Prolegómenos: HOLANDA-ALEMANIA-DINAMARCA


MAR DEL NORTE: HOLANDA-ALEMANIA-DINAMARCA.
Prolegómenos.
En 2013 no finalicé la costa holandesa, así que, con intención de completar la costa francesa europea, que ya había recorrido a pie en su parte del Atlántico, el año 2014 me disponía a caminar por la costa del Mediterráneo francés. Mi intención era la de comenzar por la isla de Córcega, embarcar al continente y, desde la frontera italiana de Veintimiglia, seguir hacia Portbou, en la frontera catalana. Pero una cosa es lo que uno se propone y otra, bien distinta, lo que ocurrió en la realidad. Se dieron varias circunstancias para que el recorrido por la costa continental del Sur de Francia, no lo llevara a término.

1.- El mal inicio, con la huelga de los ferrocarriles franceses.
2.- El mal arranque el primer día desde Ajaccio que, por caminos ancestrales apropiados por particulares, me llevaron a estar aislado entre matorrales llenos de pinchos, de donde salí muy magullado, sin agua y sólo con alimento de subsistencia.
3.- Todo ello me tuvo disgustado durante casi todo el viaje. Tras 29 días que tardé en dar la vuelta a la isla y regresar a Ajaccio por el Sur, di por finalizado el viaje por ese verano. Fue mi viaje más corto, si exceptuamos el del año 2010, en que recorrí pocas etapas, entre Sant Antoni de Calonge, donde en 2009 me había roto el peroné, y Collioure, donde terminé, en la tumba de Antonio Machado, la vuelta a la península, a pie por la costa, iniciada como Camino a Santiago en 2006.
4.- La decisión de terminarlo así, en Córcega, se fue reforzando por mi compromiso con el grupo de Libro-forum, de la Biblioteca Municipal de Irun, de presentar en el primer trimestre la obra de Alice Munro, reciente premio Nobel de Literatura. Este trabajo se me había retrasado mucho. Fue para lo único que me vino bien terminar tan pronto aquél fatídico viaje. El peor de todos, el más ingrato desde el del Camino a Santiago.

Estas circunstancias que acabo de enumerar, tuvieron otra repercusión. Al no realizar el recorrido del Sur francés mediterráneo, Collioure está abocado a ser mi final de viaje por las costas europeas, cuando llegue allí en mi periplo de lo que me queda del Mediterráneo. ¿Con cuántos años llegaré? ¿Estaré en buenas condiciones físicas para hacerlo realidad?

De momento, en verano de 2018, con 73 años, he iniciado una etapa de más de dos meses, recorriendo las islas del Dodecaneso y cinco de las del Norte del Egeo, las más próximas a la costa turca. En años sucesivos iré recorriendo, al menos ese es mi programa, el continente griego, Albania, Croacia, Eslovenia, Italia y el Sur de Francia. La isla de Cerdeña la rodeé en 2016. Me quedé sin reportaje fotográfico, por motivos que ya os contaré, razón por la cual no la podré narrar de la misma forma en que lo he venido haciendo hasta hoy.

Como Córcega (2014) y Cerdeña (2016) son dos islas pertenecientes territorialmente a Francia e Italia, respectivamente pero, por historia, con un gran bagaje de deseo independentista, voy a intentar narrarlas en conjunto y de forma diferente. Así presentaré a Córcega, con fotos, pero mi peor viaje, y a Cerdeña, sin ellas, aunque quizá el mejor viaje y donde me sentí más querido.

Por otro lado, en Octubre de 2015 falleció mi amigo Txema Elósegui, que había sido mi guía en un precioso viaje por Argelia a finales de 2004 y principios de 2005 y quien me había puesto el caramelo en la boca para hacer juntos la Ruta Licia, que transcurre por el sur de la península de Anatolia (Turquía central). En verano del 2013 se le había diagnosticado un cáncer y nuestro viaje era un acicate que ayudaba a mantenerlo en esta vida, además de otros intereses y sus ganas de vivir. No pudo ser. Yo, mientras, iba posponiendo el mediterráneo por Grecia. Turquía, con Txema, era una posibilidad que no podía ni quería abandonar. Hoy ya, sin el amigo viajero con nosotros estoy con las manos y los pies, libre de ataduras y puedo y quiero olvidarme de Turquía. Además, me digo, Turquía no es Europa, y puesto que mi periplo abarca la costa europea a pie…

Después de recorrer en 2017 lo que me quedaba de Báltico, puesto que la costa de Dinamarca y la de Alemania del Este ya la había recorrido, incompleta, en 2015, llegué a la conclusión de que Rusia tampoco es Europa. No pude entrar, por las condiciones que pedían para el visado, en la Región rusa de Kaliningrado (la antigua Königsberg de Kant), entre Polonia y Lituania y, por otra serie de circunstancias, tampoco pude llegar a la frontera de Estonia con Rusia, en Narva. Así que mi periplo por el Norte creo que quedará truncado.

Como en Dinamarca tuve problemas por el cambio de divisa, no me importaba nada dejar las costas de Suecia y Noruega. Lo que más siento es no poder recorrer las de Finlandia, donde tienen la misma moneda que nosotros. A pesar de lo que digo, Polonia también permanece fiel a su zloti pero, en el tiempo en que estuve allí, eso no fue ningún inconveniente, sino todo lo contrario, una ventaja, pues el cambio de divisa resultó muy favorable para nuestro potente euro. No me extraña que los polacos se resistan a entrar en el euro, pues les encarecería mucho la vida.

