen colgados allí o ya los han recogido.

Adiós definitivo al refugio y al faro.
Antes de abandonar el entorno del faro y su shelter, consigo ver el fyr, entre los árboles y me posiciono de forma que la linterna sobresalga de sus elevadas copas. Un camino va entre dos barandas, que no me parecen muy propias del lugar aunque sean de madera. Mi intención es la de salir hacia la costa, pero debo tener en cuenta lo que ayer me dijo el padre de la familia, el que me dejó su tienda de campaña. Su advertencia fue que tuviera presente que algunos espacios estaban inundados. Pronto lo voy a comprobar según voy descendiendo hacia el mar. 

 

Estoy viendo, todavía lejanas, las dunas de la costa, cuando me encuentro con un gran charco de agua limpia. Se ve que es agua acumulada procedente de lluvia. Como el terreno es de arena, no se forma barro y, aunque meto el pie y mojo también mi sandalia, no se embarrarán. No lo he podido evitar. Cuando ya las dos sandalias se me han mojado, me despreocupo y ando con menos cuidado pero tratando de pisar el bajo matorral, no vaya a ser que me hunda en la ciénaga.

Dunas de fina arena.
Tras pasar por varios charcos más y con la vista puesta en la duna, voy zigzagueando hasta que llego a la fina arena dunar. Son dunas frágiles que supongo habrán estado azotadas por el fuerte viento de los días pasados. Sólo están consolidadas en la parte alta de sus montañitas. La hierba que las sujeta es la adecuada. 

Las ondas que el viento ha dibujado en esta arena dorada, le dan pena deshacer al caminante que, inevitablemente, las tendrá que pisar si quiere pasar a la costa y bajar a la playa. Antes de bajar por el acantilado a la playa, saco foto de la parte de superficie más azotada por el viento reciente, que hace un dibujo diferente, más sistemático y repetitivo, que yo llamaría con voluntad de abstracción, si es que al viento se le puede asignar voluntariedad humana. Cada pequeño obstáculo que se enfrenta al viento, origina una forma distinta que, al amainar, perdura. ¿Por cuánto tiempo? Supongo que hasta que el sol seque la arena y hasta que llegue el siguiente viento que transforme el actual dibujo. 

El sol ya está dando en la duna y hasta hace cierto calorcito. Asomado al acantilado, fotografío la duna pero desde el lado marítimo. El lado azotado de la duna es menos bello y más agreste que el que venía viendo con el horizonte azulado de fondo. Tampoco veo ningún camino hecho por el hombre para descender a la playa. 


Puedo asegurar que, de haber existido alguno en otro tiempo, las inclemencias del tiempo habrían sido capaces de borrarlo. Tengo claro que si quiero bajar a la playa, tendré que hacer mi propio camino de descenso. En la parte baja de este acantilado, observo la acción destructora del agua acumulada en los charcos que he visto arriba y que, para salir al mar, horada la parte más terrosa de las dunas. Así el agua dulce de la playa es una mezcla negruzca de tierra, arena y barro humedecido. Hay trozos de esta amalgama diseminados por la playa. Son como piedras conglomeradas, pero con poca consistencia. Al tocarlas, se desmenuzan.
 
Por la primera pendiente de arena que veis en la foto, es por donde bajo a la playa. Mi primera intención es la de descalzarme para caminar por la arena, pero pronto reculo en mi idea al ver tanta piedra y decido continuar con las sandalias puestas. Como aquí abajo aún no pega el sol, la temperatura es más fresca, pero tampoco hace frío. Es una suerte que no haga viento. Durante un buen rato iré caminando en sombra. Solamente en los lugares en que la duna está desmochada o más deteriorada, es donde los rayos solares llegan hasta la arena y la orilla del mar. Como sigue estando muy empedrado, no tengo ninguna gana de darme un baño y eso que estoy a deseo de chapuzarme en este Mar del Norte que se está mostrando tan inhóspito para mí. No me queda más remedio que seguir calzando mis sandalias. 
 
