Etapa 14 (455) Bremerhaven-Duhnen


Etapa 14 (455), 19 de junio de 2015, viernes (Cumpleaños de Mikel).
Bremerhaven-Weddewarden-Wremen-Misselwarden-Dorum Neufeld-Capple Neufeld-Spleka Neufeld-Berens Arensch-Sahlenburg-Duhnen.

Bremerhaven. Saliendo del albergue.
Me levanto a las seis y media y lo primero que hago es tomar la pastilla. Afeitado y ducha. Escribo hasta las siete y media y deshago la cama. Desayuno en el primer piso con Ramón, ingeniero que tiene que entrar a trabajar a las nueve. Le cuento rápido mi viaje. Nos entendemos bastante bien. Le gusta el trabajo que hace. Tras el desayuno acabo de escribir y para las 8:45 horas ya estoy listo para partir. Pero la señora que está hoy en recepción me entretiene diciéndome que va a llamar a Cuxhaven. Como no le responden, retraso la salida a las nueve. ¿Podré llegar hoy hasta Cuxhaven? En vez de mirar al plano de la ciudad, prefiero utilizar la intuición y preguntar en las dudas. Una oriental me orienta y me lo confirman dos autóctonas. 

 


Una máquina limpiadora de suelos me persigue durante un rato. Me equivoco y entro en un camino antiguo que han levantado y ahora hay que ir pisando arena. Consigo llegar a la calle Wurster.

Weddewarden.
Por ella entro en Weddewarden. Todo el rato voy bien por el camino, hasta que llego a un lugar en que dudo. Es cuando acaba el bosque que va conmigo, un bosque a cada lado. Hay especies variadas de arbolado. 

 

Salgo a carretera en un punto donde hay un poste con hélices de tres aspas para obtener energía del viento. El viento les da vida mecánica y ellos devuelven energía eléctrica. Lo más curioso es el soporte, un entramado cónico que casi llega hasta las aspas. 

 



Aunque hoy seguimos con nubes grises, no parece que vaya a llover. Abandono la carretera por un tinglado a dos niveles que también me va a pasar al otro lado de una vía férrea.
 
Es así como la calle Wurster me lleva hasta una casa que ostenta el mismo nombre, aunque su letrero ofrece una W muy ostentosa. No sé a qué viene dicho nombre, ni si la casa es un edificio privado o público. Como ahora no lo necesito, ni me molesto en entrar a preguntar. La calle continúa con el mismo nombre. Son las diez cuando, muy cercana a la casa anterior, encuentro una granja agropecuaria que ofrece, en su recinto interior, maquinaria agrícola. 


El carromato, que se une al tractor cuando trabaja este artilugio, dispone a cada lado de una rueda con púas que me hace pensar en algo que recoge hierba, la badea para orearla, y la empaqueta… Pero todo lo que digo no dejan de ser meras suposiciones. 

 




Un indicador me informa que tengo 41 kilómetros hasta llegar a Cuxhaven. 

Un disgusto y un propósito para no entretenerme demasiado por el camino si es que quiero llegar a dormir en el albergue juvenil de allí. El camino me va llevando al dique y a la zona industrial del puerto. Un puesto informativo a cubierto, dispone de un rudo techado de paja, como el de las grandes granjas y el Popta Zate en que dormí la primera noche de este verano en Holanda. 

Bremenports.
Los paneles informan sobre el Bremenports. Al igual que Bremerhaven, es otra forma de decir que es el puerto de Bremen, ciudad importante por la que también pasa el Weser. El entramado de paja del techo está muy bien realizado, pero por un lado ya está perdiendo alguna de las pajas. 
 
Suelen ser muy apetecidas por algunas aves, que las usan para construir sus nidos. No sé si éste será el caso o se trata de alguna gracia del algún animal humano. En la zona portuaria, desde el dique, voy viendo la zona industrial, con grúas y grandes contenedores apilables. Mi camino sigue por encima del dique y está adoquinado en la parte alta, la que yo denomino cresta del dique. 
 
