Etapa 28 (469) Skaerbaek-Mando By
Etapa 28 (469). 03
de julio de 2015, viernes.
Skaerbaek-Brons-Rejsby-Egebaek-Vr.
Vedsted-(coche)-MANDO-Mando-By.
Skaerbaek
Fritidscenter.
Las siete casi me
han dado dentro del saco. He conseguido no clavarme ningún cristal
de la botella rota. Poco después ya me pongo en marcha. Una máquina
afeita la hierba del campo de fútbol, pero yo no estoy en
condiciones de afeitarme. No quiero que nadie me vea dentro del
edificio en el que ayer rehusé dormir por ser tan caro. El campo,
rasurado, se ve impecable, muy lejos de las condiciones en que tienen
el graderío y el lugar donde he pernoctado.
Está lloviznando, pero
sólo cubro mi cabeza con la visera. Cuando estoy a punto de
abandonar las instalaciones, aparece un gran grupo de chavalillos,
con camisetas verdes, rojas y amarillas que, tras desayunar, se
acercan a los campos para hacer deporte. Les veo resignados,
asumiendo la férrea disciplina, casi militar, propuesta y aceptada.
Están de vacaciones, pero hay un compromiso de ellos o de sus
progenitores que deben cumplir.
No se les ve felices, quizás estén
algo adormilados todavía. Como recuerdo, saco foto de una parte de
las instalaciones y, al salir, del letrero que indica Skaerbaek
Fritidscenter y cuál es su dedicación. Leo: vacaciones, cursos,
cultura, deporte, actividades. Con esta lectura queda claro a qué
han venido estos chavales y el madrugón no les vendrá nada mal.
Abandono este macrocentro, que está a las afueras y m encamino hacia
el centro de la ciudad.
Iglesia.
Primeras actividades del día.
El primer lugar al
que llego es la iglesia. No está en el centro de la ciudad y no me
acerco mucho a ella. Aunque parece que pueda estar rodeada de enterramientos,
como vi en Havneby nada más llegar a Romo, lo único que logro ver
es un laberinto de setos que me hace pensar en que estén encubriendo
tumbas.
Luego pasaré por allí con más detenimiento, pero ahora son
otras las prioridades que tengo. Después de salir a la carretera
general, llego a una calle peatonal. Allí, sin preguntar, encuentro
panadería, que también es café y dispone de toilette. Lleva un
buen rato en funcionamiento, pues la han abierto a las seis de la
mañana. Las chicas que atienden el local son amables y se las ve de
buen humor. Les doy la tabarra preguntando. En bollería me gasto más
de 20 coronas y el capuchino, bastante malo por cierto, lo debo sacar
con moneda de máquina expendedora. En total 35 DK. He cambiado en
monedas el segundo billete de 50 DK. Luego, con una moneda de 20 pago
un refresco de naranja. Aunque no sea más que por la obtención de
las monedas, no doy por mal empleado el rato que he permanecido en la
panadería-cafetería. He aprovechado para defecar y me ponen SPANIEN
en la postal que envío a Luisa a Barcelona. Es una lástima que no
me sepan decir dónde están Correos, ni el Ayuntamiento, ni Turismo.
Está claro que necesito el mapa de la ciudad para desenvolverme por
ella. Además de a Luisa, escribo a mi prima Isabelita, ya que se
acerca el día de su cumpleaños, que en Navarra se celebra con los
sanfermines. Ahora debo buscar oficina de correos para echarlas y
también porque quiero desprenderme de mapas y otros documentos de
Holanda y Alemania que van quedando obsoletos y que me pesan. Antes
de abandonar el local, ojeo el periódico MX metroexpress que, sin
entender nada, al menos me resultan más manejables que los
mamotretos alemanes. Lo único que me agrada es ver que informan
sobre una carrera nudista, que me trae a la mente la de Sopelana en
Bizcaia.
Biblioteca.
Biblioteket.
Salgo con sensación
de haber aprovechado el tiempo y con idea de preguntar por el
ayuntamiento, aunque no sé cómo se dice en danés. Aunque anuncian
lluvia, luce un hermoso sol. Un hombre que está sacando a la calle,
para que se airee, su oferta de ropa de saldo, que es lo que
prolifera en el conjunto de su material vendible, me recomienda que
primero vaya a la biblioteca. Leo palabra terminada en “t”, que
me hace pensar en bibliotequita. La señora que me atiende me dice
dónde encontraré la oficina de correos y que, probablemente, allí
encontraré los mapas que necesito.
Oficina de
Correos.