Llego a una zona donde una bandada de gaviotas está reposando tranquilamente. Mi llegada las alborota y cada una vuela en la dirección que el instinto le dice va a lograr mayor seguridad. No saben que a mí la carne de gaviota no me la enseñaron a comer. ¿Sabrá mucho a pescado? ¡Ay si fueran becadas, perdices o faisanes! Qué otra cosa va a comentar el hijo de un gran cazador y de una cocinera de caza fantástica. Me acostumbraron a tener morro fino. 
Este recorrido a borde de mar, con el previo desde el shelter, va a suponerme tres horas y media de mucho aburrimiento y sin posibilidades de desayunar.

Delfines muertos.
Para dar colorido, aunque los delfines no es que sean demasiado coloristas, veo cercano a la orilla a un delfín muerto. Bueno, el primero no es que esté tan cercano al agua marina… 

Muestra un gran boquete en la cabeza, cerca de las agallas. Quizás sus tripas sean el bocado más apetecible para los otros pececillos del mar. Aunque el viento no es fuerte, no quiere decir que no corra algo de aire. Para muestra, la espuma que vuela cuando rompe la ola al llegar a la orilla. Pronto veo otro delfín más próximo al mar y que, por la intensidad de su sangre roja, puedo pensar que ha muerto más recientemente. El rojo es la nota de color que adorna el paisaje azul grisáceo.
Adivinando Stembjerg.
Como sigo por el mar, no puedo saber cuándo estoy pasando por los pueblos que vería si fuera por la lejana carretera. La ventaja de ir por lugares menos civilizados, tiene ese inconveniente. También sé que por aquí no voy a encontrar nada para desayunar, pero es el precio que pago por haber dormido en el faro-refugio. Encuentro a un chico que viene entrenando corriendo. Me dice que me quedan dos horas para Norre, donde encontraré desayuno. Veo un bunker casi enterrado en la arena y calculo que ya estaré a la altura de Stembjerg. 
 
Pronto encuentro a una pareja que se baña desnuda. Ella me dice que aún me quedan entre tres y cuatro kilómetros para llegar. La arena empieza a mejorar. Van desapareciendo las piedras de la playa y ya puedo permitirme descalzar mis sandalias. Pero a cambio, aparecen rocas en la orilla. 


En zona intermedia, algo más adelante, se forma como un badén en el que es peligroso meterse, pues los pies se hunden. Parece una ciénaga de arenas movedizas. Debo cuidar para no meterme en ellas. Veo a un chico que sale de un tinglado donde hay algunas barcas. 

 
Él no se detiene y continúa en la misma dirección que yo. Va calzado y, aunque pongo empeño en lograrlo, no consigo alcanzarlo. Él va por la orilla, y cada vez lo veo que está más alejado de mí. 


Norre Vorupor.
He perdido de vista al muchacho. Siguiendo la misma tónica de zona intermedia de playa embarrada, llego a un charco, desde donde veo un monolito que me invita a subir. También a una mujer que baja de la duna y siguiendo su huella, subo el camino por ella trazado. 
 
El sendero me lleva al monolito fálico. Subo a la duna, sobre la que está enclavado, y lo fotografía con el horizonte marino de fondo. 

 







Podría ser una boya o el corcho de los pescadores que les indica cuando un pez ha picado. Puede significar lo que cada cual quiera que signifique. 

 







La duna no es muy alta, pero lo suficiente como para mostrarme, hacia el lado de tierra, la superficie que ocupa el pueblo al que he llegado. Norre Vorupor se me ofrece en todo su esplendor.

