Etapa 22 (463) Uelvesbüll-Hüsum



Etapa 22 (463) 27 de junio de 2015, sábado (samstag).
Uelvesbüll-Porrendeich-Uelvesbüll-Finkhaushallig-Hüsum.
 

Despertar volátil en la iglesia.
Me despiertan los pájaros y miro al reloj. Son las 4:20 y ya hay claridad. Me vuelvo a dormir. A pesar de la dureza del suelo, estoy relativamente cómodo. Me levanto antes de las seis y para las 6:10 ya estoy en marcha, con la pastilla en el coleto. Antes de partir fotografío el sitio en el que he dormido. Cojo camino de bicis siguiendo la misma ruta de ayer. 
 
Al salir del pueblo, el cartel de finalización de Uelvesbüll indica un kilómetro al siguiente, Porrendeich. Llego a un cruce, donde se me da otra opción. A poco más de un kilómetro Simonsberg. En realidad, Porrendeich parece que ni existe, o puede ser una zona que abarca estos pueblos. Estoy hecho un lío. 


Es probable que donde he dormido ni siquiera fuera Uelvesbüll, o un barrio del mismo. No lo voy a poder aclarar. El anuncio que he visto al principio que he interpretado como final del pueblo era el de entrada.Así que no puedo asegurar el nombre de donde he dormido.

Uelvesbüll.
Voy por carretera y veo a un kilómetro torre de iglesia y caserío. La carretera no tiene arcén pero la hierba de los laterales está segada. Todavía está la paja amarilla sin retirar. Como no hay circulación de vehículos a hora tan temprana de este sábado en que la gente no parece tener ganas de madrugar, no tendré problemas para circular por la izquierda. 
En caso de necesidad no habría problemas para pisar la hierba seca. Paso cerca de una casa con tejado de paja con las intersecciones muy bien rematadas para que no hay filtraciones del agua de lluvia. Tiene un buen acceso y la hierba está bien recortada para que destaquen más los arbustos. La fachada, como casi todas, es de ladrillo rojizo cara vista.
 
Ahorrándose el enlucido se evitan el imprescindible mantenimiento periódico. Paso cerca de otra casa con un tejado similar y bien rematado en la intersección de las dos vertientes laterales. Sólo que, en esta ocasión, en el remate de paja han brotado hierbas altas que parecen hacerla más vulnerable, menos controlada. 
 
Me cuesta poco más de veinte minutos llegar a la salida de Uelvesbüll. Sin nada más interesante que destacar de este pueblo. Quiero creer que la iglesia en la que he dormido también era Uelvesbüll.

Porrendeich.
Lo primero que veo es a una vaca con su ternerillo. Los dos me miran cuando les fotografío. Parecen acostumbrados a ser objeto de miradas y posan plácidamente. La estampa me parece bellísima. Observo que al neófito aún no le han puesto el pendiente de pertenencia a su dueño. 
 
En la cima de un badén de la carretera, encuentro otro dique cortado para que puedan pasar los vehículos. En el centro de ambos lados, el murete construido para que el dique no vuelque a la carretera, lleva las consabidas dos guías que permitan poner los tablones necesarios para una eventual entrada del mar, que me da la sensación de que está muy alejado de aquí. 
Quizás haya una normativa que obligue a que esto sea así, aunque esté obsoleta. En esta carretera, más principal que la de primera hora de la mañana, paralela a ella, va el carril bici que, al pasar el corte del dique, se junta con ella. Lo mismo ocurre más adelante, cuando llego a una parada de autobús acristalada. Lo curioso es que está orientada hacia el carril bici en lugar de hacia la carretera.

Finkhaushalling.
Cuando llego a este pueblo, el camino se estropea. 
 
Un perro sale disparado al camino y lo paro en seco, pero el carril bici vuelve a la superficie y enfila en dirección Hüsum. Veo a una chica con perro y le pregunto si el albergue está en el pueblo, o antes, o después. No sabe decirme porque no sabe ni siquiera si hay albergue. Luego sabré que está después. 

