Etapa 06 (447) Schiermonnikoog-Warffum
Etapa 06 (447) 11
de junio de 2015, jueves.
Schiermonnikoog-(ferry)-Lauwersoog-Hornhuizen-Leens-Weden
Hoorn-Eenrum-Baflo-Rasquert-Breede-Warffum.
Amanecer en Dorp (Schiermonnikoog).
Me levanto, cago y
me pongo a escribir. Termino a las 8:45 horas. Pongo la pila que ayer
quité al reloj. Va con una hora de adelanto y, como no tengo ni
idea de cómo hacerlo, ni intento ponerlo bien en hora.
Saco foto de la cama desbaratada y del reloj en deshora, bajo la escalera y ni me molesto en buscar a nadie para decir que me voy. La dueña se ha convertido en indigna para mí. La llave se queda dentro de la casa y fotografío la vivienda desde el exterior. No sería capaz de decir cuáles son las ventanas de la habitación en que he dormido. Me supongo que serán la primera de la fachada y la primera del tejado, que proporcionaba una pared abuhardillada.
Pero, mirándolo bien, es casi seguro que corresponde al otro lado de la fachada o a la parte trasera de la casa, la que no se ve. Doblo la casa y continúo por la hermosa arboleda hacia el centro del pueblo.
Saco foto de la cama desbaratada y del reloj en deshora, bajo la escalera y ni me molesto en buscar a nadie para decir que me voy. La dueña se ha convertido en indigna para mí. La llave se queda dentro de la casa y fotografío la vivienda desde el exterior. No sería capaz de decir cuáles son las ventanas de la habitación en que he dormido. Me supongo que serán la primera de la fachada y la primera del tejado, que proporcionaba una pared abuhardillada.
Pero, mirándolo bien, es casi seguro que corresponde al otro lado de la fachada o a la parte trasera de la casa, la que no se ve. Doblo la casa y continúo por la hermosa arboleda hacia el centro del pueblo.
Es el problema
derivado de que no le den a uno el desayuno que creía incluido en el
precio de un B&B. Llego al Bernstorff e intento desayunar y pido
un capuchino, pero la única opción que ofrecen es la del bufet y,
no me llego a enterar muy bien, pero es muy probable que sólo se la
ofrezcan a los clientes del hotel. Suele ocurrir, y no me sorprende.
El Tox-Bar está cerrado y decido que hoy no tomaré café de
desayuno.
Doy una vuelta mientras espero a que den las 9:30, hora prevista de apertura del V.v.v. Leo un nº 11, día de hoy, pero más parece un 16-6-15. Llego a la bakkerij, la panadería, donde compro bollería, uno que llaman gangmaker (1,05) y otro, flapje (0,75), así que pago 1,80€. Al menos, hasta la hora de coger el ferry que, según mi horario es a las 10:30, no iré con el estómago vacío.
Saco foto de la panadería, donde vuelvo a ver la bandera como la del pabellón de la playa que vi ayer, lo que me hace pensar en que pueda ser la enseña de la isla. En la parte alta de la casa se muestra un carro de reparto antiguo. Parece el carrico del helado y en él pone Brood and Banket, el nombre del establecimiento. Salgo para comer lo comprado en la calle.
Menos mal que ninguno de ellos es salado. Mientras como los bollos, veo a un niño que camina inseguro por medio de la calle, sin responsable que lo vigile y, aunque la calle está embaldosada y parece que pudiera considerarse peatonal, la realidad es que circulan algunos vehículos por ella. Para una ciclista, que baja de su bici y atiende al niño y, poco después, aparece la madre tan tranquila.
La ciclista parece más preocupada que la responsable de que haya salido el niño a la carretera. Saco dos fotos secuenciales, en una vemos al niño con la ciclista y en la siguiente, con la madre, que ya ha dado señales de vida y acaba de llegar con otro niño algo mayor que el primero. La ciclista había dejado su bici anclada de pie en la carretera y trataba de buscar a alguien que, al final, a aparecido. Puesto que ya estoy desayunando, no tengo necesidad de entrar en la oficina de información.
Doy una vuelta mientras espero a que den las 9:30, hora prevista de apertura del V.v.v. Leo un nº 11, día de hoy, pero más parece un 16-6-15. Llego a la bakkerij, la panadería, donde compro bollería, uno que llaman gangmaker (1,05) y otro, flapje (0,75), así que pago 1,80€. Al menos, hasta la hora de coger el ferry que, según mi horario es a las 10:30, no iré con el estómago vacío.