Desayuno en Mad med Mere.
Entro en una panadería, pero no tienen mesas para poder desayunar dentro. Pido un vaso de leche, que me lo manchan con un poco de café. La mujer que me sirve está seria, pero se desata cuando le cuento mi viaje. Salgo a comer y beber a la calle. En su explanada encuentro una mesa donde voy a desayunar. Hace aire frío para estar parado, así que cojo mi capa y me la pongo encima. Al menos me quita el aire. 
En la mesa está la funda, un croissant, el otro ya me lo he comido, el café con leche cuando lo fotografío y me dispongo a desayunar. He pagado 32,50dk en efectivo. Aprovecho para guardar monedas para mi colección y también para dárselas a mis nietos. El total que guardo y doy por pagadas, como si fueran el precio de una compra, es de 38,50dk. Mis mochilas están sobre el banco y, al fondo, la iglesia del pueblo y el conjunto de casas. Casi ninguna supera las dos plantas. Me han dado un mapa que venía en un periódico y que me servirá sólo para hoy. Escribo hasta que oigo dar las doce campanadas en el reloj de la torre de la iglesia. Localizo algún shelter que me puede servir para dormir esta noche. Es en Vigso. Quizás sea demasiado lejos como para poder llegar hoy. Está después del cabo y ciudad de Hanstholm. Entro en la panadería, donde el hombre me rellena de agua mi cantimplora. Luego me señala en mi mapa Isbjerg (que ahora que lo busco no lo encuentro en ninguna de mis mapas9, donde hay otro shelter. Quizás el nº 1 quede un poco hacia el interior, poco recomendable para mis intereses costeros. Ya veremos qué decisión tomo en el último momento. Me dice que hay restaurantes y yo pienso que será en los pueblos aledaños. Me voy agradecido por la ayuda prestada y me doy cuenta de que no he visitado la iglesia. Paso por el museo.

Museo y Oficina de Turismo.
Entro en el Museo porque también es la oficina de información. La chica que me atiende me dice que hay restaurante yendo hacia la playa. Saco foto de su fachada exterior que es de ladrillo, con tejado de uralita, y de una sola planta. El ladrillo rojo está muy deteriorado por la humedad, así como los marcos marrones de las ventanas. 


Sobre la puerta de entrada hay una segunda planta, a la que no subiré. Esta segunda ofrece un corredor abuhardillado. Agradezco la información a la recepcionista y retrocedo hacia la playa. Ahora visito la iglesia antes de ir hacia el restaurante. Por ningún lado veo el reloj, así que pienso que las campanas que he oído a las doce no tienen conexión con reloj alguno, aunque la hora sí era la del mediodía. 
 
La iglesia no la puedo visitar en su interior, ya que está cerrada a esta hora del sábado. Su fachada exterior es básicamente de ladrillo rojo cara vista. Me agradan sus proporciones equilibradas. El cono pirulí sobre la campana, que le da cierta esbeltez. Del otro lado veo otra torre que parece más propia de castillo-fortaleza que de iglesia, pero, angulada, no quena nada mal. Me gusta.

Klochs Spisested.
Es el nombre del restaurante donde como costillas de cerdo pero en una ración razonable. No como la primera vez danesa, la tarde en que dormí en aquel albergue tan caro. Los he visto servidos en una mesa y he pedido: “una ración como esa”. La camarera adivina que soy español. Queda asombrada con mi viaje. Pongo orden en mis monedas. Me parece que ya tengo una muestra de todas las que están en circulación. Las spareribs, son diez costillas y las como muy a gusto. También la ensalada que las acompaña, a las que añado una chorretada de aceite al aroma de romero. He probado las otras salsas y todas son picantes. Como ya es habitual, me sobran casi todas las patatas fritas. Pago con Visa (sin recargo) 189dk. Al final pago lo mismo que ayer entre comida y cena, pero no se pueden ni comparar las costillas con la ensalada, pizza y butifarra. Sería comparar a Dios con el Diablo. Ambos empiezan por “Di”. Se parecen a las de Esbjerg en su embadurnamiento rojizo pero al estar medida mejor la cantidad, estas les dan cien vueltas. Claro que aquellas, aunque frías, sirvieron para cena del día siguiente y desayuno del otro. Son las dos cuando voy al retrete. Me despido y m voy.