Para entrar en Hüsum hay que romper otro dique y otro más. El carril bici va separado y en paralelo a la carretera. Empiezo a ver zona industrial que me va a ir quedando hacia la derecha. Un canal y su ensanchamiento en una especie de laguna, me permite ir ladeándolo. Desde Uevesbüll estoy viendo portes de molinos de tres aspas para la obtención de energía eólica. 
 
En el dique, veo las últimas ovejas del día. Unas son cariblancas y otras carinegras. 

 


El polígono industrial tiene grandes edificios horrorosos, aunque puede que sean muy eficaces para el fin que fueron construidos. No necesitan arte sino funcionalidad. Albergan a ATR Landhandel, entre otras empresas. Llego a un cruce mal señalado y no sé hacia dónde ir. Decido ir a Centrum, algo que un hombre en bici me confirma. Paro a una chica morenita y me dice que el albergue está después del pueblo, a unos cuatro kilómetros. Me orienta por dónde continuar. 

Pero ahora lo primero que debo hacer es desayunar. Acaba de regresar de Andalucía, es la razón de que tenga tan buen color. Me lo dice cuando le comento que vengo andando por la costa desde España. Fotografío en el puerto una verja, que está junto a una escalera metálica, repleta de candados que no serán jamás abiertos, en señal de fidelidad eterna. Como muestra de un viaje sin retorno. La zona más llena es la central, a mediana altura, pero hay mucho margen para seguir colocando más, especialmente para enanos y gigantes.

Desayuno en Das Brotehen.
Es el sitio elegido. Una panadería cafetería. Pido un capuchino y croissant y pago 2,80€. Cago y me lavo la cara. En la calle toda la guitarra un chico madurito que, cuando empieza a lloviznar, se refugia bajo el toldo de la cafetería. Su espacio será ocupado por una parejita joven cuando deje de llover. ¡El que fue a Sevilla, perdió su silla! Luego les fotografío. 
 
He llegado a Hüsum con pocas fuerzas, pero el desayuno ligero me ha reconfortado. Guardo el papel de notas junto a los plásticos que envolvían las dos barritas energéticas que me regalo Karin. Cuando anote las cuentas y escriba lo que queda del día de ayer, dejaré espacio para seguir con las cuentas en Euros. Está próxima Dinamarca y, en el siguiente diario las cuentas serán en coronas danesas. El inconveniente será que, durante unos días, funcionaré con los dos diarios. Fotografío a los tres músicos. Al de la guitarra, sentado, y a los jóvenes actuando. Ella toca una guitarra, que no sabría decir si es un banjo o similar, y él manipula unas maderas con las manos a modo de castañuelas y cantan. El chico también toca la armónica a ratos. 
 
Paseo por Hüsum
Antes de las once, empiezo a dar mi paseo por la ciudad. Paso el puerto donde, algunos propietarios de veleros, pasean por el pantalán. Pocos barcos pero a flote, me hacen pensar que habrá un dique con las compuertas cerradas que retiene el agua del mar. Ayer a estas horas, la marea estaba muy baja. El puerto y la hermosa plaza están enfrente de la cafetería donde he desayunado. 
 
Me adentro en la zona más urbana de Hüsum. Tengo intención de comprar un recambio para mi bolígrafo, que se ha agotado. No va a ser fácil encontrarlo. Paso por calles con edificios curiosos. Unas casas de ladrillo en chaflán, con ventanales anulados, tejados grisáceos. Otras son blancas. Por una calle me voy acercando a la plaza principal de la ciudad. 


Llego a una casa pintada de blanco pero con variados contenidos decorativos que son sus notas de color. Lo más curioso es que por encima del dintel de la puerta de entrada tiene un mirador con arista hacia delante, que permite que dos ventanas abarquen ambos lados de la calle, sin necesidad de salir al exterior. El pie que lo soporta ofrece dos escudos de armas a los lados, quizás sean los apellidos de la familia fundadora, y un sol central amarillo y mal encarado. Para ser un sol radiante, me parece bastante tristón. 
 
