Etapa 25 (466) Nebel-Rantum



Etapa 25 (466), 30 de junio de 2015, martes (san Marcial).
Badestrand Nebel FKK-Süddorf-Wittdün-(barco)-SYLT-Hörnum-
Rantum.

Amanecer en FKK Nebel.
Apoyado en mi mochila contemplo el paisaje. A las seis y media me levanto, recojo todo en mi mochila y a las 6:45 ya estoy en marcha. Hoy en Irun es el día grande de las fiestas de los Sanmarciales. Como yo no nací allí, no lo llevo en la sangre. Además, mi tiempo de mili, no me hizo muy amigo de lo marcial. Me gusta más el desorden controlado o el control desordenado. Prefiero el baile a mi aire, que la uniformidad del gallo que echa su polvorete…, que la abuela fuma, la abuela bebe…, o cualquier otra canción en que todo el mundo en fila, y equidistante, se mueve al unísono, haciendo los mismos gestos, dando los mismos pasos, con coreografía ramplona.

 




Dejemos el baile y volvamos a la playa. Por la orilla veo sólo a un chico que pasea con su perro. Le tira algo al agua, el perro lo recoge y se lo lleva a su amo, dos, tres veces y continúan corriendo hacia el Norte de la isla. He recogido el saco pero, sin retirar la esterilla, saco una foto de la que ha sido mi placentera cama esta noche. Mi sombra parece la de un alto faro, que es mi propia guía. Siempre que sale el sol, mi sombra me acompaña. Con mis mochilas encima, entre pecho y espalda, camino descalzo por la arena dura. 

 


La marea baja facilita el buen pisar de mis pies. La orilla está algo alejada. Me voy acercando a los puestos de vigilancia de los socorristas, por donde ayer pasé. Así voy llegando a la zona de playa correspondiente a Süddorf. Al fondo se ve el faro que visité, y al que subí, ayer por la mañana. Me acerco un poco más a la orilla, pero no tengo intención de repetir el mismo camino y voy hacia las dunas. Es entonces cuando veo a un hombre desnudo que se dispone a darse un baño. 
 
Es probable que, si yo hubiera ido más cerca de la orilla, también me lo habría dado, pero no es el caso y, además, a esta hora tan temprana la temperatura, grata para caminar, no me resulta suficiente como para darme un baño. Dejo al hombre que disfrute, si es su gusto, y continúo en medio de dunas y orilla.

Hacia Wittdün.
Tras media hora de caminar, entre Süddorf y Wittdün, me acerco a un tenderete construido con material de desecho. Ayer no lo vi porque no vine por aquí, sino que fui del faro a Nebel por el carril bici. Es un habitáculo pequeño, con patio muy particular y vallado por redes y plástico que hace las veces de paravientos. La puerta tiene un cartel que pretende que, este espacio, sea un lugar sin malos humos. 
 
Al fondo, la linterna del faro no me pierde de vista. Como no voy a darme un baño, sino que lo que quiero es encontrar un sitio donde desayunar, voy hacia las dunas con intención de llegar cuanto antes a Wittdün. Pero cuando llego a la duna y veo su fina arena sin ninguna pisada; sólo las huellas de las patas de algún mamífero cuadrúpedo, y un cartel desvaído que no sé si prohíbe o recomienda no pasar, el caso es que no me atrevo a transitar por dentro de estas dunas. Es una lástima, pues la arena finísima es invitadora. 
 
Tardaré todavía un buen rato para encontrar un lugar accesible, con muchas pisadas y una escalera rampante que sigue la misma inclinación de la duna. Es de madera y más apropiada para los que vienen calzados que para los que salen de la playa descalzos como yo. El piso es como si camináramos por la playa, aunque las dunas próximas indican su vulnerabilidad. 
 
Son dunas muy frágiles y me sorprende que no pongan cuerdas para protegerlas. Quizás no sean necesarias, porque el personal que acude aquí parece que las respeta, al menos no se ven pisadas que las dañen. Hago un dibujito de dunas bajas, con playa y mar al fondo. La fecha la coloco en el mar, casi en el horizonte, como si de veleros camino al Cantábrico se trataran. El subir a la duna me propicia ver un mar interior o, quizás sería mejor decir, un pequeño lago pues pienso que probablemente sea de agua dulce. Un frondoso matorral recibe la humedad necesaria y, a la vez, impide el paso al agua. Mejor, así no corro el riesgo de enfangarme. 