Parque Nacional de THY.
En realidad, desde ayer cuando llegué al faro, estoy dentro del National Park de Thy, del que no saldré hasta mañana. Me acerco a la carretera correcta pero, en mi mapa, aparece como que arranca del centro del pueblo, y aquí va muy cerca de la playa. Una mujer vende vainas de guisantes. Cuando las veo, dudo de si serán guisantes o habas, aun sabiendo que son tan diferentes unas de otros. Ella me abre una para que vea sus frutos: son guisantitos. Veo una heladería y dudo en comprarme un helado, pero la heladería está cerrada. Retrocedo hasta la panadería donde he desayunado, sin encontrar carretera que salga hacia la izquierda. 
Una mujer me asegura que las que salen de allí no van hacia Klitmoller, que es el pueblo hacia donde quiero ir. Un conductor me dice que vuelva al restaurante donde he comido y coja la carretera que sale de allí mismo. Así que todo este recorrido que he hecho sólo ha servido para volver al punto de partida. He pasado por una casa en construcción y me parece que la foto puede servir para que algún arquitecto conozca la forma constructiva de los daneses. Primera planta fachada y pared trasera de ladrillo rojo cara vista y viguería de madera para soportar el tejado que, como no lo veo, no sé de qué material será. ¿Tejas, uralita? Podría casi asegurar que no va a ser de paja, como las de borró del delta del Ebro.

El puerto de Norre Vorupor.
Paso por el puerto. Un dique hacia el mar, ha conseguido que se estabilice aquí una playa. Es en ella donde espera algún barco grande en dique seco y algunos menores, de poco calado. Hacia el Norte, enseguida se termina la playa y veo otro pesquero varado en la arena. Para usarlo deberá arrastrarlo algún tractor.




Ahora sí. Compro un helado, aunque no acierto con la calidad. Me ha costado 26dk. Lo que más me gusta es el barquillo. Me lo voy comiendo por el carril bici. 


 
Salgo al aparcamiento, donde quedan muchos vehículos. Una torre vigía en blanco y rojo, puede ser un puesto para los socorristas. Me parece con buena visibilidad pero demasiado alejado de la playa.


Hacia el Norte.
Es desde allí de donde va a salir la carretera que a mí me hace falta para continuar hacia el Norte. El carril bici va paralelo a ella. Luego hace una desviación hacia la izquierda, donde se ofrece una ruta que llaman panorámica. Para evitar la carretera me animo a coger. Es la nº 1. Al cabo de un rato me doy cuenta de que, por detrás, se acerca una pareja a la que oigo hablar. 
 
Les espero y voy hablando con ellos. No muy bien, pues a ella le entiendo muy mal el inglés que no sé. Él va por delante avisándonos de las bicis que van apareciendo de frente. De vez en cuando, ella le cuenta algo de lo que le estoy diciendo. El tema se va agotando y parece que él tiene ganas de perder de vista al intruso entrometido. 
 
Aprovecha que llegamos al inicio de la ruta panorámica y abandonamos el carril bici para despedirse de mí. Creen que les obligo a aminorar la marcha pero, en realidad, no van más rápidos que yo. Ellos van por delante y yo les sigo a distancia controlándoles, pues no me fío de las señales que estoy viendo. Cuando llegan a un retrete paran y como ya veo que la última señal es más fiable, les adelanto y me olvido de la pareja. El avance va a ser mínimo pues, en cuanto llego al río que baja en torrente, se vuelven a perder las señales. Dos mujeres bajan hacia la playa por el camino izquierdo del río. 