Las ventanas de la primera planta ofrecen algo que también podría ser interpretado como escudo, pero con hojas, flores y, en uno de ellos, un racimo de uvas. ¿Tendrá que ver la casa con la vitivinicultura? Mirando a la plaza, las fachadas de dos casas de formas muy similares, aunque bien distintas, me atraen pero no voy a describirlas. Lo que me sorprende es, que estando tan próximas, las dos estén dedicadas al mismo negocio, a la venta de artículos de la misma naturaleza: ropa deportiva. Al ver los escaparates me doy cuenta de que el primero es para ropa de niño y el segundo para adultos. Así que son complementarios. 
 
Aunque en Schmidt ya anunciaba Kindersport, yo no me había dado cuenta. Parece ser que el negocio ocupa todas las plantas. Intersport, hasta la tercera. Schmidt hasta la cuarta.

Oficina de Información.
Llego a un edificio de ladrillo, donde está ubicada la oficina de Turismo. Es un edificio muy sobrio, también de ladrillo. Uno más de tantos como se ven en Alemania. En la plaza también está la iglesia, pero cerrada. 

 
Ya son más de las once y en la plaza se celebra un mercadillo animado. Como me he propuesto comprar la recarga para el bolígrafo encontrado hace unos días en la calle y que perteneció a G. Reiners, voy dando tumbos de un lugar a otro. Luego volveré a esta plaza. Entro en una librería y una de las dependientas me dice que vaya a Roosman. 

Cuando estoy buscando Roosman, en calle poco comercial, me doy cuenta por dónde se entra a Información. Lo anoto para luego. Pregunto en otra librería y me dicen que la que busco, está siguiendo la calle donde está Turismo. En vista de lo cual, entro y pido un plano de la ciudad. Allí me indican dónde está el albergue. Me aseguran que en Dinamarca tendré menos problemas con la Visa que en este Norte germánico.

Buscando carga de boli.
Llego a Roosman, que es un centro comercial donde tienes que coger tú mismo lo que deseas, y pagarlo en caja. Pido ayuda a una empleada y ésta a otra, quien me escribe en un papel Lesegang, que debiera ser Liesegang pero, por la falta de una “i”, no me voy a poner exigente. Me sirve para llegar a este establecimiento. Me dice hacia dónde está, pero no sabe situármelo en mi mapa. Menos mal que uno es intuitivo y llego. También éste es self service, pero pido ayuda a una cajera, ésta a una empleada y, por fin, doy con la experta. Mientras que la segunda no sabía cómo abrir el boli para sacar y meter la nueva recarga, la experta lo hace bien y a la primera. 

Encuentra enseguida la nueva carga y me la pone. Ya tengo el boli listo para ser utilizado, como si fuera su dueño, G. Reiners. ¡Oh maravilla! El boli escribe. Pago en metálico 2,99€ y me devuelven el céntimo. ¡Los céntimos existen en Alemania! Lo dudaba.

Sigo paseo por Hüsum.
Con el bolígrafo a punto, vuelvo al mercadillo de la plaza. Pero la particularidad de este mercadillo es la venta de flores. 
 
Hay uniformidad entre los toldos anaranjados, lo que me hace pensar que los puestos no son privados, sino municipales, aunque las plantas y flores sean de sus propietarios hasta que las vendan a sus clientes. Hay mucha variación de colores entre las flores, como es habitual, pero yo me fijo especialmente en unas rosas amarillas aunque, normalmente me atraen más las rojas, que también las hay. Fotografío la planta de rosas amarillas, color simbólico de la amistad, y me las llevo en mi cámara como regalo visual, aunque no físico ni aromático. 
 