El paisaje empieza a ser más de lo mismo, como las costas con dique que vienen aburriéndome desde Holanda. Hoy también espero que las fotos me ordenen el camino y lo hagan mejor de lo que yo escribo en el diario a trompicones. En este dique voy a encontrar pocas ovejas y sacaré foto a algunas vacas. El mar está alejado de la orilla y por la tarde empezaré a ver una de las islas Frisias Septentrionales: Neuwerk. Continúo el dique hasta llegar a un bosque y, desde allí fotografiaré hacia atrás la parte final del puerto de Bremen. Como ya es habitual, los fondos marinos de lodo afloran. Al fondo se ve la costa alemana por donde no caminé ayer. 
 
Imsum.
Llego a una granja con caballos pastando en el prado, pero lo que más me llama la atención es el silo de ladrillo que ofrece una forma peculiar. ¿Pudo ser la base de algún antiguo molino para moler grano? En el recinto veo una auto-caravana. ¿Estarán usando el edificio como refugio?, ¿lo habrán acondicionado como vivienda. Preguntas que, al no entrar a preguntar, se quedarán sin respuesta. 

Entre el arbolado se vislumbra una casa de mayores dimensiones que lo que yo he llamado silo y que ha sido lo que más me ha interesado de este bonito lugar.

De Imsum a Wremen.
Cuando fotografío Wremen, creo que es Misselwarden. Veo un cartel de hermanamiento con una ciudad francesa, que confundo con la holandesa de mi último dibujo (Paesens). Meto la pata al hablar con un chico que muestra su asombro con el viaje que le estoy contando. Cuando le hablo de mi recorrido desde el País Vasco de 2012-2013, como lo digo mal, me dice que debo hablar de two handred… 
 
Empieza a llover y me pongo la capa, igual que ayer. Además, la capa me protege del viento que sopla por estos lares. Ayer no hacía viento al menos. Para de llover, pero no me la quito para que se vaya secando mientras camino. La pliego pero no la devuelvo a la mochila de la espalda, sino que la meto en la mochilita pectoral. Lo malo es que me resulta incómodo para manejar el mapa. Desde que entro en Wremen hasta que salgo, pasará casi una hora. La primera urbanización que veo, es de casas iguales con tejado de una pendiente exagerada, pero necesaria en los países que nieva mucho, y que parece que llegan hasta el suelo. Al fondo ofrecen un frondoso bosque que parece también que les protege del viento del Este. Las casas que veo más adelante ya son de otras dimensiones. Se trata de bloques de viviendas de cuatro plantas, donde la baja también se aprovecha como vivienda. 
 
Dos de las casas están construidas a mi derecha, en el interior, pero al otro lado del dique, mirando al mar, también veo una tercera que no sé si será del mismo estilo que las dos anteriores. A mi derecha también, veo la zona principal del pueblo y el pincho de la torre de la iglesia. No veo molino alguno, pero no puedo asegurar que no lo haya. 

Quizás me lo tape la arboleda. El campo de hierba que pilla por delante, pide que se siegue de nuevo o que suelten ganado para que paste. Antes de las once y media, ya estoy saliendo de Wremen y fotografiando el cartel de finalización.

De Wremen a Misselwarden.
Llego a un sembrado de algo que, de lejos, me había parecido de habas pero que, al acercarme, no tengo ni idea de lo que pueda ser. 
 
Al otro lado del dique, también hacia el interior, veo dos edificios bajos típicos de las granjas, pero no tan altos como los habituales. 

 



También otros dos edificios circulares con techado en forma de cúpula que, desde lejos, parece de plástico y que desdice de los bellos y antiguos tejados de paja clásicos. 

Creo que puede ser un conjunto de granja agropecuaria porque, poco más tarde, veré de nuevo ovejas sobre el dique. Algunas son de cara blanca, como su lana, pero otras me miran con su negra cara. Creo que blanca o negra, me comería igual una cabecilla de cordero si me la ofrecieran recién salida del horno y sin más aderezo que una chorretada de aceite y algunos ajitos. 

Obras en dique y camino.
El camino discurre con normalidad. Es ahora una pista de cemento. A lo lejos veo una montaña que podría ser considerada un dique de tierra almacenada que, con el tiempo, se ha cubierto de hierba y se va consolidando. Me va a obligar a salir de mi camino, pues todo el carril bici y parte del dique lo están remodelando desde este lugar hasta que llegue a Dorum-Neufeld. 
 
Desde la terminación de Wremen hasta aquí he disfrutado de buen camino. A partir de ahora será otro el cantar. La tierra acumulada se ve que lleva mucho tiempo, pero me da la impresión de que con esta obra de tan largo recorrido, la están volviendo a utilizar, a juzgar por las paredes verticales que se empiezan a ver y que han perdido la vegetación que contiene el resto de la montañita.