Saco foto de la panadería, donde vuelvo a ver la bandera como la del pabellón de la playa que vi ayer, lo que me hace pensar en que pueda ser la enseña de la isla. En la parte alta de la casa se muestra un carro de reparto antiguo. Parece el carrico del helado y en él pone Brood and Banket, el nombre del establecimiento. Salgo para comer lo comprado en la calle.
Menos mal que ninguno de ellos es salado. Mientras como los bollos, veo a un niño que camina inseguro por medio de la calle, sin responsable que lo vigile y, aunque la calle está embaldosada y parece que pudiera considerarse peatonal, la realidad es que circulan algunos vehículos por ella. Para una ciclista, que baja de su bici y atiende al niño y, poco después, aparece la madre tan tranquila.
La ciclista parece más preocupada que la responsable de que haya salido el niño a la carretera. Saco dos fotos secuenciales, en una vemos al niño con la ciclista y en la siguiente, con la madre, que ya ha dado señales de vida y acaba de llegar con otro niño algo mayor que el primero. La ciclista había dejado su bici anclada de pie en la carretera y trataba de buscar a alguien que, al final, a aparecido. Puesto que ya estoy desayunando, no tengo necesidad de entrar en la oficina de información.
De camino hacia
el ferry.
Paso por la calle en
que ayer encontré, aunque más tarde, el camino que lleva al faro
blanco, que sólo pude ver de lejos, pues no me pude acercar. Parece
que por aquí llegaría fácilmente a él, pero ahora ya no tengo
tiempo para entretenerme. No quiero llegar tarde al ferry. Camino del
dique, en un amplio espacio con césped, veo una pequeña escultura
que, según mi inspiración me da a entender, representa una ola
especial para los amantes del surf.
¿Lo interpreto bien? El letrero en neerlandés, no me aclara si el artista ha querido representar una ola marina, aunque para mí, interprete que lo sea.


Llego al dique y encuentro la máquina que ayer por la mañana daba vuelta a la hierba cortada para que se secara bien y por todos los lados. Yendo hacia el dique, veo a un matrimonio andarín que se asombra del viaje que les cuento.
Lo mismo le ocurre a un empleado de Wagenborg, al que luego le pediré que me eche en el libro el sello de su compañía, pero me dirá que no tiene otro que el que ya me pusieron, pues la compañía Wagenborg es la que regenta estas dos últimas islas Frisias holandesas.
Sopla aire de levante, aunque menos veloz que el de ayer. Ya estoy caminando por el dique. Igual que ayer, la marea parece estar muy baja. ¿Tendremos problemas para llegar al puerto de la costa interior? Repito el camino de ayer, pero a la inversa, esto es, en dirección contraria. Pronto veo a lo lejos el embarcadero y, más hacia el mar, un barco que muy bien pudiera ser la dragadora.
Luego lo confirmaré, cuando esté más cerca. Ahora toca caminar. Sin prisas, pues todavía faltan tres cuartos de hora para la salida del ferry, según el horario previsto de las 10:30, que es el mismo para laborables que para festivos. Para las 10:15 ya estoy llegando al embarcadero. Ya cerca, compruebo que, efectivamente, el barco que veía de lejos, es la dragadora que, muy trabajadora, no deja de dragar la mezcla de limos y arenas negras que extrae del fondo de este mar de mierda.
No es la primera vez que uso esta expresión malsonante y maloliente, pero que es la que mejor expresa la realidad de este Mar del Norte interior. La dragadora sigue trabajando cuando veo aparecer, todavía lejano, a nuestro ferry. He llegado al embarcadero mucho antes que él. Casi está a punto de abordarla, pero un pivote flotante rojo, indica bien al piloto el lugar por donde debe llevar su barco. Cuando ya está superando a la dragadora y veo el ferry de lado (nunca sé si es babor o estribor, aunque me santigüe varias veces porque así me dijeron que se sabía), veo que es el mismo con el que llegué ayer, el Rottum. Los pasajeros que esperamos para montar no somos muchos, pero vienen muchos niños y muchos ciclistas que bajan montados en sus bicis.
¿Lo interpreto bien? El letrero en neerlandés, no me aclara si el artista ha querido representar una ola marina, aunque para mí, interprete que lo sea.
Llego al dique y encuentro la máquina que ayer por la mañana daba vuelta a la hierba cortada para que se secara bien y por todos los lados. Yendo hacia el dique, veo a un matrimonio andarín que se asombra del viaje que les cuento.
Lo mismo le ocurre a un empleado de Wagenborg, al que luego le pediré que me eche en el libro el sello de su compañía, pero me dirá que no tiene otro que el que ya me pusieron, pues la compañía Wagenborg es la que regenta estas dos últimas islas Frisias holandesas.