Por la calle que va hacia la costa, veo al final de otra un panóptico como los que hay en todas las ciudades que se precien en Alemania y que sigo sin saber qué función cumple. Ya no sacaré más fotos hasta la tarde, de nuevo en los candados cerrados simbólicamente. Sólo me queda llegar al albergue para finalizar la tarea importante de la mañana. Salgo por la calle de Información pero, como no tiene arcén ni carril bici, reculo hasta la anterior, tras ver el dique aún lejano. Cuando veo pasar un tren, compruebo el recorrido de las vías trazado en el mapa, con trazo negro y grueso. Sé que tengo que cruzar al otro lado para llegar al albergue. He pasado las vías del tren por arriba. Luego por un túnel bajo carretera y vías. Una vez que estoy al otro lado, compruebo que voy por la calle Maas. Una chica con perro me dice que pase a la calle principal y que lo encontraré a la izquierda.

Albergue juvenil de Hüsum.
Entre árboles, pronto veo el edificio y, sin necesidad de mirar la foto para reconocerlo, veo una flecha enfrente en la que pone jugendherberge. Llego unos minutos antes de que den las doce del mediodía. Una chica pasa el aspirador y busca a la recepcionista. Me atiende bien, hay plazas, pero me dice que no me podrá dar la habitación hasta las tres de la tarde. Se queda con mi carnet de Hostelling y me informa de que allí no podré ni comer ni cenar. También que la estancia la puedo pagar con Visa. Como he desayunado tarde y no voy a volver al pueblo a comer, para entretener el hambre tomo un fritz-limo orangenlimonade que, más que a limón, sabe a naranja burbujante, bastante asqueroso. Con todos mis bártulos, me voy a escribir al comedor. Tres horas de espera que aprovecho para escribir diario y postales y madurar el programa para los próximos días. Al siguiente albergue, al de Niebüll, no tengo intención de ir, pues trataré de disfrutar de alguna de las últimas islas Frisias holandesas, aunque todavía no sé a cuáles. La de Föhr, definitivamente la rechazo, pues en el mapa la veo en tierra de nadie, donde intuyo que, si no toda, casi toda la costa será de limos, con mucho dique. De partida creo que optaré por Amrum y Sylt. Luego sabré que esta última es de las más caras, a la que van los más ricos de Alemania. Pero, es que ¿hay alguien más rico que yo, que estoy haciendo este viaje impagable? Veo que en Amrum, en Wittdün, hay también albergue. Y en Sylt tres más. Si mañana llego a Dagebüll, de donde parten los ferris a esas islas, decidiré lo que hago. Amrum, de Sur a Norte, por el lado de mar abierto, ofrece una gran playa. La recepcionista me dice que no se puede pasar de Amrum a Sylt más que en tren, pero mirando el mapa veo que ofrecen también barco entre Wittdün (Amrum) y Hörnum (al sur de Sylt). Esta será la mejor opción para mí. Ya se verá. Escribiendo, me da la una, así que me pongo a escribir postales. En cuanto tenga la habitación, me ducharé y descansaré un rato tumbado en la cama. Veré si puedo usar Internet aquí y, si no, tendré que buscarme la vida en Hüsum, antes de cenar. Para las dos, acabo de escribir las postales: Gabriela, Peter y Pippa, Agustín Díaz, Loli, Marga, Alex y Luzinda, Abdu (esto último lo escribo en negro