Sin entretenerme
más, me acerco al lugar indicado. Cuando llego al lugar indicado,
pienso que no puede estar correos en una gasolinera pero, a pesar de
mi incredulidad, allí se encuentra la oficina. Tengo el material
necesario para hacer todo lo que pensaba hacer. Cojo una caja del
tamaño suficiente y hasta me sobra espacio. Tengo que completar con
papel rebujado que a la vez hace de muelle. También compro cincuenta
sellos y mando las dos postales. Me dan un mapa de todo Dinamarca,
aunque lo tendré que completar con otros auxiliares, más locales,
para que me informen con mayor detalle. A simple vista, me da la
impresión de que Mando y Fano los podré visitar sin necesidad de
coger barco. Los próximos días comprobaré mi error y que ambas
islas, las últimas Frisias Septentrionales, tienen sus
peculiaridades que las convierten en únicas. En principio, había
descartado visitarlas. En Correos me he quitado kilo y medio de peso.
Ahora voy más ligero de equipaje y mantengo el dinero intacto, ya
que he podido pagar con Visa las 563,50 coronas danesas que me ha
costado todo, paquete y sellos. En el paquete he metido la cámara
estropeada en Sylt, por si tuviera posibilidad de arreglo en España,
aunque lo dudo. También he puesto dos letras a Sara, que es a quien
dirijo el paquete.
Biblioteca de
nuevo.
Con los deberes
hechos, vuelvo a la biblioteca para agradecer. Pido poder usar
Internet y, sin pega alguna, la bibliotecaria me lo sitúa en
pantalla de Google. No tengo problemas para entrar en KZgunea, borro
todo lo borrable y, como temo que tendré problemas para entrar en
Hotmail, mando correo a mis hijas para que sepan dónde estoy y
decirles que los cabrones de Lebara me han dejado incomunicado por
teléfono, a pesar de que tengo casi 20€ de saldo. En el e-mail,
comento los pormenores desde la última llamada telefónica. Ya más
tranquilo, me centro en entrar en Hotmail. Me mandan un número clave
a KZ, el 8602984 y, como siempre, el sistema me tiene tiempo y tiempo
sin desbloquear su bloque que, al igual que otras veces, lo hacen por
mi seguridad, para velar por que nadie extraño entre en mi correo.
¡vaya seguridad de los cojones, que no me permite comunicar con los
míos en los mal llamados medios de comunicación. Me cabreo como
todos los años en que esto me ocurre y más en esta ocasión, en que
también estoy bloqueado por teléfono. ¡Cabrones Lebara y Outlook!
Como ya estoy igual que siempre y en castellano no puedo entrar, pido
ayuda a la otra bibliotecaria que, según parece, está más libre
para prestármela. Esta mujer, con más paciencia, enreda y lo
consigue. Ya tengo mi correo a la vista ¡Albricias! Creo que el día,
la mañana está siendo muy productiva en cuanto a logística y
estrategia de viaje. Son ya las doce cuando salgo de esta benemérita
biblioteca danesa. No ha empezado mal mi estancia en el continente
del único país nórdico que visitaré en esta vuelta costera por
Europa. Finlandia, Suecia y Noruega no me verán. Si estas dos
últimas no me importan nada, pues el cambio de moneda danesa, será
suficiente para desanimarme, como se verá más adelante, sí me da
pena no haber recorrido la costa finesa, que tiene la misma moneda
europea que nosotros. Cuando me despido de las bibliotecarias,
agradecido, me recomiendan que coma en la misma calle donde he
desayunado.
City Burger.
No hay mucho donde
elegir, sólo un Burger, donde pido dos grandes salchichas con
patatas y zanahoria cocida. Acompañan con una salsa color crema
marrón que no me dice ni fu ni fa. Como no tienen ni aceite ni
vinagre, a la ensalada le echan un poco de mahonesa. ¡Qué pena de
ensalada! Como más de la mitad, por la disciplina que me impongo, y
pago 90 DK. Como no me admiten pago con tarjeta, sigo pagando con
papel moneda. A este paso, lo que no consiguió la gaviota, se me va
a ir todo el dinero volando. Tampoco tienen cerveza, así que
acompaño la comida con mosto.
La iglesia de nuevo.
Son las 13:15 cuando salgo del pueblo,
que pertenece a la comuna de Tonder. La kommune de Tonder abarca
casi hasta toda la frontera Sur. Me oriento hacia el Norte y creo
acertaré con la ruta. Vuelvo a pasar por la iglesia y, con la
tercera instantánea, podréis tener una idea bastante completa de
sus dimensiones. También dedico un rato a observar las tumbas, como
lo hice en el primero de la isla de Romo.