En zona alta, con duna consolidada, una señal me indica el lugar conocido hacia donde quiero ir. El nombre de Zeltplatz, no me dice nada, ya que en mi mapa no aparece y, además, me llevaría en sentido contrario al que quiero. Está en el punto 1.17. Voy rodeando el lago por la parte de arriba. 

 
Ahora el camino es de tablas o listones que van flotantes por encima de un juncal. Nuestra Señora del Juncal es la patrona de Irun. No hay que olvidarse de ella en este día en que sólo veneran al patrón. Este camino, desde donde voy viendo en el agua gaviotas y patos, me va acercando a la capital. 


En un cruce de camino de arena donde, por las huellas de tractor que veo, da la impresión que sea el lugar por donde acceden los vehículos que se encargan de la limpieza de las playas que están al otro lado de las dunas, una vez superado el lago, veo unas palmípedas, que muy bien podrían tratarse de la especie Branta Bernicla.


Wittdün. Mein Inselbacker.
Llevo ya dos horas caminando y tengo hambre. Llego a camino conocido, a los dos paseos por los que anduve la tarde-noche en que llegué a la isla. No hará ni dos días y ya estoy a punto de marchar. No ha sido tiempo perdido, pues me voy contento de lo disfrutado en esta isla. Espero que Sylt me ofrezca algo todavía mejor. 

Desde arriba veo el paseo asfaltado, pero camino por el superior, que me lleva a pasar por la torre panóptica, roja y blanca, que anteayer fotografié desde abajo. Ahora la ofrezco al completo. Ya en el centro de la ciudad, busco un lugar para desayunar y pregunto a un hombre que viene de la panadería con el pan recién comprado. Me acerco a ella, pero no tienen retrete y busco otro lugar. Encuentro abierto otro establecimiento pero, aunque no dan desayunos, me ofrecen su retrete. Se lo agradezco y acepto la oferta. En vez de comer lo que hago es descomer y me voy agradeciendo el detalle. Ahora ya no me importa desayunar en la panadería. Un capuchino y un caracol por los que pago 3,60€. Son las 9:30 cuando acabo de escribir y me voy del lugar hacia el albergue juvenil, donde los canarios deben hacer esta mañana el checking-out. Trataré de charlar un rato con ellos. No puedo perder la oportunidad de alargar la conversación iniciada ayer y en castellano.

Los canarios.
Cuando llego, están preparados para bajar las maletas y a la lavandería, donde tienen una colada en marcha, algo habitual cuando se tiene niños pequeños. Dejan allí todas las cosas y me acompañan para sacar el billete a Sylt. Saco billete en el Adler Express, que me dejará en Hörnum, al Sur de la isla de Sylt. Me cuesta 18,50€. No he podido pagar con Visa. Ellos no tienen claro si les conviene marcharse en el ferry de las doce o en el de las tres de la tarde. 
 
Todavía les queda viaje por delante ya que tienen intención de visitar Hamburgo y Berlín. Sara tiene plaza fija, ganada por oposición, en Odontología y Nieves es Controladora aérea. Vamos hacia la playa que no me gusta, pero que, por cualquiera de los dos paseos es adecuado para caminar llevando a Santi en su sillita. Saco una foto de familia, aunque Sara hace vida aparte fotografiando la playa marismeña. A pesar de la apariencia, es una familia muy bien avenida. Los gemelos de 14 años ya han superado en altura a su madre y Santi, el pequeño, tendrá tiempo de crecer. 
Observados por su hermana, y los demás, Ramón hace el gamberro metido en la arena fangosa. Quiere que le saquen una foto subido encima de uno de los tocones, enclavados en el fango, que delimitan la playa hacia el agua. Tras el intento, los dos gemelos, ¿o mellizos?, se dan un bonito abrazo de hermandad. Julia dice que ahora se llevan bien pero, de más pequeños, siempre andaban como el perro y el gato. Aprecio, y se lo digo, esa oportunidad que se han dado de ser madres las dos, y me quejo de que los hombres no tengamos esa posibilidad de dar vida a un ser en nuestras entrañas. Considero a las mujeres madres unas privilegiadas. Sara muestra su acuerdo con lo que digo. Dan las 10:30 y me despido, no puedo correr el riesgo de quedarme en tierra. Compartimos dirección de correo, y les prometo noticias, pero nunca tuve respuesta. Una pena, pues parecía que el encuentro había sido grato para las dos partes. Lo volveré a intentar, ahora que sé adjuntar fotos al correo, y les enviaré estas dos que pongo en el blog. Me despido de esta fantástica familia y, pasando por delante del albergue juvenil, deshago el camino que hice la primera tarde al llegar, y me dirijo hacia el puerto.