con mi bolígrafo alemán encontrado y recargado. Pero, una vez probado y viendo que va bien, sigo con el azul de antes). Ojeo el periódico Die WochenSchau, cuyo contenido apenas me interesa. Dos señoras alemanas parece que saben hacer espagueti boloñesa, o un plato similar con algo rojo y puré de patata. ¡Oh, gran ingenio culinario!. También ofrecen una tapa hispana: un champiñón con una gamba pinchada encima. Pero además, el periódico de 24 hojas, ofrece propaganda de: Netto, Kirk, Sky, Plaza (Bau&Gartencenter), GP (Geetränke Partner), SB Lagerkauf, Edeka, Obi, SSV, y otro Plaza con Sky (XXL Center) y, para terminar, de Aldi. Toda esta mierda para tirar a la papelera. En la revista Friesenanzeiger veo que hoy tenemos tres cosas: A las 18:00 en el iglesia de santa María, un coro; A las 19, el musical “Mie Zhaus” (Las comillas iniciales las ponen abajo). Y, a las 20:00 Live Musik en el Restaurante Bistro La Mer. Todo ello en Hüsum. A ver si veo algo de las tres ofertas. También aparecen las dos primeras en la agenda cultural de Hüsum. Voy con todos los trastos a recepción y los pongo junto a los ordenadores de Internet, que son de pago. El chico me atiende antes de la hora. Me dice que sólo puedo asistir a uno de los tres espectáculos ofrecidos, ya que los otros dos son fuera de Hüsum, aunque sean del área de pertenencia. Los coros se me han esfumado. En Internet entro en KZgunea y veo todos los códigos que me han ido enviando para entrar en mi Hotmail. Lo único que puedo es hacer desaparecer correos que no me interesa ni leer. Dejo uno de Alex y poco más en para eliminar. Ninguno de los dígitos vale para entrar en Hotmail. Vuelvo a KZ y me mandan otro, pero todos mis intentos con esa clave resultan, como siempre, fallidos. ¡Me desespero! Pido ayuda, pero el hombre de la oficina tampoco tiene solución a mi problema. Voy a responder expresanto mi desesperación y se me acaban los 40 minutos. En definitiva, 2€ perdidos, tirados a la basura. Al volver de cenar, a lo mejor, lo intento de nuevo, o mañana. Me pide treinta y tantos euros y me quejo. Le digo que quiero habitación a compartir y me parece caro. Entonces cambia y me pide 25,20 que, con 1,70 de la naranjada, pago con Visa 26,90€. La habitación es de cinco camas, y elijo la que no tiene litera encima. Visito el aseo. Hay sólo uno y está también pensado para personas con minusvalía. Voy a investigar más y, si no, me ducharé en él. Dispone de un asiento cómodo y me vendrá bien para lavarme los pies a conciencia. Por la noche, veo que hay otro con dos duchas normales, retrete y lavabo. Tras dos días sin hacerlo, por dormir en las dunas, y en la iglesia, primero me afeito. Desesperado con el correo que, como siempre, veo que me va a dejar colgado, y por la amenaza de Lebara que la tengo como una espada de Damocles, me ducho muy a gusto en la ducha de minusválidos. En ella limpio muy bien mis pies y no regulo la temperatura, aunque me hubiera gustado menos caliente. No me atrevo a cambiar la temperatura, no vaya a ser que luego no pueda regularla mejor. Lo malo es que la cebolleta no la puedo colgar en altura. Después, más relajado, me tumbo en la cama por un rato. Me levanto a las cinco y media. 