Por todo lo dicho, mi recorrido por el Báltico, también lo contaré de forma diferente. Dispongo de fotos desde Skagen (Dinamarca), lugar donde se mezclan los mares del Norte y el Báltico, hasta la frontera con Polonia, en Swinoujscie, pero no del resto de las costas polaca, lituana, letona y estona.

Ahora, ya explicado lo que precede, me dispongo a relatar mi continuación de viaje, del verano de 2015, por la costa holandesa, la entrada a Alemania hasta Dinamarca y ésta última, hasta Skagen, en el punto donde se encuentra el Mar del Norte con el Báltico. Todo ello, siguiendo la misma tónica que hasta ahora, con profusión de fotografías. A este viaje parcial, lo llamaré MAR DEL NORTE, aunque por este mar ya viajé en 2013, tras abandonar el Canal de la Mancha y pasar al otro lado del Paso de Calais, Bélgica y casi la totalidad de Holanda.

Notaréis un salto de etapas entre paréntesis, son los 29 días de Córcega, viaje no narrado. Así pues, la etapa primera será la nº (441) de mi periplo europeo.

Empieza el viaje pero no, todavía, mis etapas a pie.

En el grupo de lIbro-forum leemos, de Maite González Esnal, “Frutas, viajes y barrios”. Tendrá algo que ver con la isla Frisia holandesa que visitaré de
Schiermonnikoog. Algo de lo que leo en dicho libro, me servirá en mi visita a dicha isla.

Aunque mi viaje de este verano sólo lo voy a narrar hasta el cabo más al Norte de Dinamarca, en Skagen, continuará hasta la frontera polaca, donde dormiré en albergue las dos últimas noches.

Planeamiento del viaje.
Me he preparado en Internet una lista con las islas Frisias que me quedan por recorrer. Puesto que en 2013 Texel, Vlieland y Terschelling, ya quedaron atrás, de las Frisias occidentales holandesas más importantes, sólo me quedan por conocer dos: Ameland y Schiermonnikoog, ya mencionada. De las doce islas Frisias orientales, que siguen por el Mar del Norte, coronando la costa de Alemania, sólo visitaré la primera, Borkum, por razones que ya explicaré a su debido tiempo. Cuando todavía en Alemania, llegue a las Frisias septentrionales, elegiré dos para recorrer, Amrum y Sylt, dejando de lado las otras cinco. De Sylt pasaré a las tres danesas: Rømø, Mandø y Fanø. Ciertamente, esta selección no la tenía previamente, sino que fue surgiendo sobre la marcha, como se verá. De cada una de las islas llevaba alguna anotación complementaría que me ayudaría a hacer más racional el recorrido.

También llevo lista de albergues. En Ameland hay stayokay y dormiré dos noches. Los albergues juveniles de Alemania se llaman judgenherbergue, pero en Borkum dormí en la playa. Y en el de Esens dormiré en la sala de ping-pong. En Dinamarca, los dankhostel, los utilizaré según los vaya necesitando y en función de que encuentre o no shelter, que son cabañas de madera abiertas y gratuitas con aseos, agua y leña, también gratuita, más que de sobra como para poder mantener encendido el fuego durante toda la noche. Aunque no lo voy a narrar, los albergues daneses del Báltico me resultaron más problemáticos. En Dinamarca, se puede pagar un pan, una cerveza, un paquete de tabaco, con tarjeta bancaria, sin embargo en la zona danesa, después de Copenhague, no me la cogían en los albergues juveniles y tampoco podía calcular las coronas danesas que debía sacar del banco así que, como se me acababan las coronas, decidí acelerar mi marcha de aquel país.

También llevo un listado en orden alfabético de palabras en alemán, danés, polaco y su traducción al castellano, que me serán de alguna utilidad. Hay que tener en cuenta que mi teléfono móvil es elemental y sólo sirve para hacer llamadas y a veces, como se verá, ni para eso.

He organizado mi viaje en tren: Hendaye-París Montparnasse y París Nord-Ámsterdam. El viaje lo hago en el día. Sacados los billetes en la estación de Hendaia pago, por el primer tramo 36€ y por el segundo 51€, ambos en 2ª clase.

También voy con la reserva hecha del primer albergue juvenil, el Stayokay de Ámsterdam Vondelpark, donde pasaré dos noches en habitación colectiva. El coste por noche es de 37€ y pago un depósito de 8,88€. Al llegar tendré que pagar el resto de 67,62€. Los 2,50€ restantes son de impuestos. Allí haré amistad con un estudiante que vive en Suiza, cuya madre es suiza y su padre es de la India. Nuestra relación epistolar aún perdura en 2019. Ya os hablaré de él.

Salgo con 68 y regresaré con 61 kilos. Caminar, y comer desordenado y diferente, sirven para adelgazar. En esta ocasión, serán siete kilos. Los iré recuperando a lo largo del período, hasta el siguiente verano. Ropa y mochilas pesan algo más de diez kilos, incluido medio litro de agua, tres bolsas de pipas de calabaza, nueces y sésamo, y barritas energéticas, para comidas-cenas de subsistencia. Según los vaya consumiendo, el peso se irá reduciendo, pero iré añadiendo el peso de papeles y mapas que voy guardando. En resumen, el peso de todo, al regreso, será de 9 kilos y medio. Intento, pero me resulta difícil reducirlo más.

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