Arreglos hasta Dorum-Neufeld.
La pista de cemento finaliza bruscamente. Una valla con indicador de obras y la propia obra que ya veo desde el otro lado, me obligan a subir al dique si quiero continuar a pie. 
Un vehículo no tendría otra opción que dar la vuelta. No creo que a un caminante le prohíban hacer lo que yo estoy haciendo. Desde el dique iré viendo la dimensión de la larga reforma. Como veis por la foto, no me queda otra que escorarme a la izquierda subiendo al dique. Otra opción es la de ir por el camino del lado del mar. 
 
Un mar que sigue siendo fangoso y más en marea baja. El primer tramo es de hierba, luego paso a la carretera asfaltada ascendente y, después, desciendo un poco por ella y continúo de nuevo por la cresta herbácea del dique. Un banco me espera mirando hacia el mar, pero no estoy tan cansado como para sentarme a contemplar. 
 
Desde arriba ya veo parte de la dimensión del acondicionamiento de la pista ciclista que han abordado. Se ve que lo quieren hacer, no por tramos, sino todo a la vez. Los montones de arena acumulados no sé si son producto sacado del fondo de la pista o va a ser el elemento necesario para construir la nueva pista. Siguiendo por el cresterío del dique, el paisaje que se me ofrece es el mismo a mi derecha, el de la reparación, a mi izquierda el mar fangoso, alguna gente en la orilla y, al fondo, un grupo de molinos de viento para la obtención de energía eólica, de los que disponen de tres aspas. Llevo un rato viendo a lo lejos, hacia la orilla del mar, algo que no sabré de qué se trata hasta que llegue más cerca y lo vea mejor. La hierba está verde y se camina bien por ella. Más adelante, encuentro el dique que ha sido segado y la hierba ya dorada y oreándose más al sol esparcida para que se seque del todo. 

Pienso que la recogerán para alimento del ganado en invierno pero, después de que vea la obra faraónica que están haciendo más adelante, quiero suponer que la hierba seca allí se va a quedar. También están remodelando el dique. ¿Por dónde pasaré cuando llegue allí. La alternativa del otro lado, el del mar, también la tendré en cuenta. Una pala tractor oruga CAT y una apisonadora parece que, hoy viernes por la tarde y a estas horas, tienen poca gana de trabajar. Fotografío las dos máquinas al pasarlas en paralelo. 
A mi derecha voy pasando algún poblado pero no tengo elementos para saber si es Dorum o Padingbüttel. Se vislumbran las casas entre los árboles. Aunque veo una explanada de hierba, no me arriesgo a recorrerla campo a través para llegar al pueblo, aunque si no hubiese tenido mejor opción, lo habría intentado. Cualquier alternativa es mejor que la de retroceder. 
 
Siguiendo por la cresta del dique con hierba alta, llego a uno de los lugares base de las operaciones. Es la zona en que están los postes de tres aspas de energía eólica. Aquí tienen almacenada una montaña de arena y parece que también están los contenedores adaptado para que los obreros se cambien de ropa, se duchen y se vistan, para que sus parejas los vean guapos el fin de semana que se avecina. 
 
Pasado el campamento base, bajo de la cresta del dique, y sigo por la carretera que todavía no ha sido tocada, puesto que es necesaria para la ejecución de la obra. Es ahora cuando más voy a estar en peligro. Unas vacas me miran extrañadas de ver al intruso. 
 
Me he tenido que apartar para que pasara un camión que, según me ha parecido, iba de vacío. Luego veré otros que proviniendo del dique, llevaban su remolque y las cartolas, hasta el tope de arena. En ningún momento me coincide que se crucen dos a la vez por donde yo estoy pasando. 
 
El dique que venía siendo perfecto para caminar, ahora lo puedo mostrar debidamente destrozado. Han hecho una carretera ascendente de tierra para que los grandes camiones puedan circular de un lado al otro del viejo dique. No tengo opción a ver lo que están haciendo en el otro lado, salvo que me quiera jugar la vida. Pero mi curiosidad no llega a tanto. 