Regreso a la ciudad.
Quiero volver a Información antes de las seis, sin darme cuenta de que, siendo sábado, estará cerrado por la tarde. Quería ver si tenían los horarios de los ferris para hacer el plan que me he trazado de Dagebüll-Amrum-Sylt-Romo. Por camino conocido, retorno hacia la ciudad. 

Pregunto por Correos para echar las postales escritas. Hay dos buzones, pero no sé en cuál de ellos echarlas. Pregunto y me responden que da lo mismo uno que otro. Quien me lo dice se asombra del viaje que estoy haciendo. No localizo el sitio donde se celebra la actividad programada para esta tarde. Vuelvo al lugar de esta mañana y fotografío el Rathaus, el ayuntamiento, que era el edificio aledaño a la plataforma con reloj, donde he fotografiado los candados. Ahora lo hago de todo el conjunto. El reloj señala las 5:30. Está unos minutos retrasado.

Tante Jenny.
Como no he comido nada desde el desayuno, tengo hambre y me decido a hacer una cena tempranera. Opto por la Tía Jenny, que está situada frente al muelle. El barman, que es italiano, se enrolla conmigo. Como una carne exquisita que va acompañada de champiñones y una patata asada con una salsa de alioli o similar. La carne no acabo de saber si es de cordero o de ternera pero está sangrante, jugosa, y me sabe deliciosa. Lo completo con una copa de vino blanco. Pago con Visa 23,80€. Me despido del italiano y me voy.

Pastel de rumanos y brasileños.
En la heladería de al lado, compro un pastel. Me lo van a calentar, pero prefiero comérmelo como está. La camarera rumana y el rumano que está con ella, se también se enrollan conmigo. Ella pone mucho interés en conocer la situación laboral en España y si hace calor. Le explico la diferencia entre el Norte y el Sur. También muestran su asombro con el viaje que les cuento. Como ellos tienen que cenar, les sustituyen camareros brasileños. Uno habla algo de castellano y yo recuerdo algo de portugués. Se ríe cuando le cuento: “¿sosinho, no tes medo?”. Se lo traslada a la rumana cuando ella se va. También la camarera brasileña muestra interés sobre mi viaje. Nos enredamos con la comparación entre Lisboa y Porto. Ambas son ciudades interesantes, cada una a su estilo. 
 
Me habla de las playas de Porto, que a mí me pasaron desapercibidas, salvo que se refiriera a las primeras del Sur, con 15 km de camino de madera. Pero parece que se refiere a las del Norte, camino de Matosinhos. Pago 2,80€ y, después de tanto intercambio cultural, me despido y me voy.

Hotel
Llego a un hotel con una potente marquesina. Si no la tuviera, aseguraría que es el ábside de una iglesia. Pero el edificio del fondo tiene estructura de edificio civil, antiguo, de ladrillo rojo cara vista. 

Pudo haber sido en otros tiempos un cotolengo, o una residencia de ancianos, o un convento de monjas o frailes… Han añadido espacios acristalados que, no son disarmónicos con el resto o, al menos, a mí así me lo parece. Me cuelo hasta recepción. El recepcionista atiende a una clienta y yo ni me acerco a preguntar nada. El gran salón receptor muestra una decoración clásica de hotel de lujo, con dos estandartes, que hacen de cortinas, al fondo y que podrían muy bien ser una adaptación de dos tapices. 

Lámparas tipo araña cuelgan del artesonado que, apagadas, dan penumbra y cierto tono intimista al lugar. Anima a conversaciones con nivel bajo de voz. Las lámparas de pie encendidas y la del mostrador, son la única nota lumínica del lugar. Sillones pesados alrededor de mesitas bajas, invitan a un aperitivo relajado y cadencioso. Visto lo visto, vuelvo al exterior. Me acerco a otra ala del edificio que, si fuera una iglesia, correspondería a la otra ala del crucero correspondiente al absidial que he presentado al principio como entrada a recepción. 

Serían los dos extremos del crucero. Continúo bordeando el hotel y paso por zona en la que predominan los arbustos variados. A la derecha, pero dejando amplio espacio para el paso, la maraña arbustiva es cómoda para el mantenimiento, pero resulta excesiva. Así se ahorran tener un jardín que requiere mayor dedicación. Y llego así a la parte trasera, aunque con otra puerta grande que, quizás en otro tiempo fuera la principal, y que me guasta tanto o más que la primera. 
  
Un enorme tiesto florido interfiere el paso a vehículos pero, es muy probable, que sea de quitar y poner y lo pueden retirar para que pase algún vehículo de personas importantes, quizás mayores, quizás con problemas para la deambulación, y así se evitan entrar por recepción y a pie. Cuando me voy del hotel, no he conseguido saber cuál es su nombre. Son las siete y voy hacia la iglesia que, a estas horas, sí está abierta.

Iglesia de Hüsum.
Como por la mañana ya la he fotografiado por el exterior en la hora del mercadillo, ahora entro directamente. La nave central está separada de las laterales por columnas. 