Sopla aire de levante, aunque menos veloz que el de ayer. Ya estoy caminando por el dique. Igual que ayer, la marea parece estar muy baja. ¿Tendremos problemas para llegar al puerto de la costa interior? Repito el camino de ayer, pero a la inversa, esto es, en dirección contraria. Pronto veo a lo lejos el embarcadero y, más hacia el mar, un barco que muy bien pudiera ser la dragadora.
Luego lo confirmaré, cuando esté más cerca. Ahora toca caminar. Sin prisas, pues todavía faltan tres cuartos de hora para la salida del ferry, según el horario previsto de las 10:30, que es el mismo para laborables que para festivos. Para las 10:15 ya estoy llegando al embarcadero. Ya cerca, compruebo que, efectivamente, el barco que veía de lejos, es la dragadora que, muy trabajadora, no deja de dragar la mezcla de limos y arenas negras que extrae del fondo de este mar de mierda.
No es la primera vez que uso esta expresión malsonante y maloliente, pero que es la que mejor expresa la realidad de este Mar del Norte interior. La dragadora sigue trabajando cuando veo aparecer, todavía lejano, a nuestro ferry. He llegado al embarcadero mucho antes que él. Casi está a punto de abordarla, pero un pivote flotante rojo, indica bien al piloto el lugar por donde debe llevar su barco. Cuando ya está superando a la dragadora y veo el ferry de lado (nunca sé si es babor o estribor, aunque me santigüe varias veces porque así me dijeron que se sabía), veo que es el mismo con el que llegué ayer, el Rottum. Los pasajeros que esperamos para montar no somos muchos, pero vienen muchos niños y muchos ciclistas que bajan montados en sus bicis.
Montados en el
Rottum hacia Lauwersoog.
Orino en el retrete
del barco y salimos con un mínimo retraso sobre el horario previsto.
Bebo un traguito de agua de despedida de la isla.
El Rottum pasa muy
próximo a la dragadora, que no deja de meter y sacar arena y limo
del fondo marino. Como sigue haciendo aire frío, en esta mañana en
la que aún no luce con fuerza el sol, la foto la saco desde dentro
del ferry y a través del cristal, algo sucio y mojado de humedad.
Saco también foto de despedida de la costa isleña, en cuyo
horizonte, se reflejan como tres medias lunas duplicadas, unas en
fase creciente y otras en menguante.
No deja de ser un juego óptico que reproduce el doble cristal y que actúa a modo de espejo. La proa del barco, al surcar este mar interior, va produciendo débiles olas, que se van disipando antes de llegar a la orilla. Hacia las diez, me acerco al mostrador y pido un trozo de tarta de manzana y pido un botellín de Rivella. El chico me ha dicho que puedo pagar con tarjeta. Me pregunta si quiero que le ponga nata a la appel gebac. Meto la tarjeta en la ranura del datafono, pero la Visa no va. Como estoy sin apenas dinero, dejo todo en el mostrador y vuelvo a mi mesa. Me quedo sin tomar nada. No entiendo cómo en la misma compañía se puede pagar el billete con Visa y dentro del barco no. El chico me dice que, aunque es la misma compañía, son dos empresas distintas las que lo gestionan. Una la billetería y otra el consumo a bordo. Muestra su asombro cuando le cuento de qué va mi viaje. Sentado en camarote a cubierto, escribo el diario. Voy algo desganado, poco motivado para dibujar. Termino de escribir hacia las 10:45, cuando cojo el periódico LYTJE POLE, que dedica todas sus páginas a Schiermonnikoog. Y su National Park. Creo que ese anuncio ya lo vi hace dos años y me hizo pensar que toda la isla era parque natural y que, por tanto, no tenía ciudad y no se podía visitar.
Un error así lo comete cualquiera y, después de leer el libro de Maite González Esnal, que está emparejada con un frisio, y haber visitado la isla, las dudas han quedado bien disipadas. Casi estamos llegando a puerto. Habremos tardado aproximadamente tres cuartos de hora en llegar al desembarcadero de Lauwersoog. Saco nueva foto antes de empezar el desembarco. No podemos bajar hasta que nos abran las puertas de salida. El empleado de Wagenborg espera en espacio intermedio hasta que el piloto termine la maniobra de acercamiento al muelle.