Quisiera saber sin arriesgar. Más adelante se produce otra pista a la duna de forma similar a la primera. Como no coincido aquí con camiones, no puedo saber cuál es la de entrada al dique y cuál la de salida. Llego a una caseta, que me recuerda a los panópticos, que han respetado y, aunque está en el dique, sigue con su hierba.

Me hace pensar en un puesto de vigilancia de playa, donde pudieran estar los socorristas. Pudiera ser que la han mantenido como medio de vigilar el proceso de la obra. Quizás un puesto de avistamiento de aves. Parece que veo un catalejo telescópico. No quiero hacer más conjeturas. Aunque el dique a remodelar ya parece que ha finalizado, aún hay que renovar la pista para los ciclistas y no puedo relajarme tranquilo hasta que salga de la zona de obras. En el último tramo, aún me he de topar con otro vehículo tosco pequeño pero mastodóntico, que me obliga a retirarme del camino. 
 
El conductor me saluda al pasar, le devuelvo el saludo, y le agradezco que no me haya recriminado por caminar por espacio reservado a las obras, a los vehículos, y a los obreros. Es así como llego a Dorum-Neufeld.

Dorum-Neufeld. Hölschers.
Son la una y media cuando entro en el pueblo y busco un sitio para comer. En el primero que pregunto, no me cogen la Visa, ni ninguna otra tarjeta. En el segundo, al que me cuesta encontrar la puerta de entrada, tampoco. La camarera, muy atenta, me dice “café” y algo más que no entiendo. Salgo y no encuentro nada que se parezca a lo que me ha dicho. Vuelvo al lugar. Ofrecen Regionale und saisonale Speisen. Es el Hölscher. Regreso porque el tipo de personas que he visto comiendo, y la camarera, me han dado buena impresión. Acierto comiendo aquí. Pido un plato de pescado como el que veo comiendo a un hombre y una Jever que, como no tienen, la sustituyen por su Pilsener. 
 
Los tres filetes de pescado que me sacan en el plato están riquísimos. También unas cosas duras tostadas que ponen con las patatas. La salsa que me sacan en salsera la pruebo pero, como me resulta ácida, no la como. La pequeña ensalada, que sacan aparte, también me sabe deliciosa. Y todo por 16,10€ que, aunque lo tengo que pagar en metálico, considero que ha sido un acierto comer aquí. Digo a la camarera que felicite al chef de cocina de mi parte. A un matrimonio que se interesa por mi paseo, le enseño los dibujos, que siguen siendo cuatro. En Alemania no he dibujado todavía nada. Como el local es pequeño, todos se enteran de la conversación y, cuando me marcho, me desean buen viaje. Son las dos y media cuando ya salgo caminando. Aún me queda otro tanto o más que recorrer que lo que he caminado por la mañana.

De Dorum-Neufeld a 
Cappel-Neufeld.
Al salir hacia el mar, fotografío el camino que he traído a pie del dique remodelado, con alguna grúa trabajando, y veo en el mar un ferry que irá a alguna de las islas, pero no sabré a cuál. A lo mejor, o a lo peor, ni siquiera es un ferry. Una escultura de un hombre con un artilugio, quizás de pesca… domina la zona central de mi paisaje. No puedo saber el significado de esta escultura. Me hace pensar en una mezcla entre los pescadores de almejas, coquinas, chirlas y berberechos y los layadores dando la vuelta la tierra en el campo. Al ser un lugar con mar, me inclino más por pensar la primera opción. No creo que aquí, layando encuentren marisco bivalvo. 
 
Pero quien puede asegurar que no sea así de cierto. En la costa hay un edificio grande y en el puerto están amarrados varios barcos pesqueros con las redes que pude ver cuando visité Greetsiel, después de conocer a Melanie y a sus padres en Rysum. El puerto parece que tiene un entrante de agua regulado por esclusa. Ahora está la marea alta y las embarcaciones flotan pero, me supongo, que con la baja estarán en dique seco, ya que la esclusa sólo sirve para regular el agua del interior. 
 
Esto me hace pensar que de aquí no puede partir ni arribar ningún ferry. Saliendo de Dorum-Neufeld, hacia el Norte, el dique de hierba sigue intocado y, por él, continúo. A mi izquierda y cerca de la costa, veo un camping de rulots y bungalós. Hoy no va a ser esta mi opción. 