Yo retrocedo, cuando la pareja de antes ya se está disfrazando con capas de lluvia, con intención de retroceder por la playa. Así que yo vuelvo al río, bajo por donde bajaban las dos mujeres, que ahora veo en la orilla del mar, pero acabo saltando al otro lado del camino antes de que el hueco del río se ensanche demasiado y no pueda hacerlo. No quiero tener problemas para cruzarlo cuando llegue a la desembocadura. Aunque con dificultades, acierto en el salto. Yo también me pongo la capa, pues no quiero llegar calado al shelter. Sigo por la playa y voy calzado. 
No llueve mucho y no parece que voy por el parque de Thy. No me quiero mojar los pies pero, al cruzar algún riachuelo, va a ser inevitable. Se pisa bien, la arena se hunde poco, pero me estoy aburriendo bastante. Llego a un lugar en que hay un charco y un flotador-salvavidas. Después de un rato por la playa, no veo ningún detalle de mi acercamiento a Klitmoller, así que vuelvo hacia el interior por camino de arena que me lleva a un aparcamiento con tres caravanas. En un lugar donde prolifera el matorral de rosa mosqueta, fotografío una señal del Nordsostien y del panorama rute, para mostrar cómo lo señalan. El camino pronto se vuelve carretera y me empieza a llevar para atrás. Por fin se curva y retomamos a otro punto de la número 1. Este tramo va a ser variado, pues me mete en el parque nacional y me ofrece el camino que llaman Vandet So. También ofrece, pero en la dirección que vengo, Vangsaa, que me lo he pasado por la playa sin enterarme. Así que me olvido de esa dirección. 
 
Klitmoller.
A duras penas llego a Klitmoller. He pasado un cruce en el que no se indicaba que lo fuera, aunque no había otra posibilidad. Ya en el pueblo, pregunto a un hombre por el shelter de Nord So. Me doy cuenta de que está más borracho que una cuba. Al haberme dirigido a él, trata de retenerme, pero me zafo con no muy buenos modales. Pienso que me va a crear problemas, y ni yo ni él vamos a sernos de ninguna utilidad. Enseguida encuentro a un joven que va con un niño trasto, bastante insoportable. Primero intenta meterse en un carretillo que está de adorno y luego echando, al que creo es su padre, con poca gracia, un manojo de hierba con ánimo de ofenderle. El padre se lo toma con estoicismo. Parece que conoce bien a su hijo y sus limitaciones. Lo mejor del encuentro va a ser que él conoce el lugar que busco. Me dice que me costará hora y media llegar. Luego comprobaré que será algo más. Adivina que soy español. Me señala la carretera que debo coger, allá donde dobla un coche, al final de la calle. He tenido la fortuna de preguntar a uno que ha sabido responderme y en el lugar adecuado. Resulta que es la carretera que va a Thisted, que está en el mar interior y que, siguiéndolo, comunica con el Báltico. Antes de salir del pueblo, calculando con certeza que en el parque natural no voy a encontrar nada para comer, veo un Spar y compro: cuatro plátanos y un pomelo (creyendo que era una naranja grande poco madura). Pago en efectivo 15dk. Meto el botín en la mochila y, en cuanto se acaba el carril bici, paralelo a la carretera, me va metiendo y sacando de ella.
Ruta de Vandet So.
Es así como llego al camino que antes no he querido coger. Ahora, que ya tengo fruta para la cena, me interesa pues, dejando de lado Vandet So, que también ofrece refugio más al Sur, me llevará al de Nors So, que me vendrá mejor. Todo está perfectamente señalado. Tras dejar de lado la carretera a Thisted, me lleva a camino en las dos direcciones. Los dos lagos no están muy alejados uno del otro, ni tampoco los refugios. Pienso que en algún momento ya diferenciará los dos caminos. Creo que el de la derecha no podrá ser, ya que me acaba de sacar de la carretera y no creo que sea para meterme en ella de nuevo. El asfalto de la carretera está cuarteado pero es suficiente. Un cable la cruza y creo que será para alimentar con electricidad el cableado del borde de un prado, para que los animales no salgan del recinto. Con todo, retrocedo hasta una puerta y miro los carteles pues, aunque no entiendo danés, puedo recibir alguna pista. Continúo por el lado izquierdo del nuevo camino, y pronto me encuentro con un hombre joven tirado en el suelo, vestido con taje de agua, que me dice que ya han comenzado a aparecer los mosquitos. Mato uno en mi pierna izquierda. Él se levanta para mirar en mi mapa y decirme que voy mal. 