Adler Express.
Cuando llego al puerto de embarque, una señora me habla, pero sólo sabe alemán. Saco foto del entramado de embarque. Aclaro que la isla de enfrente es la isla de Föhr y, la de la derecha, que apenas se ve, es la de LangeneB. Ella me avisa de cuál es el barco que vamos a coger cuando lo ve venir de lejos. Bajan primero los pasajeros y luego los ciclistas con sus bicicletas. Como no es un ferry, sino que es un barco turístico con guía y explicación en alemán, es más caro que los otros. Maldita la gracia… 
 

Si por lo menos me tradujeran lo que cuentan en el recorrido hasta Sylt… Cuando el barco queda vacío y dentro sólo la tripulación, esperamos a que nos autoricen a subir. Según mi mapa, el recorrido del barco de Wittdün a Hörnum es por mar abierto, pero la realidad va a ser muy diferente, pues iremos por el mar interior. Casi todo el tiempo entre Amrum y Föhr, hasta que pasemos por la lengua de arena del Norte, donde estuve ayer por la tarde. 
 
Fotografío al Adler Express antes de embarcar y, después, ya embarcados. Enseño el billete, pero no me lo cortan. En la parte de atrás del billete aparece un gran ferry, que no coincide con la realidad de este viaje. En él puedo leer W.D.R. Nordfriesland. Hemos salido puntuales. Escribo y me levanto para hacer fotos. 

Fotografío el alejamiento de Wittdün, con la estela blanquecina que va dejando el barco en su marcha del puerto. También saco otra foto hacia Föhr, que muestra la distancia más próxima a la que nos acercamos en todo el recorrido. Las explicaciones de la guía se refieren a este lado de mar interior de Amrum. 

Cuando llegamos al Norte de la isla, el mar se va abriendo y tenemos a la izquierda a Amrum, a la 
derecha a Föhr y, al frente, la costa Sur de Sylt. 

 




Una foto de pasajeros bajo el techado del barco, ofrece al fondo el Norte de Amrum, la zona de la lengua de arena, por la cota 4.41, donde estuve ayer. 


Luego sacaré otra foto, sin barco, y como despedida de una isla que me ha sido muy grata. Una foto hacia las playas del mar interior y avistaderos de aves, por donde pasé ayer antes de cenar en Norddorf y que finalizan en el arenal del Norte. 

 

Ahora se trata de enfilar hacia Sylt y doy por finalizada mi visita a Amrum. La ventaja de este barco, sobre los ferris, es que no lleva coches. 



Me alegro de que el recorrido sea el que es, pues así he repasado el Norte que vi y veo el Este, que no vi.






F I N    D E    A M R U M
   


Continuamos camino en el Adler Express. Último adiós a la magnífica playa de Amrum, al Mar del Norte abierto, y en la que tanto disfruté ayer. Ahora, dejando atrás el pasado, que es Amrum, saco tres fotos de acercamiento a Sylt, que representa el futuro de esta preciosa aventura que es mi viaje, aunque lo considero poco aventurero. Lo único que tiene de aventurado es la imprevisión de los lugares a visitar y de los lugares donde voy a comer, si como, o a dormir, si duermo. 
 
Para mí aventura es ir a países exóticos, fuera de los viajes organizados por agencias, donde hace falta visado, hay que untar a la policía y riesgo de enfermedades infecciosas. Viajar por Europa, no lo considero aventura pero, algunos sí… Desde la popa, saco foto a lo que queda a lo lejos de Föhr, a la izquierda y Amrum a la derecha, junto a algunos pasajeros que me acompañan a Sylt. 

Nos acercamos a Sylt, donde desde el Adler, ya se ve el faro y la ciudad del Sur, Hörnum. La playa de más al sur, aun siendo de la parte del mar interior, de lejos, tiene buena pinta. Veremos luego lo que ofrece. A las doce menos cuarto ya estamos entrando a desembarcar en el puerto. Se ve gente en la playa, lo que me parece buena señal. Quizás no sea fangoso el mar de la isla más alejada del continente alemán. 
 
Su parte Norte entra geográfica, aunque no políticamente, en terreno de Dinamarca, si lanzáramos una línea horizontal desde la frontera continental. El límite estaría algo más al Norte de donde han construido el dique por el que circula el ferrocarril alemán. Este dique divide dos parques naturales: el del Sur, el Nationelpark Schleswig Holsteinisches Wattenmeer, alemán y, en el Norte, el Danischer Nationalpark Wattenmeer. Ya hemos atracado en Sylt.