Parece como si estuviera
buscando mi propia tumba, aunque no tengo ninguna gana de morir tan
joven. Mi padre murió con 61 años, los que yo tenía cuando inicié
este camino en 2006 y me gustaría recorrer toda la costa
mediterránea, entre Turquía y España. Este inciso, por si lo
habéis comprendido todavía, es para que entendáis que no tengo
ninguna gana de morir. Todo llegará a su tiempo.
Aunque tengo ganas
de conocer los albergues holandeses, tengo claro que hoy me conviene
acercarme a Mando, en lugar de a Ribe, donde tengo mi primer
albergue. En Romo, en mi visita al albergue de la isla, pude ver la
habitación donde dormían dos hombres en edificio de una sola
planta. Volviendo a la iglesia, compruebo que los setos que antes
había intuido que ocultaban las tumbas, ahora se me presentan como
una realidad. Lo que más me agrada de este cementerio que rodea toda
la iglesia, es la sencillez de sus lápidas. Son piedras sencillas,
poco o nada pulidas y, pocas de ellas, superan la altura del seto que
las obliga a ser homogéneas. También es grata la distribución de
pequeños árboles que, superando la altura del seto, apenas destacan
en exceso.
Acostumbrado a los altos cipreses que proliferan en los
cementerios españoles, ver éstos, como cipreses enanos, me produce
una sensación de exotismo. También la diversidad de tonalidades de
la gama de los verdes. En fin, me parece un cementerio bellísimo al
que dan ganas de ir a descansar. Pero demos tiempo al tiempo. Me
entretengo un rato en la tumba de los Schmidt. A Hans le acompañan
Gerda, Bertha, Kat y demás parentela.
Salgo del ámbito eclesial y
me dirijo hacia la salida del pueblo. Hasta llegar al lugar donde
dormí la noche pasada, iré por asfalto conocido, y por acera
mientras duren hasta que no tenga otra que seguir por arcén.
Brons.
Salgo de Skaerbaek
hacia Brons. Tengo suerte de que hay un carril bici en paralelo al
asfalto.
Por el camino me llama la atención, por su intensidad del
verde, un sembrado de gramínea que, viendo la época en que estamos
y sin saber bien cuándo madura el cereal en Dinamarca, me hace
pensar en que éste no va a granar. Quizás lo cultiven para consumo
de los animales en verde, como forraje. En cualquier caso, para el
caminante, esta inmensidad de color uniforme supone un descanso
tranquilizador para la vista.
Pronto llego a la iglesia aislada del
lugar que será muy similar a otra que veré más tarde y que tiene
un diferenciador evidente en el ábside que, en el ejemplo actual, se
me ofrece próximo, al contrario que la torre, que es el elemento
constructivo más alejado. Las torres de las dos iglesias son tan
similares que me harán pensar en que, sin saberlo, quizás haya
caminado en círculo y que estoy donde estaba antes. En cualquier
caso, esta iglesia también tiene su cementerio al derredor. Pero
aquí no voy a entretenerme tanto como en el anterior y sigo
caminando hacia Rejsby.
De Brons a
Regsby.
Paso por un sembrado
de trigo que, al contrario que el sembrado anterior, éste ya está
en buen proceso madurativo. Las espigas bien granadas, todavía
precisan de un poco más de sol. Aunque ya están a un paso en ser
desgranadas, de ser molidas para convertirse en harina y más tarde en
pan u otros alimentos… Cuando están próximas las espigas a
cumplir la función tan beneficiosa para la humanidad, es cuando,
contrariamente a su utilidad, la estética que ofrecen es menos
bella. Puede que si hiciera viento, con el oleaje y grabado su
movimiento con cámara de filmar, el resultado podría ganar en
belleza. No así en la foto estática que presento.
Pero para gustos
se hacen los colores y no vamos a ir en contra de la naturaleza en su
evolución. Se pueden, ver sobre las espigas, dos torres con tres
aspas para la obtención de energía eólica. Pronto llego a otro
prado cuando está todo segado y su hierba ha sido empacada en feos
mamotretos recubiertos de plástico blanquecino. Dicen que a los
animales que la consumen les agrada el sabor que coge la hierba en su
proceso de putrefacción.
Supongo que los agricultores tendrán datos
para poder sacar esta conclusión. Yo no he conocido a ninguna vaca
que me lo haya dicho. Tampoco sabría distinguir el sabor de la leche
que da una hierba empacada comparando con otra sin empacar. Cuando
llego cerca del tractor que transporta los fardos, los fotografío
parcialmente. Puestos unos encima de los otros, adquieren un aspecto
de obra escultórica, que también me es grata.