A mi derecha, quedan las casas y el centro de la pequeña población. Cuando bajo del dique para ir un rato por carretera, veo un banco con cuatro patas y cuatro personas que contemplan el paisaje sentados en él. Como los fotografío de espalda, no puedo saber ni sexo, ni género, ni número (sí, 4), ni caso. ¡Qué más da! Cada uno que sea lo que quiera, sepa y pueda ser. Y lo que le dejen… 
 
Sin mayores problemas ni nada que destacar, me voy acercando a Cappel-Neufeld. Me gusta una casa que veo al llegar. Lo que más me agrada es el equilibrio de sus formas y el animal que han ideado para lo más alto del tejado, como si de una tijereta se tratara. Un cuerpo estilizado, patas de zancuda, cabeza de mamífero y cola de ballena. También el ojo semiesférico horizontal central, su factura de ladrillo rojo cara vista y el tejado clásico de paja. 
 
Creo que también los árboles le dan presencia. También me gusta el gran portón de madera y acristalado, la puerta auxiliar y la pequeña ventana. Siguiendo la carretera paralela al dique, llego a un poste alto que me recuerda a nuestras cucañas, donde algunos jóvenes habilidosos ascienden para conseguir el premio colocado en lo más alto. Aquí, una guirnalda rizando el rizo en espiral, que me parece de adorno, sería un inconveniente para realizar debidamente el juego. Veré otro tronco arbóreo similar más adelante. En un mástil aledaño, tres banderas alemanas ondean al viento. La superior, con su águila imperial, es la que más podría parecerse a la nacional, aunque yo siempre la he visto sin el ave rapaz. Las otras, supongo que serán banderas locales. 
 
Enseguida voy a ver un cartel anunciador de un camping en el que pueden montarse tiendas de campaña, rulots y auto-caravanas, pero lo que más admiración me suscita es que se ofrezca lo mismo a nudistas que a textiles. En los alemanes, pioneros del nudismo, no me sorprende tanto pero, en un camping al que puede acceder gente de otros lugares más intransigentes… 
 
Queda el cartel de la foto para muestra de otra posibilidad de convivencia en libertad. Poco más adelante, subido al dique, puedo ver el camping anunciado. Lo que también me ha gustado es ver la palabra “textil” escrita, pues yo creía que se usaba solo en el argot nudista coloquial, para designar a quienes no lo son. Ahora compruebo que, incluso en alemán, el término se usa oficialmente. No voy a bajar a la playa para ver textiles o nudistas. Con este viento, la tarde no está apetecible para el baño y la playa, si es de fango, tampoco me atrae mucho. Seguro que no hay nadie. Me quedo sin verla. Tres coches esperan mientras hacen los trámites de entrada.

Spleka-Neufeld.
Lo primero que veo son vacas en el dique. En el dique disponen de hierba seca ya cortada y en la explanada hacia el mar, hierba verde para cortar con su lengua de papilas prensoras. Tanto la seca como la verde la tendrán que rumiar tranquilamente tumbadas. 

Cerca de donde están ellas, una carretera haciendo curva de ciento ochenta grados, se dirige hacia la costa, donde parece que también hay otro campamento. Más tarde llego a esa zona y veo otro puerto pesquero que también tiene su pequeña esclusa. Seguimos con marea alta y los barquitos flotan. 
 
A partir de Spekla-Neufeld, mi camino va a transcurrir por el interior, alejado de la costa. Llegando a Cuxhaven, volveré a salir al mar.

Hacia Berensch-Arensch.
Este camino va a ser por interior. Tardo en llegar casi una hora hasta una nueva especie de cucaña, similar a la que he visto antes. Aquí la disposición de la guirnalda en espiral desde la cima a la base, me hace pensar que, a lo mejor, la ponen para facilitar el ascenso y no sea un adorno. También puedo pensar que sea una costumbre propia del solsticio de verano, puesto que en pocos días nos acercaremos a la fiesta de San Juan. ¿Sustituirán así aquí las hogueras?
 
 




Llego pronto a una granja donde, con seis rodillos de paja seca, han construido dos muñecos. Uno, el chico, de vestidura negra, sombrero hongo, y con corbata, y la chica de blanco y velo. Parecen dos novios, dos recién casados y quiero creer que en dicha granja están de boda, que alguno de los hijos se ha casado recientemente o están a punto de casarse. Pero cuando veo un “50”, pienso que los granjeros estén quizás celebrando sus bodas de oro de feliz matrimonio. 
 