S Y L T




Hörnum.
Unos desembarcamos y otros esperan para embarcar. A mí se me acabó Amrum y a otros se les acabó Sylt, la isla donde confío en que disfrutaré tanto como allí. Si en Amrum he dejado a una familia canaria, en Sylt encontraré a una joven que trabaja en hostelería, en verano en esta isla y, en invierno, en Fuerteventura. ¿Nos veremos en invierno en las islas afortunadas? De momento, fotografío el Adler Express antes de marcharme, pues antes sólo lo había hecho de forma parcial, sin dar idea de las dimensiones de este barco. 
 
Junto a una piscina, fotografío el faro, que no se puede visitar, y al que ni siquiera he podido acercarme. La foto va también con los asientos de playa característicos de las playas alemanas. Este no es de mimbres entrelazados y dispone de cajoncillos debajo, para guardar pertenencias de los propietarios y que tendré ocasión de conocer su bondad y su maldad esta misma noche en una playa de Rantum. Desde el dique de asfalto con embaldosado en el paseo marítimo, observo que la gente toma el sol pero no se baña. También veo poca gente en la orilla. Mala señal. En el horizonte, Föhr, a la izquierda, y Amrum, a la derecha.

SüdKap.
Me parece buena hora para comer y olvidarme del tema. Decido comer en un restaurante que está junto a esta playa, Sud Kap (Cabo Sur), donde pido un Rumpi Rotwein, un gordo filete de ternera, que no sangraba como a mí me gusta y había pedido (bleu, me iba bien con los franceses, pero aquí no sé cómo decirlo), pero que me lo he comido enterito y a gusto. También bebo una König Pils y un helado, que había entendido de café y es de chocolate. Ponía Danis Kaff… y me quería ir haciendo a los gustos de la próxima nación, que ya tengo tan cerca. Pago 28,40€ y sigo sin poder pagar con Visa. ¿Va a ser así en toda la isla? No creo que todos los alemanes y de otras nacionalidades que vengan a la isla más turística de Alemania paguen todos sus gastos en metálico. Si sigo así, voy a tener que volver a sacar dinero de algún cajero que encuentre, algo que no voy a encontrar en la playa.


Postales y Turismo.
Buscando Información turística, encuentro postales a 40 céntimos y compro diez. No quiero que les pongan sellos, porque las escribiré y echaré en Dinamarca. Aunque alguna la escriba en Sylt no quiero actuar con precipitación y escribirlas a trompicones. Pago 4€. Encuentro la Oficina de Turismo y consigo el mapa necesario para moverme bien por esta larguísima isla aunque, es muy probable, que con el que llevo, hubiera sido más que suficiente. Pero no está mal uno más grande y detallado.

La playa del Sudeste.
Saco otra foto con presencia lejana de las islas abandonadas esta mañana, pero fijándome más en el piso de la orilla de arena y en las sombras del fondo del mar. No me inspira confianza y temo que la arena del fondo sea también fangosa. No tengo ninguna prisa en darme un baño, pues espero que más al Norte disfrutaré de zonas nudistas FKK anunciadas en mi mapa.

Abandonando Hörnum.
Doblando el cabo del Sur, y alejándome de Hörnum, aunque esté a la par, pero por el lado del Oeste, el piso de arena es más inestable, y se ve que la parte de tierra sufre el embate de las olas del mar, que la hacen muy vulnerable. 



También el mar, que hasta ahora veíamos calmo, se ha embravecido, probablemente por las corrientes marinas que genera, en el cabo, la confluencia de los dos mares, el exterior y el interior. Poca gente se acerca por aquí. No hay espacio para la arena seca y ésta se ennegrece. 


Poco a poco voy viendo paseantes que se animan a recorrer este espacio menos playero, menos apto para tomar el sol, pero bueno para hacer un bonito circuito de ida y vuelta. Para mí sólo va a ser de ida y siempre hacia el Norte. Las dunas aquí se ven cortadas a machete, con brusquedad, son vulnerables por el agua del mar y por los vientos. Nadie las protege.
 