Más tarde, cuando el
tractor con su cargamento me adelante por la carretera, casi a punto
de perderlo, saco otra fotografía para la posteridad. Preferiría ir
por caminos, pero ésta es una de las ventajas que tiene el caminar
por carretera.
Después paso cerca de otro prado, también segado,
donde los fardos blancos están descansando sobre la tierra que vio
crecer su hierba. Llegará el día en que, como los vistos
anteriormente, vengan a retirarlos y llevarlos a los establos de
ganado para que los consuman en invierno. Mientras puedan comerán la
hierba directamente en el prado, o después de segada, sin fermenta
Esbjerj y
Ribevej.
Si antes estaba en
la kommune de Tonder, ahora entro en la de Esbjerj, una vez pasado
Regsby. En un poste más alto, leo: Ribevej que, con mi deducción de
que el sufijo “vej” significa camino de, me hace pensar en que
voy dirección Ribe que, como he dicho antes, es el lugar en que hay
otro albergue juvenil.
Todavía no tengo conocimiento de los
albergues de montaña gratuitos que se ofrecen por toda Dinamarca,
como tendréis oportunidad de conocer. Mi camino se va alejando de
las vías del tren y aprovecho el paso de un convoy por un prado
segado para fotografiarlo sin obstáculos. Después paso por otro
campo de gramínea ¿avena, cebada?, no soy experto y no lo puedo
confirmar. Parece bien granada.
Egebaek.
Llegando a Egebaek,
por donde pasaré muy cerca de la estación del ferrocarril,
encuentro un cruce que no me interesa coger, pero sí fotografiar por
lo bien que está señalizado y protegido el carril para los
ciclistas y, para el caminante que, como un peatón más, también se
beneficia de este sistema de protección.
Se trata de remarcar en
azul clarito, sobre el asfalto oscuro, el espacio destinado al
vehículo por excelencia en los Países Bajos, en Alemania y aquí,
en Dinamarca, la bicicleta.
Pronto paso cercano a la estación del
ferrocarril. Supongo que la avenida arbolada es la que lleva hacia el
tren, pero mis dudas crecen al leer Ribe acompañado de Psiquiátrico
o, al menos, una palabra a la que doy ese significado. Por otro lado,
Ribe también figura en mi lista de Albergues juveniles, así que
paso por aquí con todas estas dudas. ¿Es Ribe estación,
psiquiátrico, o albergue? Por si acaso no me atrevo a pedir posada,
¡no sea que me encierren a perpetuidad!
Ante tanta duda, cada vez
tengo más claro que me conviene ir a la isla de Mando. Pronto paso
cerca de una bonita casa, que no me resisto a dejar sin fotografiar.
También cerca de un campo de colza que ya ha perdido la belleza de
sus pétalos amarillos. Está bien granada, pero habrá que dejarle
el tiempo necesario para que madure el grano. Después vendrá el
exprimido y la obtención de su dorado líquido oleaginoso. En
España, después que se produjo aquel problema sanitario con este
aceite, tiene mala prensa para el consumo humano. ¿Tendrá aquí
utilidad como aceite industrial o se usa como condimento de valor
culinario? El punteado verde de mi mapa es el que me va llevando
hacia donde quiero ir. El carril bici pasa al otro lado y las dos
flechas aparecen barradas en rojo. Una chica que corta hierba con su
corta-césped delante de su casa, para su máquina para poder
escuchar lo que le pregunto. Me dice que siga por la carretera y que,
al llegar al siguiente pueblo, coja la carretera hacia Mando.
Afganos, kurdos,
sirios…
Paro a tomar una
cerveza en Hviding pizzería, pero no me parece correcto beber y no
comer su especialidad, así que entro en un H-24-Kiosk. Pienso que me
voy a encontrar maquinitas expendedoras, pero lo que veo son neveras
enfriadoras. Pago por la cerveza 12 DK y me dicen que todas valen así
y que la cerveza a granel la cobran a 30. ¿Sería la de ayer de
mayor tamaño? Por la noche tendré oportunidad de comprobar que la
misma que aquí me cobran 12, allí me cobrarán 25 dk. ¿Será por
las dificultades del dique o por que el transporte por mar sea más
caro? Pero me estoy adelantando. El que me da y cobra la cerveza aquí
es un afgano y los dos negocios, la pizzería y el 24 horas están
comunicados. Luego aparece otro afgano que apenas habla y pronto
desaparece. Después llega un chico del Kurdistán, aunque nacionalizado
sirio y que me pregunta si en Holanda hablan francés. Parece que en
ese idioma se defiende mejor que con el danés. El primer afgano
habla danés y también estudió español en Dinamarca. No se ve
mucho movimiento de clientes en esta fortaleza musulmana. Doy por
hecho que todos lo son, razón por la que no les invito a cerveza. Si
son buenos musulmanes no deben beber alcohol. Me desean buen viaje.