En cualquiera de los casos, les deseo muchísima felicidad. A punto de dar las cinco campanadas, llego a la casa Osterndorf. Me resultan curiosas esas rayas del Betis en la fachada verdiblanca. La construcción es curiosa y las dos columnas, que soportan el voladizo abuhardillado, también lo son. Algo me recuerda a unas casetas que vi en Portugal cerca de Aveiro. 
 

Cuando llego a un cartel, algo caído, en el que me indican el fin de Berensch y Arensch, no logro aclararme. Me da la impresión de que estuviese mal colocado. Además, he visto Berensch pero no Arensch que, según el cartel, está a un kilómetro de distancia. Sin ver Arensch, vuelvo hacia el dique.


Hacia Duhnen.
Una carreterita con arbolitos jóvenes me va volviendo hacia la costa. El dique no me deja ver el mar. La carretera pasa el dique por arriba y ya puedo ver la costa, algún ave que vuela y la primera de las Frisias Septentrionales, 
 

las que ya van subiendo hacia el Norte, en dirección a Dinamarca. Se trata de Insel Neuwerk. Como en el mapa que tengo de Cuxhaven veo que entre paréntesis en la isla ponen el nombre de Hamburg, quiero pensar que territorialmente pertenece a la comunidad de las hamburguesas. 



Tiene cierta lógica, ya que la importante ciudad de Hamburgo está al Sur de Dinamarca. Llegando a la altura y en terreno de Sahlenburg, veo muchas vacas oscuras comiendo hierba. Las fotografío en la lejanía.

  
Duhnen (Cuxhaven).
Ya más cerca de la costa, lo que creía que eran pájaros voladores ya los voy viendo más nítidos y se trata de parapentistas que sobrevuelan la mar rizada, dando sus saltos mortales que no les matan. Los estoy viendo desde la carretera, aunque desconozco si juegan en la playa o sólo sobre el mar. 
Tardaré otro en rato en llegar a la playa. Pequeños diques retienen una arena que parece falsa. Separadores de ramitas de madera hacen de paravientos. Llego a la vez que lo hacen unos chavalillos para jugar en la arena. Van todos muy bien abrigados. Un grupito con sus neoprenos conversa en la orilla, en una arena gris que no me inspira ninguna confianza. 

Estoy obsesionado por el lodo y me está suponiendo un verano ingrato, sin nudismo y sin baños. Ya me desquitaré en Sylt. Pero no adelantemos acontecimientos. Van a ser las seis de la tarde y todavía me falta un tramo para llegar a destino. Muchos siguen haciendo surf con sus parapentes, pero otros ya se están quitando sus neoprenos en el paseo cuando yo voy camino del albergue. 

Veo un tren txu-txú y lo fotografío desde la matrícula. Me voy a hartar en los próximos días de ver la matrícula CUX por la zona. Es así como me entero que los alemanes matriculan con tres letras de la región o de la capital más importante del lugar. El número 25 que leo, me hace pensar en que este tren no puede ir a más de 25 km/hora. 
 
Saliendo de la playa, veo una plataforma-observatorio sobre el dique, con un teleobjetivo que, me supongo, funcionará con monedas, como los de antaño, pero como no subo para mirar, puesto que se me está haciendo muy tarde, no lo podré asegurar. Desde el dique, saco la última foto del día de la playa con sus asientos alemanes para tomar el sol, la sombra, bien protegidos del viento, a poder ser candados para que ningún intruso se aproveche de la propiedad privada.

Una mujer camina por la carretera en la misma dirección que voy yo y hablo con ella. Su marido está en casa, me dice, y habla castellano (ella me dice español). Cuando llegamos a su casa, espero a que él baje. Pero el castellano que él habla es muy endeble. Mira la dirección que llevo del albergue, lo localiza en su aparatito sabelotodo, pero a mí no me sirve de nada. Sólo la dirección que me indica con el dedo. Me despido del matrimonio. No tengo mucho que agradecer, pero debo ser educado. Después de andar otro rato por el paseo marítimo, doy con otro hombre que sabe dónde está el albergue y que me dice, sigue por el paseo un kilómetro más y tira a la derecha. Lo hago y me meto por una gran ciudad donde nadie sabe nada del deseado albergue. Una azafata baja de un autobús y los viajeros que descienden le van dando la propina. Supongo que después de una visita guiada. Le pregunto, y me dice que siga la calle adelante. Sigo y pregunto a pareja que tampoco sabe. Otra mujer intenta hablar por el móvil. Ella si sabe dónde está y me lo señala con el dedo. ¡Menos mal! ¡Al fin!