Es de mayor altura que las laterales y lo que más destaca es su blancura, la casi ausencia de imágenes y el púlpito en el centro de la nave central. No sé cómo accede a él el pater, pero da la impresión de que así no se mezcla con la plebe cuando tiene que subir a decir su discurso. El inconveniente es que, al estar más alejado de los oyentes, tiene menos poder tenebroso para asustarles con el infierno que, entre otras cosas, algún papa, de los últimos, dijo que el infierno no existe. No puedo saber qué papa lo dijo. ¿O me lo he inventado? Quizás el infierno esté en la tierra, y nos lo creamos nosotros mismos. 
 
A pesar de ser todo tan blanco, tienen encendidas algunas luces, y su única nota gris es la del balconcillo superior. Hasta los bancos son blancos. Cuando salgo, fotografío su fachada desde la fuente homenaje a la mujer marinera (redera y remera). Son las siete en punto en el reloj de la torre de la iglesia. El estanque de la fuente parece llenarse desde las cabezas de res que asoman por su circunferencia. El pollo sirve también de asiento para dar masaje a los pies doloridos por el trasiego. En el Nord-Ostsee Sparkasse, saco 200€ y anoto en mi página de gastos 8€ que será la comisión que me va a cobrar el banco por sacar mi dinero. Me sigo enfadando con el sistema bancario europeo, pues no debieran considerar que me dan un crédito, puesto que me lo van a descontar de mi cuenta en la cartilla dentro de una semana. ¡Mangantes!

De regreso hacia el albergue.
En la misma plaza fotografío el edificio de Información, y el pasadizo por el que he llegado a conocerlo esta mañana cuando buscaba la recarga para el bolígrafo encontrado. Es una calle de ida y vuelta. Cuando descubro la Biblioteca ya es demasiado tarde y está cerrada. Por el nombre del edificio Hüsumhus, interpretaría o Casa del Pueblo, o Casa de la Cultura. 
 
Como voy con tiempo más que de sobra, el diario casi al día, me animo a acercarme a la torre que esta mañana la he visto de lejos. La fotografío tal y como la veo, tapada la base con los arbustos, pero luego la repito, casi igual, pero desde el portón principal. 
 
La heráldica de su escudo sobre el dintel de la puerta es abigarrada y hoy sigo sin saber qué función cumplen éstos, que yo sigo llamando panópticos. Vuelvo a pasar por encima de las vías del ferrocarril, donde veo varios trenes en vía muerta. Con ésta, finalizo el reportaje fotográfico de la jornada. 

 


 

Albergue de Hüsum.
Cuando llego, no hay nadie en recepción. Echo otra moneda de 2€ al tragadero insaciable de Internet que, como hasta ahora, me desespera más que antes y no consigo entrar en mi correo. Pensaba mandar un correo a mi familia desde mi auxiliar del KZ, pero ni ese me funciona. Enredo en las islas y en nudismo y, entre lo que me sale en alemán y mi inexperiencia, acaban por mandarme a una sauna a Vera, en Almería… ¡Que les den! Son las 20:45 horas cuando voy a orinar y a meterme en la cama. Aunque estoy descansado, quiero relajarme mejor y madrugar mañana con idea de dibujar algo antes de desayunar. Aunque con temor de estar tiempo desvelado, duermo de maravilla. Sólo me levanto una vez a orinar y lo hago en el lavabo, dejando correr un hilillo de agua. Como el lavabo está algo alto, me resulta incómodo… Debiera haber salido al pasillo con la toalla por la cintura. Total que duermo de tirón hasta las siete. Ha nacido un día soleado. ¡Por fin!

Balance de jornada de poco andar.
Todo ha marchado bastante bien para llegar a Hüsum. Aunque no acabo de saber si dormí en Uelvesbüll o en qué otro pueblo aledaño. El día relajado en Hüsum, frugal desayuno musical y cena tempranera rodeado de rumanos y brasileños, han sido gratos. Buen mapa en Turismo para llegar bien al albergue y moverme con seguridad por la ciudad. No ha sido día perdido.

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