Me ha entendido Nord Sea (Mar del Norte) en lugar de Nors So (una “o” que suena a “e”). tras aclarar el error, me dice que voy bien hacia el lago, agradezco, y me despido de él. Sigo adelante y me arrepiento de no haberle dicho que quiero dormir en el shelter. No voy a regresar, pues es fácil que ya se haya ido. El camino es precioso, entre bosques de coníferas. En un espacio abierto, antes de llegar al siguiente bosque, veo junto al camino una construcción marrón, que creo de madera, que me hace pensar en el refugio. 
 
Cuando llego veo que son troncos cortados y apilados, dispuestos cerca del camino para ser trasladados más fácilmente a un camión que los transporte. Voy atento, mirando a derecha e izquierda, sin ver nada nuevo. El siguiente bosque de coníferas está en un momento muy bonito, ya que los nuevos brotes verdes, que tienen un noto más claro que los del año pasado, aclaran los bordes, destacando los inferiores sobre los más altos. 
 
También, al fondo de este bosque, vuelvo a ver algo marrón. ¿Será el refugio?, pero ya voy menos entusiasmado, pues es otro grupo apilado de troncos esperando al transporte. Avisto el lago Nors So. Algunas vacas pastan en el prado. Tras varias dudas, llego a una gran casona.



Centro de información en el parque Thy.
Al llegar, toco la campana. Una mujer habla por móvil en su sala de estar y se levanta para abrirme. Pregunto y me dice que espere un momento. Entre tanto, aparece su marido. La mujer vuelve con un mapa a escala más reducida donde que si lo hubiese tenido antes no habría venido con tanta zozobra. Es un buen mapa que me va a servir para llegar a destino hoy y también para continuar mañana. Ofrece todo el perímetro del Vandet So y casi todo el del Nors So. El marido me explica que hay dos refugios y que los dos están en el camino donde encuentre la señal de Nebelgaard. Así cuando llego al indicador Nebelgaardvej, ya no dudo en seguir ese camino. Voy por él mirando a diestra y siniestra aunque, si me lo han indicado bien, sólo debo mirar a la izquierda.

Shelter Nebelgaard del Nors So.
Oigo voces de mujeres y niños, e intuyo que el refugio puede estar por donde viene el murmullo. Pero un número 7 y una cadena me retienen. Un poco más arriba hay seis coches aparcados, lo que me hace temer que esta noche tampoco voy a tener sitio en el shelter
No será así. Veo el refugio, que me parece grande y me acerco a él pasando por el gran prado previo. En previsión de lluvia, han cubierto el espacio que hay entre las tres construcciones. Tienen ocupados todos los nichos, pero sin dar tiempo a la negociación, me liberan uno para mí solo y, como les sobra, me dejan una colchoneta de goma-espuma, que siempre será más agradable que el puro suelo de madera. Una madre juega lanzando aros con dos o tres niños. 
 
Otros beben vino alrededor del fuego, luego asarán su cena de barbacoa y batirán cacao con nata. A uno de los niños no lo veré en todo el tiempo. Es aún pequeño y está durmiendo con una cortina improvisada en uno de los nichos. Todos los padres son expertos en construcción de machetes de madera. Los hacen como si estuvieran haciendo un trabajo de hombres primitivos. Cada niño, también la pequeña, debe obtener su cuchillo de la tribu. Me aseguran que no es un cuchillo vikingo. También me dicen que los daneses tienen buena relación con Suecia y Noruega, pero no con Finlandia. ¿Será porque los fineses se pasaron al euro? Como son muchos, no retengo sus nombres, ni me esfuerzo en aprendérmelos. Tampoco sé el número de hijos de cada pareja, ni cuantos tiene cada cual. Por el reparto de mimos he creido entender que el padre más joven, el de rojo, y su mujer de trenza, que son los que han mostrado más interés en conocer algo de mi viaje, son los padres de la niña mayor, la de 12 años, y de dos de los niños. 
 