El afgano, en castellano. Sigo un poco más adelante y ya veo un
indicador que pone: Mando.
Vr.Vedsted.
Ya me estoy
acercando a la zona del dique que me llevará a la isla de Mando,
pero todavía debo pasar por este pueblo de Vr. Vedsted. La estación
de uno de estos pueblos me ha parecido preciosa. Ahora no recuerdo de
cual. En éste, lo que más destaca es la iglesia.
Pero primero paso
por una hermosa granja, con un altísimo silo en forma de cúpula.
Pareciera que aquí se puede trabajar a gusto en tareas agropecuarias
y si, encima, las pagan bien, mejor que mejor. Si además luego
tienes oportunidad de habitar en una casa como la que voy a ver a
continuación, de las clásicas de paredes de fábrica encalada y con
la techumbre de paja, como tantas que he ido viendo en mi viaje,
tanto en Francia, como en Bélgica, Holanda y Alemania, te puedes
sentir satisfecho de haber abandonado tu país.
¿Los musulmanes que
acabo de dejar atrás, estarán dispuestos a estos trabajos rudos o
sólo se limitan al trabajo más cómodo de vender lo poco que
venden? Preguntas sin respuesta.
Durante el recorrido hacia la
iglesia, veo pasar carruajes con fardos de paja y también después
de dejar el pueblo atrás. Antes de la iglesia hay otra hermosa
granja. La iglesia está igual de blanqueada que la que he visto en
Brons. Aunque sin ábside, también me gusta. Luego la saco aislada,
con su cementerio, a pesar de que no me acerco a él y se verá
lejano.
Acabo con otra instantánea de la torre. La torre la tienen
repleta de cruces, cuya repetición excede a mi entendimiento de
significado, aunque sea el signo del sacrificio cruento la base del
cristianismo. Tras de la iglesia, informan de horario de autobuses
para Mando.
Unos buses muy especiales, casi anfibios. Parece que no
sólo por el dique, sino que también hacen recorridos por el fango.
Pasa otro tractor con paja en sus palas, supongo que para un traslado
de poco trayecto.
Estación:
Mandobussen y Traktorbussen.
Es así como llaman
aquí a unos autobuses largos arrastrados por tractor.
Presento a
continuación las variantes que encuentro, aunque ninguno lo veré en
marcha, quizás por la hora tardía, por la altura de la marea, o
porque sólo se usen para trasladar a turistas en viaje de ida y
vuelta.
Yo hoy tengo intención de ir a la isla a pie y quedarme a
dormir allí pero, ¿me dejará llegar la marea alta? ¿Encontraré
algún sitio para comer allí? Un cartel informa de camas pero, ¿aquí
o en la isla? Con estas dudas voy acercándome a la costa y al dique.
Antes del
dique.
Sin haber salido de
la zona agraria, paso por otro campo segado, donde el envolvente
plástico de la hierba ha dejado de ser blanco para pasar a ser azul.
No creo que el color sea significativo para distinguir hierbas del
año, crianza, reserva o gran reserva, como ocurre con los vinos, ni
para distinguir hierbas de las diversas comunas danesas. También, al
fondo, veo otros fardos que no están envueltos en plástico.
Poco
más adelante y, sin todavía haber llegado al inicio del dique,
llego a otro campo, también segado, donde hay más fardos que no son
cilíndricos, sino rectangulares y no llevan envoltorio plástico
alguno. Hay fardos para dar y tomar a ambos lados de la estrecha
carretera. Al fondo veo dos rulot que no sé a qué esperan. No me
parece un lugar propicio para disfrutar de vacaciones, ni para
pernoctar. Me voy acercando a ellas.
Un dique muy
peculiar.
Cuando estoy
llegando a la zona inundable, donde el suelo de la carretera se está
degradando y ofrece partículas de piedrecillas sueltas, me para un
coche que va raudo hacia el mar. La chica que lo conduce me dice que
no tendré ningún problema para cruzar el dique caminando. Siguiendo
su pista, no veo que tenga intención de detenerse. ¿Tendrá algún
dispositivo que lo convierte en submarino?