¿Cuándo llegaré a List, el puerto de embarque para pasar a Dinamarca? Hay que tener en cuenta que la isla es larga y, según me han dicho, una de las favoritas, si no la más, de los alemanes. También, por lo mismo, una de las más caras. Espero no arruinarme. Aunque los fondos de mar próximos a la orilla siguen pareciéndome poco católicos, las dunas ya se van separando de la orilla, y van dejando amplias zonas de arena seca, donde se puede tomar el sol con toda tranquilidad y distraídos por el paso de los caminantes, que ofrecemos un espectáculo variopinto y cambiante. Veo a lo lejos, en un saliente del arenal, unos elementos que parecen pétreos, como una escultura, que se ofrece a los peces y al mar.
En Hörnum del Sudoeste.
Por el lado de tierra, algunas casas de Hörnum. La gente que se tumba cara al sol, o de espaldas al astro rey, lo hace con bañador, aunque la zona se prestara al nudismo y, si no supiera que lo voy a encontrar después, con toda certeza, aquí me desnudaría y bañaría. 
 
Ya de más cerca, veo que lo que pensé pudiera ser una escultura, son unos elementos de cemento colocados estratégicamente aquí para contener el embate de las olas y que el mar no se lleve la arena que los de Hörnum quieren mantener en su playa. La siguiente foto, muestra esta amplia playa, aunque todavía aquí casi desierta, con mucho del caserío de la ciudad del Sur y el faro que he fotografiado antes, al llegar a la isla. 

Estos pivotes de tres pies, de cemento, son una buena solución para conseguir lo que persiguen y no son demasiado feos desde el punto de vista de la estética. Como ya estoy llegando a Dinamarca, me hago a la idea de que estoy en Copenhague. Fotografío a una chica que se ha sentado en uno de los pivotes y se mira los pies. Se da cuenta de que ha perdido su cola de pez y ya no puede ser la sirenita de la capital danesa. Lástima. ¡Qué tragedia! 
 
La foto me parece bonita y más si fuera de mi chica. Todavía sin perder de vista alguna de las casas de Hörnum, veo otro dique de protección, que ha quedado más hundido y que sirve para lo mismo que el de antes, para que no se vaya la arena de la playa. Lo que me sorprende es que haya tan poca gente aquí.

Nudismo FKK.
Por fin, llego a la playa deseada. La primera nudista del Sur hacia el Norte. Me coloco cerca de los primeros que veo desnudos y me doy tres baños. ¡Qué bien se está, con buena temperatura y buena entrada al gua, sin limos, como disfruté en las primeras Frisias holandesas en 2013. Dos años ya han pasado desde entonces. Los dos primeros baños, en ela primera zona, han sido de entrar y salir. Hay profundidad suficiente enseguida para nadar bien, pero en el segundo baño, salgo pitando, pues veo dos medusas. 
 
Luego voy a donde se mete la mayoría de los nudistas, no hay medusas pero no cubre apenas nada. Me tiro al agua y casi reboto en el fondo, de modo que salgo pitando también. Se está muy bien en la arena, al sol. Paseo por la orilla. Me acerco a la duna y veo que allí se ofrece sauna, pero es privada. No hago ningún mérito, ni numerito, para que me inviten. Vuelvo a mi sitio a tomar el sol, de decúbito prono y supino, a un textil que ha hablado conmigo varias veces, le pido que me saque una foto y me saca dos. 
Son discretas, tanto que, como mi torso delantero queda en sombra, no se sabe si soy hombre o mujer… salvo por los pechos… que los tengo de jovencita impúber. Tras hora y media placentera, a las cuatro, abandono el lugar. 

 





Paso por la sauna para fotografiar el acceso. Me limito a ver la escalera. Como hay una cadena intermedia, no me atrevo a subir para ver lo que se ofrece arriba y me quedo con las ganas de saber. Y sé lo que es gracias a que sauna se escribe igual en los dos idiomas, el alemán y el castellano. 
 







Luego vuelvo a la orilla y voy caminando por ella continuando hacia el Norte. Me cuesta interpretar el nuevo mapa. La marea está subiendo y se camina mal por la arena seca recién humedecida por las olas de orilla. La siguiente zona de playa a la que llego ya es textil, pero un hombre que está cerca de un acceso a la playa, hace de su capa un sayo, está desnudo y nadie le dice nada… y, si le dicen, creo que le dará lo mismo. Hace uso de su libertad y el que no quiera ver un producto de la naturaleza, que no mire. Si algún miembro de los que cree que el hombre es creación divina, se escandaliza, peor para él, se tendrá que desescandalizar. La palabra desescandalizar no me la admite el diccionario de Google. ¡Que se joda! Yo la mantengo. Estoy en mi derecho.  