El hombre mayor, que trabaja en La Guinea Ecuatoriana, sabe alguna palabra en castellano, es padre del niño mayor, de 12 años también y, probablemente, del dormido. El mediano es padre de la niña pequeña, que se hace la mimosa y se mete en el saco en los brazos de su madre, tienen otro niño algo mayor, ¿o será el que duerme? En total son cinco niños y dos niñas. Tanto el mayor, como el mediano, tienen mujeres de segundas nupcias. Tienen hijos mayores de sus primeras mujeres. Incluso el mediano, ya es abuelo de un nieto de dos años. Es el que más empeño pone en que coma y beba. He aceptado y comido una salchicha en pan agujereado. Me dice que son salchichas danesas y el pan que es alemán. Los niños han estado subiendo y bajando por el tejado del shelter, que está cubierto de hierba y tierra. Supongo que tendrá una capa de lona impermeable. Me informan de que es tela asfáltica. 
 
Con todo, no creo que pisar sobre ella sea una acción benefactora para que el refugio dure muchos años. Alimentan con buena leña el fuego y sus llamas no se apagarán hasta primera hora de la mañana siguiente. En mi levantada para orinar, veo rescoldos encendidos. Dicen que en Dinamarca no hay peligro de incendios. Lo peor resuelto de este refugio me ha parecido el retrete pues allí está, en un cubo, toda la mierda acumulada de los que van poniendo su culo en el agujero con tapa. El cubo se limita a recibir el óbolo de regalo y me recuerda a los de mis tíos de Ibarrea, en Altsasu, aunque en aquella época no se era tan ecológico y la mierda iba directamente al agua que rebosaba del cauce e iba al río. Poco más abajo, a unos cien metros, nos solíamos bañar y nadie se infectaba ni protestaba. Orinaré dos veces. Dos nocturnas y la primera diurna pero será en la hierba, tras el shelter. Cuando el joven ha terminado de hacer su cuchillo, se lo pido. También el machete con que lo ha hecho. Luego hago el simulacro de hacer un machete con el cuchillo de madera. Ha sido como un chiste del absurdo. Muestro mi admiración por el cineasta Lars Von Trier. Les enseño mis dibujos, mi mapa con las etapas y me paso mucho rato solo observando comportamientos. Todos los padres participan en los juegos de los niños, quizá el que menos el mediano, el más gordito. La niña pequeña me habla y no entiende que yo no le entienda cuando ella habla tan clarito. Sentado con las piernas hacia el fuego, se me posa un mosquito en una y lo mato de un manotazo. La pierna izquierda queda ensangrentada. El hombre mediano me rocía las dos piernas con Autan spray, prefiere gastar ahuyentador, a que mate animalitos tan volátiles. A las 10:30 les agradezco, tak, y me despido de los adultos. Les he explicado el significado de FKK. Seguro que me dejo mucho sin contar de tanto que hemos hablado y de lo que he visto.

A soñar como los angelitos.
No sé si los angelitos roncan, pero creo que yo sí he roncado, pues me he levantado con la boca seca. Pero de mañana, cuando me levanto, también oigo roncar a algún adulto, o adulta. Mal de muchos… He dormido muy bien. La colchoneta me ha favorecido un sueño reparador.

Balance de jornada con refugio.
Lo mejor del día ha sido la tarde noche. La experiencia de shelter familiar durmiendo dentro de él. No será el último. Otro día más sin bañarme y ya van… También el mapa que me han dado, aunque me ha llegado muy tarde.



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