Cuando llego al lugar en
que comienza el mar, al menos por mi lado izquierdo, observo que el
coche continúa su rodadura y percibo, o es mi sensación, de que el
vehículo circula sobre las aguas, puesto que no se ve ni un mínimo
de carretera que sobresalga del nivel del mar.
Podéis comprobarlo en
la foto. No estoy soñando. Cuando voy perplejo en mi observación,
veo otro coche que sigue los mismos pasos que el anterior; el
conductor me saluda al pasar, pero éste parece menos intrépido y
veo que, en la primera curva se detiene. Yo sigo avanzando y el
primer coche lo veo sobre el dique del otro lado, el que conecta
con la isla.
Se ve que ya ha dejado atrás la parte de dique que, por
la marea alta, el mar no permite ver. Se ve que el conductor conoce
al dedillo su dique, y sabe que no le va a fallar. El reflejo del sol en el horizonte, colabora a creer en la magia. Empiezo a dudar de
que yo, inexperto, lo pueda cruzar a pie.
Cuando estoy llegando a la
curva, donde también hay una plataforma que permite el aparcamiento
de más de un coche, pues se ve que este es el lugar donde el trazado
de la carretera desaparece bajo el agua en el momento más álgido de
la marea, me doy cuenta de que el segundo coche que me ha adelantado
me espera.
No sé si por ayudarme o por prudencia. Creo que es más
por lo segundo pues, tras de solicitarlo y aceptarme que monte en el
coche en el asiento del copiloto, aún tardaremos un rato en
arrancar. Al acercarme más a él y ver el remolque donde, entre
otras cosas, también lleva su bicicleta, veo que por ese mar me
sería imposible caminar o correría mucho riesgo de pisar mal en
alguna piedra suelta, perder el equilibrio y caer con mis mochilas al
agua. Tendré esa experiencia en Polonia, donde me quedaré sin
móvil, anegado por el salitre. Allí será más grave, porque mi
móvil funcionaba. Hoy importaría menos porque, tras la faena de
Lebara, el teléfono no me sirve absolutamente para nada.
Echo en
falta mis sandalias de río (en este caso serían de mar). Una vez
admitido en el coche, saco otra instantánea para que el lector vea
claras las razones de nuestra espera. En mi mal inglés, le entiendo
que esperaremos un cuarto de hora a que baje un poco la marea. La
mujer del otro coche ha sido menos precavida o es más ducha en el
manejo de su vehículo por estos andurriales tan especiales. Este
hombre que me va a llevar en su coche, vive en Ribe.
Me informa que
mañana por la mañana la pleamar será a las seis, me recomienda que
salga a esa hora, que coja el camino paralelo al dique, y que podré
pasar sin problemas el río Ribe. No sé si por puente o por esclusa.
Eso lo veré mañana. Con el programa para mañana ya trazado,
arrancamos hacia la isla. La idea para mañana es la de llegar a
Ebsjerj y pernoctar en el albergue, danhostel, de esta enorme ciudad.
Lo de ir o no a Fano, ya se verá sobre la marcha.
Saco una foto del
pavimento inundado por el que estamos pasando y luego otra donde ya
se aprecia que la marea está bajando y va descubriendo la carretera
que, de lejos, yo no veía y que el primer coche ofrecía la imagen
de Jesús caminando sobre la superficie del lago Tiberíades.
M A N D O
Pronto
el conductor me dejará en destino. No quiere tomar café, ni
cerveza. Tras agradecer su ayuda, despedirnos, y desearme buen viaje,
nunca más lo volveré a ver.
Mando-By.
Mando-By es la
capital de la isla. Decir capital es mucho decir, ya que no hay un
núcleo de población y las pocas casas que veo están muy
distanciadas unas de otras. Es en Mando-By donde está la playa, si
es que a este fangal se le puede llamar así. También hay un pequeño
museo por el que mañana pasaré aunque por la hora, tan tempranera,
será imposible visitarlo. El conductor me ha dejado en
Naturudstilling, un restaurante con mesas fuera donde ofrecen un
plato nº 2 por 75 dk con pescado, carne y verduras. A falta de otra
cosa para elegir, trataré de probarlo.
Strandvej, camino
de la playa.