No deja de ser un juego óptico que reproduce el doble cristal y que actúa a modo de espejo. La proa del barco, al surcar este mar interior, va produciendo débiles olas, que se van disipando antes de llegar a la orilla. Hacia las diez, me acerco al mostrador y pido un trozo de tarta de manzana y pido un botellín de Rivella. El chico me ha dicho que puedo pagar con tarjeta. Me pregunta si quiero que le ponga nata a la appel gebac. Meto la tarjeta en la ranura del datafono, pero la Visa no va. Como estoy sin apenas dinero, dejo todo en el mostrador y vuelvo a mi mesa. Me quedo sin tomar nada. No entiendo cómo en la misma compañía se puede pagar el billete con Visa y dentro del barco no. El chico me dice que, aunque es la misma compañía, son dos empresas distintas las que lo gestionan. Una la billetería y otra el consumo a bordo. Muestra su asombro cuando le cuento de qué va mi viaje. Sentado en camarote a cubierto, escribo el diario. Voy algo desganado, poco motivado para dibujar. Termino de escribir hacia las 10:45, cuando cojo el periódico LYTJE POLE, que dedica todas sus páginas a Schiermonnikoog. Y su National Park. Creo que ese anuncio ya lo vi hace dos años y me hizo pensar que toda la isla era parque natural y que, por tanto, no tenía ciudad y no se podía visitar.
Un error así lo comete cualquiera y, después de leer el libro de Maite González Esnal, que está emparejada con un frisio, y haber visitado la isla, las dudas han quedado bien disipadas. Casi estamos llegando a puerto. Habremos tardado aproximadamente tres cuartos de hora en llegar al desembarcadero de Lauwersoog. Saco nueva foto antes de empezar el desembarco. No podemos bajar hasta que nos abran las puertas de salida. El empleado de Wagenborg espera en espacio intermedio hasta que el piloto termine la maniobra de acercamiento al muelle.
Ya estamos en la
provincia de Groningen y ya me queda poco para culminar la costa
holandesa, que terminaré de recorrer mañana temprano. Busco un
V.v.v. y, como no lo encuentro, pregunto. Una pareja me indica una
oficina información para los que van a la isla. Voy hacia allí,
pero primero paso por la rotonda de ayer por la mañana, dejando a mi
derecha la esclusa que fotografié por ambos lados. Ahora la
fotografío del lado que me faltaba.
Voy dejando atrás el mar interior de Lauwersmeer y me escoro hacia el lado contrario, siguiendo hacia el Este. Pronto encuentro otra esclusa que regula la salida de agua a dicho Lauwersmeer. La debo pasar si quiero acercarme al puerto, a la oficina de información que me han indicado.
Voy dejando atrás el mar interior de Lauwersmeer y me escoro hacia el lado contrario, siguiendo hacia el Este. Pronto encuentro otra esclusa que regula la salida de agua a dicho Lauwersmeer. La debo pasar si quiero acercarme al puerto, a la oficina de información que me han indicado.
Oficina de
Información.
No tiene las siglas
de V.v.v. Me atienden muy bien, pero la información que tienen está
principalmente orientada hacia los estudiosos de la naturaleza que
visitan la isla que acabo de abandonar. De haberlo sabido ayer, quizá
me habrían dado un plano mejor y gratis de la isla de
Schiermonnikoog, pero hoy tal cosa ya no me interesa. Con todo me dan
un trozo de mapa de la provincia de Groningen, que recorto dejando
sólo la costa, y que no me va a servir más que para llegar a
destino el día de hoy. Por suerte, Gilda me dará la sorpresa con
otro mejor, aunque tampoco me sirve más que para lo mismo, para
ilustrar mejor el recorrido ya realizado. Un hombre y una mujer se
muestran sorprendidos por el recorrido que estoy haciendo.
Poco rato por el
dique.
Abandono el puerto y
llego a la parte alta del mismo que ofrece unas casetas coloristas.
No sé cuál será su finalidad cuando las acaben. Algunas todavía
tienen los andamios para los pintores. Al menos, alegran algo el
paisaje monótono que empezará pronto por el dique.
La ciudad de Lauwersoog está situada en el lado del mar cenagoso, al otro lado de la carretera. La verdad es que cualquiera de las dos costas son a cual peor. No me podré bañar. Llego al dique, que ofrece lo mismo que los de los últimos días, pero sin ovejas ni corderos. Una máquina segadora, rasura la hierba que crece en él. El pueblo queda detrás de una barrera y ni me acerco.
El dique continúa con sus subidas y bajadas, que permiten el paso al otro lado, y empiezan a aparecer los primeros ovinos. Los “lobos” militares están al otro lado. Las ovejas no pueden salir, peligrarían en la carretera con los coches. Veo una conexión entre vergas. Voy desde el punto 05 de mi mapa, hacia el 08.
Es el sistema de números que, aunque ahora yendo por la costa no son necesarios, sí los necesitaré en mi recorrido de más tarde por el interior. Sobre el dique veo una construcción que me parece militar, por eso decía lo de los “lobos”, pero va a resultar que es otra esclusa.