Siguiendo el nuevo mapa, subo a la duna, pero no lleva al camino paralelo a la carretera que veo en él, así que vuelvo a bajar. Camino por la orilla hasta que llego a al pabellón de los socorristas, que están en la cota 75 de la playa, junto a una rampa en dos tramos. El primero y más corto, va de la arena a la caseta de vigilancia. El tramo más largo, de la caseta hasta arriba. Allí es donde leo en el poste el nº 75. Será por la siguiente rampa por la que podré llegar a la carretera. Para andar mal por la orilla hasta que empiece a bajar la marea, prefiero carretera y cambiar de paisaje. Una cuadrillita de chavales sale de la playa a la vez que yo. Es evidente que esta zona no es nudista.
Seis fotos desde la carretera.
Los socorristas alucinan con mi viaje. Cuando llego a la carretera, veo dos edificios que, por su estructura me hacen pensar que pudiera ser el albergue juvenil, pero no puede ser puesto que en mi mapa y el que me dieron de los Jugendherberge, contempla tres, uno el que hice uso del Sur, en Hóenum, otro al Norte, en List y, en la mitad, Westerland, el tercero, a donde no llegaré hasta mañana por la mañana. Así que es imposible que estos edificios sean albergues de la organización Hostelling International, pues figuraría en alguno de los dos tres mapas que llevo. 
 
En la carretera, leo que para llegar a Rantum, aún me faltan 9 kilómetros. Abandono el carril de peatones, por la derecha, y voy por el de bicis, a la izquierda, que me da más información. Las dunas del lugar, forman montañas de arena, más o menos frágiles y más o menos consolidadas. Es lo más destacado desde la llanada holandesa. Los valles parece que se anegan de agua y ofrecen una flora típica de marisma.
Comienzo a ver profusión de plantas con flores rosáceas y lilas que culminarán en agosto en frutos rojos, como tomates, y de las que hace tiempo os vengo hablando. No es cuestión de repetirme, algo que ya me obliga a hacer este diario por su condición de relatador del día a día. Acabo de abandonar las playas de arenas doradas del Este, el lado más bello de la isla para los que nos gusta tomar baños de sol y mar, y empiezo a ver el lado Oeste, fangoso y sin esos alicientes que yo valoro. Veo el horizonte hacia el Norte continental de Alemania. Pronto se acabará. 
 
Las plantas de las flores rosáceas se enseñorean del terreno formando espesos arriates de matorral. Algunos ofrecen flores blancas, pero no habrá diferencia en sus frutos, que también serán rojos. Las dunas siguen siendo altas montañas. Algo alejado de la carretera veo un camino que, probablemente, me llevará hacia Rantum, pero no lo sé, no veo forma de acceder a él y, además, temo que me obligue a dar vueltas y revueltas, algo que a los ciclistas no les supone mucho quebradero de cabeza, pero sí al que camina. Sobre todo ahora en que, a las cinco y cuarto, ya estoy pensando en buscar un sitio en que pueda cenar y poder ir a dormir a la playa antes de llegar a la ciudad principal de esta isla, Westerland. 
Nada más sacar la foto del que creo es carril-bici, que también parece un dique, aparece una gran bandada de estorninos que me obliga a sacar otra foto casi repetida, similar a la anterior, pero ahora con estas aves volanderas, que dibujan en el cielo juegos de luz y sombra, verdaderamente nunca repetidos e irrepetibles y que yo tendría grandes dificultades de plasmar en mi cuaderno de dibujo. Forman manchas blancas en la hierba y negras en el firmamento celeste. 
 
Como ésta es la parte más estrecha de la isla, lo mismo veo el mar, unas veces hacia el Este y otras hacia el Oeste. Ir por carretera sin arcén, aunque con la hierba de los lados bien recortada, no es el lugar más grato, puesto que hay bastante circulación viaria, pero es lo que hay y debo apechugar con la decisión tomada. Ofrecen restaurante hacia la playa, la llaman de Samoa, pero no me animo a volver a ella. El menú que ofrecen es caro, aunque el que ofrece el lugar en que cenaré no le va a dejar en la zaga. Casi dos horas después de haber salido de la playa, llego a un restaurante donde cenaré. Aquí voy a conocer a Simone. Un bonito encuentro.

Hus in Lee. Simone.
Este restaurante se anuncia también como cervecería y como café-jardín. El caso es ofrecer algo para atraer clientes. Lo primero que hago es preguntar si admiten pago con Visa, y me aseguran que sí. Desde el día 27 llevaba haciendo pagos en efectivo porque no me cogían la tarjeta. La traducción del nombre del restaurante, que luego me dirá Simone, es: Casa a Sotavento, de ahí el nombre con el anagrama de la tarjeta, que parece se lo lleva el viento. Por suerte, hoy no sopla. Como adelantaba, Simone es alemana. Trabaja aquí en verano y, como parece que el viento es lo que le prima, en invierno lo hace en Fuerteventura. 
 