Bajo por este camino
hacia el mar y me llevo la gran desilusión. Es una playa de fango y
eso que estamos en la mejor hora, la de la marea alta. Cuando baje
más, será un lodazal. Una mujer vestida, acompaña a un grupo de
tres adolescentes. Con el efecto del sol, que me ofrece lejanas sus
figuras recortadas, lo mismo pueden estar vestidas o desnudas. Me voy
hacia el lado contrario a donde ellas están, me desnudo y me baño
de mala manera, temiendo que en cualquier momento pueda derrapar y
llenarme del barro del fondo. Estoy buscando un poco más de
profundidad de agua. Hay momentos en que, después de andar 100 o 200
metros, el agua no me llega ni a los tobillos. En una pequeña falla
marina, producida por alguna corriente, cubre algo más y, aunque no
puedo nadar, apoyo las plantas de mis manos en el fondo y consigo que
mi cuerpo flote un poco. Es todo lo que permite este lugar y con mala
sensación, pero algo más refrescado, me doy por satisfecho. Ya
cerca de la orilla, me agacho, echo agua por encima y sobre la
hierba, me seco con el aire que me da. Observo cómo la mujer y las
tres niñas van hacia el lugar en que me han visto meterme, donde me
cubría un poco más. De algo les he servido con mi búsqueda de
mejor sitio. No hablamos, pues todo el rato estamos a gran distancia
y ella sigue en el agua cuando yo me visto y me voy.
Cuando tenemos
ocasión de comunicar, me informa que hizo el camino de Santiago por
la costa en 2012, mientras yo iba hacia Bretaña en dirección
contraria. He vuelto de la playa por el camino que he bajado y, desde
arriba, fotografío el recorrido en zona donde hay una mesa algo
inestable y un banco para contemplar el paisaje marino.
Un poco más
adelante encuentro un edificio en el que leo Redningsstatione, que
puede ser un lugar de atención de náufragos, un sitio donde se
guardan embarcaciones de salvamento, o todo lo que quiera inventarme
sin saber nada de la realidad. Fotografío el lugar, porque me parece
que este va a ser el lugar elegido para dormir esta noche. Con esta
idea, me voy a cenar.
Naturudstilling.
En el restaurante
parece que no me quieren dar el plato que ofrecen. No sólo eso,
parece que no me quieren dar ni cena, aunque ponen como hora de
cierre las ocho y son las 7:15. Por fin, creo que le doy pena a la
chica y se decide a hacerme el plato que le he pedido. Cuando me he
asomado por la otra puerta he visto que admiten Visa, así que mucho
mejor para mí. Lo digo y el jefe lo autoriza. Le digo que incluya,
además de la cerveza pedida, otra igual, así que la cuenta será
75+25+25=125 dk. Después del pago en Correos de esta mañana, éste
será mi segundo pago con tarjeta. Me enrollo un poco con el grupo de
dos hombres y dos mujeres y les enseño mis dibujos, que no son
muchos. Uno en Donostia, tres en Holanda y cuatro en Alemania.
Todavía no he hecho ninguno en Dinamarca. Una de las mujeres valora
lo que cuento y el marido se emociona con el viaje que le estoy
contando y me da un efusivo apretón de manos. Los del restaurante,
cuando hablan de Mando-By, como la capital, hasta a ellos les da la
risa. Cuatro casas, un museíto y un molino. También alguna granja
aislada del núcleo. Después de cenar escribo el diario y, cuando
estoy en ello, pasan la mujer y las tres niñas. Es entonces cuando
tenemos oportunidad de hablar del Camino de Santiago por la costa, me
cuenta lo que ya he contado y acabamos despidiendo con el grito del
camino: ¡Ultreya! Los del restaurante ya se han ido. Yo también me
voy. Estoy temblando de frío y me conviene desentumecer los
músculos. Van a ser las nueve de la tarde.
Paseo antes de
dormir.
Voy por el camino
que bordea la isla. Luego aparece el que saca a pasear a su perro.
Hay alguno más que pasea, pero somos tan pocos que la zona
permanecería tranquila aunque saliese toda la gente de la isla a
pasear. Hago una selección de lo que veo y fotografío en este paseo
tardío: Un tronco con forma humana que, sin brazos, yo diría de
mujer. Es hierática y está tumbada, pero podría ser un ensayo para
mascarón de proa de alguna embarcación que no llegó a construirse.
Una piedra labrada con letras jeroglíficas en un lenguaje que no
entiendo, algunos de los signos parecen antropomórficos.
En otra
piedra está grabada una mujer marinera y como en el texto figura la
palabra Dronning, mi mente me lleva hacia los drones que todavía no
se habían inventado o que, al menos, eran desconocidos para mí en
aquellas fechas. Aunque una piedra tan pesada, sería imposible que
pudiera volar como un dron. El alfabeto empleado es el danés. La
clave me la da la “o” barrada de la palabra “lofte” y alguna
más.