Sin abandonar aún el dique, veo a mi derecha, elevada sobre las copas de los árboles, una torreta que muy bien pudiera estar construida para el avistamiento de aves. Si estuviéramos en el Euskal Herria, País Vasco, no tendría inconveniente en decir que es un puesto para cazar palomas, como en palomeras de Etxalar.
Sobre el dique aparecen nuevas construcciones estratégicas, que me siguen pareciendo militares. Entre cazadores y militares, me voy haciendo mi propia película. Llego a una encrucijada. Una pareja ha dejados sus bicis apoyadas y sin candar, y ha subido al dique para ver las vistas. Hay poco que ver.
No he podido calcular el tiempo tardado, puesto que no he visto la primera señal, pero sí del 08 al 09. Del punto 08, he ido al 09 y ahora al 11. Si quisiera seguir por la costa, por el dique, lo lógico sería continuar hacia los número 37 y 39, pero se está acercando la hora de comer y por ahí no voy a encontrar nada. Así que abandono esa opción y me dirijo hacia el interior, hacia Hornhuizen, que lleva el nº 12. Abandono el dique dejando de lado un canal. En el lado izquierdo se ven algunas ovejas.
La ciudad de Lauwersoog está situada en el lado del mar cenagoso, al otro lado de la carretera. La verdad es que cualquiera de las dos costas son a cual peor. No me podré bañar. Llego al dique, que ofrece lo mismo que los de los últimos días, pero sin ovejas ni corderos. Una máquina segadora, rasura la hierba que crece en él. El pueblo queda detrás de una barrera y ni me acerco.
El dique continúa con sus subidas y bajadas, que permiten el paso al otro lado, y empiezan a aparecer los primeros ovinos. Los “lobos” militares están al otro lado. Las ovejas no pueden salir, peligrarían en la carretera con los coches. Veo una conexión entre vergas. Voy desde el punto 05 de mi mapa, hacia el 08.
Es el sistema de números que, aunque ahora yendo por la costa no son necesarios, sí los necesitaré en mi recorrido de más tarde por el interior. Sobre el dique veo una construcción que me parece militar, por eso decía lo de los “lobos”, pero va a resultar que es otra esclusa.
Sin abandonar aún el dique, veo a mi derecha, elevada sobre las copas de los árboles, una torreta que muy bien pudiera estar construida para el avistamiento de aves. Si estuviéramos en el Euskal Herria, País Vasco, no tendría inconveniente en decir que es un puesto para cazar palomas, como en palomeras de Etxalar.
Sobre el dique aparecen nuevas construcciones estratégicas, que me siguen pareciendo militares. Entre cazadores y militares, me voy haciendo mi propia película. Llego a una encrucijada. Una pareja ha dejados sus bicis apoyadas y sin candar, y ha subido al dique para ver las vistas. Hay poco que ver.
No he podido calcular el tiempo tardado, puesto que no he visto la primera señal, pero sí del 08 al 09. Del punto 08, he ido al 09 y ahora al 11. Si quisiera seguir por la costa, por el dique, lo lógico sería continuar hacia los número 37 y 39, pero se está acercando la hora de comer y por ahí no voy a encontrar nada. Así que abandono esa opción y me dirijo hacia el interior, hacia Hornhuizen, que lleva el nº 12. Abandono el dique dejando de lado un canal. En el lado izquierdo se ven algunas ovejas.
Hacia Hornhuizen
(12).
Esta es la primera
zona habitada que ofrece mi mapa, así que hacia ella me dirijo. Lo
primero con que me encuentro es una granja, pero sus cultivos son en
invernaderos. Unos invernaderos de plástico muy bien construidos,
con un buen techado. No se parecen en nada a las piltrafas que vi en
El Ejido y por otros lugares de Andalucía, ni a los de algunas
plataneras de Tenerife y de La Palma. Pero no logro saber qué
cultivan en ellos.
Debo confiar en la pista de asfalto esperando que me lleve hacia el número deseado. Campos roturados aún sin sembrar y otros sembrados. Encuentro un cúmulo de cieno que aromatiza el ambiente. Menos mal que las fotos son sin olor. Os libráis, ¡cabritos!
Un nuevo dique, pero éste ya no es para contener al mar, puesto que está en interior. Un sembrado de trigo o alguna otra gramínea, aún sin madurar, me hace pensar que se sembró con retraso o que aquí la cosecha no la recogerán hasta finales de agosto o primeros de setiembre. Junto al dique, dos molinos de viento de tres aspas, para obtener energía eólica. Una vez atravesado el dique, llego a
Hornhuizen y Kruisweg.