Así cambia de vientos. Los fríos del Norte germánico y los más cálidos del Sur canario. Se ve que también le gustan las islas, tanto las Frisias como las Afortunadas. Me parece una chica lista. Si hay que trabajar, al menos procura hacerlo en lugares con buen clima. Ella es joven, yo tuve que llegar a la jubilación para realizar mi sueño viajero del que ahora disfruto sin la traba de lo laboral. Como tengo intención de ir el próximo enero de 2016 a un apartamento que me dejarán mis amigos de Hendaya, me da su teléfono y su correo por si nos podemos ver en Fuerteventura. 
 
Simone me orienta en el pescado a elegir y acierta. Está rebozado en fideos de patata y el pescado tiene consistencia. ¿Rodaballo, crabarroca, bacalao? El plato se llama Steinbeisser, de 26,50 euros a los que hay que añadir 8 de una copa de vino blanco Grauburgunder, ¿un Riesling? El acompañamiento es de brécol, coliflor y vainas al dente. También una salsita muy fina. Riquísimo. Ha preguntado y el jefe ha autorizado a que pague con Visa. 

Va a ser mi cena más cara, aunque le superará con creces la que haga en Berlín al finalizar mi viaje en la frontera polaca. La más cara, pero también la mejor. Al final, lo que importa es la relación calidad-precio. Sobre todo cuando no se viaja con penuria económica y, además, como lo paga Visa… La cuenta asciende a 34,50€ y lo doy por bien pagado. Así culmina un buen día en cuanto a clima, nudismo, baños, contactos y alimentación. El pago, aunque es en junio, se me acumulará a los realizados en julio, que me convenía no engrosar. Bastantes pagos deberé hacer en Dinamarca en ese mes. Lo deberé tener en cuenta para no pasarme de mi límite. Simone me ha sacado una foto sentado en la poltrona, algo incómoda para cenar, yo previamente otra con el edificio de la casa a Sotavento y del jardín donde están las mesas para los comensales y, del plato de pescado, cuando me lo han sacado. Escribo mi diario y levanto el vuelo a las ocho. 
 
Me despido de Simone, agradecido por su ayuda, y le aseguro mis noticias. ¿Tomaremos una cerveza en Fuerteventura en enero? Aquel invierno no nos veremos en Fuerteventura, pues no le salió el trabajo allí como otros años.

Rantum. En busca de dormitorio.
Salgo del Hus in Lee y retrocedo por carretera hacia un camino que he visto al pasar, que llevaba hacia la playa. Fotografío alguna de las casas de Rantum. Están diseminadas por la montaña y parecen incomunicadas debido a la gran maraña de arbustos de flores rosáceas. 
Las montañas siguen siendo las típicas de las dunas que ya me estoy habituando a apreciar. El sol de atardecer las favorece en sus juegos de luz y sombra. La mayoría de las que están más próximas a la carretera tienen el típico tejado de paja. Un tejado oscuro, pero veo una que lo tiene amarillo. ¿Será de construcción reciente?, ¿será sólo el tejado el que han renovado? No lo podré saber y confío en que con las lluvias y la nieve pronto se oscurezca. 


Habituado el tejado oscuro éste, casi albino, me desagrada. Además los rayos solares de la tarde maximizan su elemento diferenciador de sus vecinos y, aunque sea su seña de identidad, no le favorece, al menos para mi gusto. Por fin, llego al camino que me llevará a la playa. Es de madera y arranca en escalera descendente. 


Escalera muy sólidamente construida y pensada también para personas mayores con algún banco en los descansillos, como se ve en la foto que saco. En uno de los cruces, pregunto y me dicen que para ir a la playa es mejor que siga a delante. Desde arriba fotografío, entre las hierbas altas de la duna, uno de los puestos de vigilancia, el nº 5.50 que, aunque no me diga nada, me confirma que estoy en Rantum.

Preparando mi cama.
La playa es inmensa, como la veía antes de salirme de ella, pero la configuración de las dunas es otra. Ahora son más altas, no permiten el paso para refugiarse entre ellas. 