Jugendherberge Cuxhaven.
Pero cuando llego, resulta que es un camping, y yo no tengo tienda. Logro llegar a recepción, pero allí no hay nadie. Parece que la han cerrado a las siete y son las 19:15 horas. No me quiero desesperar. Unos me ayudan un poco. Hay un teléfono y un cartel. Basta con marcar el nº 13, pero yo no lo sé, y los que saben alemán parece que no se enteran. Aparece por allí un hombre y me dice que vaya a la cocina. Pero se lo piensa mejor, y me acompaña. Una de las mujeres de cocina le dice que marque el teléfono. Pido al hombre que ya que ha sido tan amable, que me haga el servicio completo. Marca el 13 y habla con una mujer y ella le pregunta si soy el español que viene caminando de Bremerhaven. Le digo que sí. Aparece la recepcionista y agradezco al hombre su ayuda. Se ve que han llamado del otro albergue cuando me he marchado. Me dice que me va a costar algo más de 29 euros con la tasa. Le digo que pagaré con Visa y me dice que lo pague mañana después de desayunar. Serán 29,40€ que pagaré mañana con Visa. Después de subir a la habitación, hago la cama, me ducho y cago fuera. Si no meten a nadie más, orinaré en el lavabo dejando correr el agua del grifo. Es una habitación para cuatro. Como no voy a cenar, como pipas de calabaza y sésamo. A las nueve y media llamo a Inglaterra a mi hermana para felicitar a mi sobrino Mikel. Está disgustada porque ha ido a comer con su hijo y le han robado el bolso. Como acaba de marcharse Mikel, no le puedo felicitar. Que transmita ella mis buenos deseos. Ha ido a cenar con su padre, me dice.

Reflexiones y felices sueños.
Nada más colgar, me meto a la cama. Estoy muerto y no tengo ganas de escribir. Si descanso bien, escribiré mañana el diario. Al hacer mal tiempo, lluvia, viento y cielo encapotado, lo mejor que puedo hacer es avanzar todo lo que pueda, con la esperanza de que Dinamarca me ofrezca mejores alicientes, sol, playas y nudismo. Tras el Elbe, ¿se acabarán los diques? Esta Alemania no es más que una continuación de los Países Bajos. Nunca lo hubiera pensado. Durante la noche, duermo bien y las otras tres camas han estado vacías. Yo le había dicho a la señora que me ha atendido que no tenía inconveniente en compartir si es que llegaba alguien. Por un lado prefiero compartir pero, por otro, así está mejor. No nos molestamos unos a otros con nuestros ronquidos. He podido orinar dos veces en el lavabo. He dejado correr el agua del grifo. Para las cinco y media ya estaba despierto, pero he aguantado en la cama hasta las seis y media. He ido a cagar y por los pasillos ya había un hombre y varios niños. He recibido una llamada que no debiera haber cogido era el 34912041903 que me ha robado un euro. Estoy convencido que es la propia compañía la que tiene programadas las llamadas automáticamente de tal forma que sólo por cogerla ya te roban el euro diario, aunque no hable. Es la condición del contrato. Día utilizado un euro. Merece la pena hacer las llamadas el mismo día pues, con un euro basta para todas. Lo que pasa es que a mí me conviene hacer las llamas cada cuatro o cinco días para decir que estoy bien y dónde me encuentro. Todas las compañías telefónicas, incluida Lebara, son unos ladrones. Y todavía no me han hecho la faena que me van a hacer a final de mes. Así perderán un cliente y no la recomendaré a nadie. Aunque la gente gasta en telefonía móvil lo que quiere, puede y más.

Balance de la primera jornada ascendente hacia el Norte.
El día no ha sido muy brillante en cuanto a paisaje. Quizás lo mejor haya sido la comida de pescado, bastante bien de precio en relación con la calidad. La lluvia ha durado poco, pero no el viento. Bien por los del albergue de Bremerhaven, al haber dicho a los de Cuxhaven que iba a llegar un español. Gracias a todos los que me han ayudado, y a los que lo antratado aunque no lo hayan conseguido.

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