Debo confiar en la pista de asfalto esperando que me lleve hacia el número deseado. Campos roturados aún sin sembrar y otros sembrados. Encuentro un cúmulo de cieno que aromatiza el ambiente. Menos mal que las fotos son sin olor. Os libráis, ¡cabritos!
Un nuevo dique, pero éste ya no es para contener al mar, puesto que está en interior. Un sembrado de trigo o alguna otra gramínea, aún sin madurar, me hace pensar que se sembró con retraso o que aquí la cosecha no la recogerán hasta finales de agosto o primeros de setiembre. Junto al dique, dos molinos de viento de tres aspas, para obtener energía eólica. Una vez atravesado el dique, llego a
Hornhuizen y Kruisweg.
Llego dando las
campanadas de las dos. El único restaurante que hay, en este pequeño
pueblo, está cerrado. Me lo dice un obrero que está reparando la
fachada de la iglesia. Otro que está reparando algún fallo de la
mecánica de un motor, me dice que, siguiendo unos dos kilómetros,
que serán, o se me harán a mí muy largos, llegaré a Kruisweg,
pero allí tampoco habrá ningún establecimiento de comidas.
He sacado foto de una gran casa que, aun teniendo apariencia de granja, ofrece una alta visera muy peculiar. Luego saco otra con la torre de la iglesia que supera las copas de los árboles y el letrero con el nombre del pueblo. Trigales y más trigales. Todos, todavía muy verdes. Ya llegará el verano. De mi paso por Kruisweg no hay nada importante que señalar, ni foto que ofrecer. He pasado sin pena ni gloria.
He sacado foto de una gran casa que, aun teniendo apariencia de granja, ofrece una alta visera muy peculiar. Luego saco otra con la torre de la iglesia que supera las copas de los árboles y el letrero con el nombre del pueblo. Trigales y más trigales. Todos, todavía muy verdes. Ya llegará el verano. De mi paso por Kruisweg no hay nada importante que señalar, ni foto que ofrecer. He pasado sin pena ni gloria.
Leens.
Siguiendo con la
tónica de las espigas verdes, me voy acercando a Leens. No tengo muy
claro si voy en dirección al nº 16 directamente, pero casi
aseguraría que llego a la carretera nacional 361 por el nº 24 que
está a mitad de camino entre Ulrum y Leens. Ir hacia Ulrum me haría
retroceder, así que, por la N-361 camino hacia Leens.
Primero voy por la propia carretera, hasta que veo, al otro lado, carril bici. ¡Menos mal! Así voy acercándome a la torre de la iglesia que es lo que más destaca de lejos, como ya va siendo habitual. Sigo viendo grandes extensiones de cereal. Paso junto a una hermosa mansión, casi oculta a la vista de los ajenos, por unos anchos y sanos setos excesivamente bien recortados. Parecen muros vegetales. Nadie profanará el sosiego de sus dueños.
Van a dar las tres cuando llego con temor de que no encuentre ya a esta hora ningún sitio donde me den de comer. Pero antes, saco foto de la puntiaguda iglesia, cuyo pincho ya se veía de lejos. Ahora, al pie de la fachada de la torre principal, la sensación de altura de la pirámide superior es engañosa. No tanto como la que recibí del punto más alto de la pirámide de los faraones egipcios, Keops, Kefrén y Mikerinos. Antes de llegar a Leens, veo una liebre que me alegra por un rato. ¡Si la hubiese visto mi padre!
Primero voy por la propia carretera, hasta que veo, al otro lado, carril bici. ¡Menos mal! Así voy acercándome a la torre de la iglesia que es lo que más destaca de lejos, como ya va siendo habitual. Sigo viendo grandes extensiones de cereal. Paso junto a una hermosa mansión, casi oculta a la vista de los ajenos, por unos anchos y sanos setos excesivamente bien recortados. Parecen muros vegetales. Nadie profanará el sosiego de sus dueños.
Van a dar las tres cuando llego con temor de que no encuentre ya a esta hora ningún sitio donde me den de comer. Pero antes, saco foto de la puntiaguda iglesia, cuyo pincho ya se veía de lejos. Ahora, al pie de la fachada de la torre principal, la sensación de altura de la pirámide superior es engañosa. No tanto como la que recibí del punto más alto de la pirámide de los faraones egipcios, Keops, Kefrén y Mikerinos. Antes de llegar a Leens, veo una liebre que me alegra por un rato. ¡Si la hubiese visto mi padre!
Huskamer Van.