Todas estas obras de arte están en el entorno que va desde el
lugar de la cena al Redningstatione. Vuelvo al lugar del camino a la
playa, donde han bajado algunas personas y yo sigo por el camino
intermedio, que es de hierba, pero está segada. A ambos lados, la
hirba está sin segar.
En un momento determinado me acerco a la zona
de lodos donde se pueden ver algunos diques de contención de las
arenas que consisten en hileras de postes de madera enclavados en el
barrizal. Me parece evidente que cumplen funciones de defensa contra
las mareas y para que el mar no se lleve los limos arenosos.
Sólo
encuentro a una mujer muda en el camino. Digo muda, porque le he
saludado y no ha respondido a mi saludo. Tampoco cuando nos hemos
vuelto a encontrar al regreso. La duna hace de dique natural y cumple funciones
de contención para que el mar no penetre en zonas de la isla que
están por debajo del nivel freático. En esta ocasión, y debido a
la calidad de las hierbas y su momento de maduración, parece que la
duna es de color rosáceo.
Quizás el color se vea realzado por la
luz del sol de atardecer, próximo al ocaso. Me vienen recuerdos de
mi niñez, cuando veo unas plantas silvestres que cuando éramos
pequeños y florecían, las llamábamos pollitos. La flor amarilla
que brotaba de unos sépalos verdes, muy claritos, casi blanquecinos,
los asimilábamos a la cáscara de un huevo por el que asomaba un
pollito recién nacido después de haber roto el cascarón. Cada flor
era un pollo y cada planta ofrecía varios de ellos. No vienen mal
estos recuerdos infantiles, en este momento en que estoy tan solo y
lejos de los míos y de mi patria. Acompañan mi soledad.
Así como
la duna, que permanece de color de rosa, es una construcción de la
naturaleza, el dique verde que veo al fondo, ya no es tan natural. Es
el hombre el que lo ha construido y con una finalidad clara de
protección contra las mareas. No hay que olvidar que seguimos en el
Mar del Norte.
Llego hasta el dique y desde allí veo el canal y la
carretera que se bifurca. Será la que mañana cogeré para volver a
pasar el dique que me llevará de nuevo al continente.
De regreso al
lugar donde pienso dormir, y detrás de una maraña de juncos propios
de marisma, entre los corralitos que antes ya he presentado, hechos
de troncos en hilera y que delimitan como si fueran propiedades
privadas, veo una motora encallada a la espera de que la siguiente
marea alta la ponga a flote.
Siguiendo por el otro lado, llego a la
otra parte del dique artificial que, al contrario del que he visto
antes, ha sido ya segado y han empacado su hierba para pienso animal,
¿para el invierno? Los animales no piensan, pero comen pienso. No
estaría de más que algunas personas lo comieran para ver si
pensaban mejor con su cabeza de cenutrios.
Puesta de sol.
Ocaso del día.
Cuando regreso a mi
zona, donde está el banco de las contemplaciones, hago tiempo para
poder ver la puesta del sol. Subo al banco para poder ampliar la
visión sin obstáculos y saco tres instantáneas. Llega un
matrimonio danés y mientras seguimos con la mirada la desaparición
paulatina del astro rey, les cuento mi viaje.
Terminada la puesta del
sol, les digo dónde voy a dormir. No les parece mal sitio. Ellos se
van para su casa.
A soñar con los
angelitos.
Hago la cama un poco
alejada del muro de la casa-hangar. Sigo pensando que es para
salvavidas, aunque lo que he visto por dentro más parece un almacén
de deshechos desechables, donde hace mucho tiempo alguien trabajó
esculpiendo.
He extendido la esterilla sobre la hierba y me he metido
dentro del saco. Los caballos vecinos se hacen sentir pero no me
molestan durante la noche. Duermo bien y sólo me levanto dos veces
para orinar. En una de ellas, veo la luna llena, pero de menor tamaño
de lo que me había imaginado que sería. Ningún día estoy viendo
estrellas y aquí está claro que la contaminación lumínica es
mínima. Buenas noches.
Balance de mi
primer día completo en Dinamarca.
Lo mejor ha sido la
ayuda de la bibliotecaria para entrar a mi correo y la prestada por
el conductor que me ha llevado en coche por mar a Mando. También el
peso que ha reducido mi mochila por el kilo y medio que he mandado
para España. Lo más curioso, el dique de paso a la isla de Mando.

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