Están como cortadas a machete por la acción de los vientos que las azotan. La única alternativa es dormir tras algún matorral y no me apetece, porque no me va a defender del aire. Avanzo por la playa, hasta que llego al nº 67. De esta forma, con el último mapa, puedo saber en qué punto estoy. Compruebo que sigo en el entorno de Rantum. Como sabéis había abandonado la playa más atrás, en el nº 75. Con todo, sigo algo más hacia el Norte. Eso me hace pensar en otra estrategia y decido dormir juntando dos de los sofás de dos plazas habituales. 
 
Elijo los números 5623 y 5629. No es cuestión de elegir dos cifras contiguas. Habría necesitado ser un Hércules y, como mucho, soy un Herculito, sobre todo cuando estoy desnudo. Me cuesta desplazar uno hacia otro que considero bien orientado contra el viento. Entre dos personas sería fácil moverlo, pero no es tarea para un hombre solo. No consigo dejarlo a la perfección, como me hubiera gustado, pero casi lo logro. Así voy organizando mi cama. Han aparecido dos parejas por el entorno. Se acomodan en otros asientos sofá. Una de ellas no deja de observar todas mis maniobras. Ni se acerca, ni me dice nada, y yo sigo a lo mío. Finalmente, se van. 

Abro los cajones de abajo, que hacen también de apoyapiés, para colocar sobre ellos mi mochila, con mi mochilita dentro, una vez haber sacado la esterilla y el saco de dormir. Así la mochila forma una plataforma intermedia a la altura de los asientos y puedo conseguir la máxima largura de cama durmiendo atravesado, con la cabeza en un ángulo de un asiento y los pies en el contrario del otro. La mochila cerrada da continuidad a la cama, como si de colchón se tratara. Con todo, el ajuste no será cómodo y no da la medida que mi cuerpo necesita, así que me tumbaré con las rodillas algo flexionadas. He tenido que sacar un cajón de uno y otro del otro. La mochila apoya en los dos. Ha quedado una buena tarde que no hace presagiar lluvia nocturna, así que el hueco que queda abierto por arriba, entre los dos toldos, no va a ser problema. Tras darme Aloe-Vera en los pies, me meto en el saco y me tumbo. Se me ha hecho una rajita, bajo el meñique, en el pie derecho. También ha empezado a ponerse morada la uña del anular (describo como si de la mano hablara) del otro pie. No recuerdo cuál de los anulares fue el primero en amoratarse. Ya están los dos, como casi todos los años, y sus uñas acabarán cayéndoseme. Lo achaco a falta de riego por la forma de pisar, pero no tengo argumento científico. El caso es que ya están ambos pies casi igual. El papiloma en el meñique del izquierdo no me está dando problemas, aunque está claro que mi dermatóloga no lo pudo eliminar del todo, como fuera intención de mi dermatóloga. He tenido la precaución de orinar antes. Son las nueve cuando me acuesto.

Esperando a que llegue la noche.
Cuando estoy acostado, y todavía sin sueño, me digo que es mi oportunidad de ver el ocaso solar. Parece mentira que sea el primero, tras llevar casi un mes durmiendo frente al mar. Bueno, no siempre. Bien es verdad que salvo las tres primeras islas, Ámeland, Schermonnikoog y Borkum, las siguientes noches fueron en continente y el sol se escondía tras las islas Frisias que no visité, hasta llegar a Amrum y Sylt. ¡Por fin dos días de verano! Espero que sigan. 

El ocaso se va a producir poco después de las diez y lo fotografío desde mi cama, entre el hueco que me queda entre mis dos sofás-asiento-cama. Ningún paseante de playa interfiere mi visión del astro rey. Hubiera sido demasiada casualidad cuando los últimos que van por la orilla son tan escasos. Para la última foto me asomo un poco más por el hueco, con el fin de que no haya elementos extraños al fenómeno que me ocupa. No veo el rayo verde. Creo que el Reino Unido no interfiere y ya estoy en el paralelo de Gales. 
 
Esta foto va a ser la última de hoy, pero también la última con esta cámara, que fenecerá esta noche, por razones de peso. Me levanto dos veces a orinar y me arreglo bien para salir y entrar a mi recinto. Aunque el colchón no es nada como, consigo dormir bastante bien. Tanto, que me dan las seis y media sin enterarme. Durante la noche, la luna se va llenando deprisa. La marea ya está subiendo.

Balance de jornada entre Amrum y Sylt.
Además del espléndido día, que me ha permitido disfrutar de sol, playa y baños, lo mejor de la jornada han sido los encuentros personales. El de la familia canaria, y el de Simone (la “e”se pronuncia). Con esta última volveré a contactar por correo electrónico, pero no así con los canarios. ¡Una pena! Mañana conoceré a Ingrit y pasado a Siim.



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