También he visto
cigüeñuelas. Entro en Leens en el Huskamer Van. No es la comida que
yo hubiera preferido si hubiese tenido oportunidad de elegir, aunque
la sopa de cebolla está muy rica. Se ríen ante mi petición de
stamppôt. Me atiende muy bien, casi con exquisitez, una mujer
alta, rubia y muy guapa. Incluso se molesta en buscarme con su móvil
tres B&B en su móvil. Los anoto, aunque no me van a servir de
nada. Me sacan dos rebanadas de pan de molde con mantequilla y la
como con la primera croqueta. La otra está más rica sola, sin
mantequilla y me la como con la ensalada.

Mientras estoy comiendo, llega un hijo de la mujer, también alto, y completo la comida con un appelgebak, pastel de manzana, y un capuchino. Todo por 14,85€ que pago en efectivo. Admiten tarjeta de crédito, pero rechazan Visa. Tienen derecho a hacerlo, por algo será, pero a mí me hacen la puñeta. Se ve que hay guerra entre Merkel y Obama, entre los dólares y los euros, aunque yo más creo que es un problema de comisiones. Me voy con el estómago lleno, aunque algo desmoralizado por lo de la tarjeta. Antes de salir del establecimiento, hago un plan para el recorrido de esta tarde con intención de hacer todo lo posible para llegar a Warfum, que es el último pueblo que aparece en mi mapa, con los números 53 y 57. Para ello me tendré que salir de la N-361. Cuando salgo del restaurante fotografío otra iglesia. Son las cuatro de la tarde. Inicio por la carretera, pero pronto me escoro hacia el carril bici, pero hay tramos en que la carretera la debemos compartir vehículos, ciclistas y peatones.
Mientras estoy comiendo, llega un hijo de la mujer, también alto, y completo la comida con un appelgebak, pastel de manzana, y un capuchino. Todo por 14,85€ que pago en efectivo. Admiten tarjeta de crédito, pero rechazan Visa. Tienen derecho a hacerlo, por algo será, pero a mí me hacen la puñeta. Se ve que hay guerra entre Merkel y Obama, entre los dólares y los euros, aunque yo más creo que es un problema de comisiones. Me voy con el estómago lleno, aunque algo desmoralizado por lo de la tarjeta. Antes de salir del establecimiento, hago un plan para el recorrido de esta tarde con intención de hacer todo lo posible para llegar a Warfum, que es el último pueblo que aparece en mi mapa, con los números 53 y 57. Para ello me tendré que salir de la N-361. Cuando salgo del restaurante fotografío otra iglesia. Son las cuatro de la tarde. Inicio por la carretera, pero pronto me escoro hacia el carril bici, pero hay tramos en que la carretera la debemos compartir vehículos, ciclistas y peatones.
Wehe-den Hoorn.
Bolsos en las astas.
Bolsos en las astas.
16-20-21 Es el
recorrido que hago y, cuando llego a las primeras casas del pueblo,
lo que más me sorprende es ver unos bolsos colgando de las astas de
las banderas del país holandés. La bandera neerlandesa es como la
francesa, con el blanco central, pero los otros dos, azul y rojo
invertidos de posición. La francesa: azul-blanco-rojo, el mismo
orden en que Kieslowski filmó sus tres películas, mientras que la
de Holanda es rojo-blanco-azul. No sé si habrá algún matiz para
diferenciar los colores, como ocurre en España. En la bandera
española, que pudiéramos decir que es dos franjas rojas y una
central amarilla… Pues no, es rojo y gualda. Igual da gualda que
amarillo, pero... No puedo preguntar a nadie el significado de los
bolsos. ¿Algo relacionado con regalos, con abundancia? ¿Tendrá
algo que ver con santa Adelaida, san Bernabé, o con la Trinidad?
Llego al punto 21, donde se me ofrecen dos direcciones, una hacia el 36, que me llevaría hacia el Norte, y decido que no me interesa, y la otra hacia el 28, que es por la dirección que opto. Erróneamente, el reloj señala las 10-11 de la mañana. Los nombres de las calles se ponen con el onomástico más “straat”, como en euskera, onomástico y kalea. Toca seguir adelante, pero va a ser algo más complicado de lo que parece.

Cuando paso por la iglesia, van a dar las cinco menos veinte. Está bien situada y aislada. Hay mucho espacio para fotografiarla de cualquier lugar que se desee. Cuando llego a una inadecuada señal, me parece que no me queda otra opción que seguir por la carretera, pero no es así.
Aunque sé que debo ir hacia la izquierda, un canal por el que veo circula una embarcación de recreo, pilotada por el padre, mientras la madre, en proa, ríe las gracias a su criatura, todavía bebé. Llego al cartel de finalización del pueblo y lo paso. Un matrimonio que pasa en coche, para su vehículo y me dice que no debo seguir por allí. Cuando estoy pasando el puente para circulación rodada, veo que había antes otro, para peatones y ciclistas, que no he visto. Así que retrocedo para pasar el canal por él. Retrocedo unos metros, hasta el cartel de finalización de Wehe-den-Hoorn, y cruzo el puente peatonal. Ahí debiera estar el nº con flecha hacia el 28. Se ve que tampoco los holandeses hacen todas las cosas bien. Es casi seguro que este punto es el más al Sur que voy a estar en el tiempo de estancia en Groningen.
Llego al punto 21, donde se me ofrecen dos direcciones, una hacia el 36, que me llevaría hacia el Norte, y decido que no me interesa, y la otra hacia el 28, que es por la dirección que opto. Erróneamente, el reloj señala las 10-11 de la mañana. Los nombres de las calles se ponen con el onomástico más “straat”, como en euskera, onomástico y kalea. Toca seguir adelante, pero va a ser algo más complicado de lo que parece.
Cuando paso por la iglesia, van a dar las cinco menos veinte. Está bien situada y aislada. Hay mucho espacio para fotografiarla de cualquier lugar que se desee. Cuando llego a una inadecuada señal, me parece que no me queda otra opción que seguir por la carretera, pero no es así.
Aunque sé que debo ir hacia la izquierda, un canal por el que veo circula una embarcación de recreo, pilotada por el padre, mientras la madre, en proa, ríe las gracias a su criatura, todavía bebé. Llego al cartel de finalización del pueblo y lo paso. Un matrimonio que pasa en coche, para su vehículo y me dice que no debo seguir por allí. Cuando estoy pasando el puente para circulación rodada, veo que había antes otro, para peatones y ciclistas, que no he visto. Así que retrocedo para pasar el canal por él. Retrocedo unos metros, hasta el cartel de finalización de Wehe-den-Hoorn, y cruzo el puente peatonal. Ahí debiera estar el nº con flecha hacia el 28. Se ve que tampoco los holandeses hacen todas las cosas bien. Es casi seguro que este punto es el más al Sur que voy a estar en el tiempo de estancia en Groningen.
De Wehe-den-Hoorn
a Eenrum.
Nada más pasar el
puente, llego a una caseta con bandera desplegada al viento pero sin
bolso colgando. En la fachada lateral, frontal a mi marcha, ofrece
unos tótems muy sencillos pero significativos. Se trata de seis
figuras talladas en toscos tablones de parecida medida, que
representan figuras femeninas y masculinas, aunque a alguna habría
que preguntar género y/o sexo. Son muy expresivas y es probable que,
alguna, me diera una mala contestación. “¡A ti qué te importa
nuestra identidad sexual!” La segunda y la tercera empezando por la
izquierda, yo diría que son figuras femeninas, y el culete de
la cuarta podría valer para cualquiera de los dos sexos más
habituales.
Según va avanzando la humanidad, parece que las variaciones van a ser infinitas, como infinita es la humanidad. Sin más averiguaciones, son figuras que me agradan por su sencillez y por eso os ofrezco la fotografía. Vosotros tenéis la última palabra. Cuando llego al punto 28, un puente, veo una desviación hacia el 99, al Norte y, como he hecho antes, ahora tampoco quiero subir.
Un chaval para su bici y me quiere aclarar las dudas que no tengo. Aprovecho para decirle que voy con idea de llegar hasta Polonia. Sigo hacia el 27, Eenrum. Paso por encima de otro canal. Después de un cuarto de hora, el carril para bicicletas y peatones me ofrece una estampa de conjunto de los edificios más destacados del pueblo, su iglesia, cómo no, y su molino para moler grano. No en vano estamos en zona de cereal.
Tendremos ocasión de verlo de más cerca. Además de grandes extensiones de trigo verde, y algún trigal que empieza a orear, también veo muchos patatales.
Según va avanzando la humanidad, parece que las variaciones van a ser infinitas, como infinita es la humanidad. Sin más averiguaciones, son figuras que me agradan por su sencillez y por eso os ofrezco la fotografía. Vosotros tenéis la última palabra. Cuando llego al punto 28, un puente, veo una desviación hacia el 99, al Norte y, como he hecho antes, ahora tampoco quiero subir.
Un chaval para su bici y me quiere aclarar las dudas que no tengo. Aprovecho para decirle que voy con idea de llegar hasta Polonia. Sigo hacia el 27, Eenrum. Paso por encima de otro canal. Después de un cuarto de hora, el carril para bicicletas y peatones me ofrece una estampa de conjunto de los edificios más destacados del pueblo, su iglesia, cómo no, y su molino para moler grano. No en vano estamos en zona de cereal.
Tendremos ocasión de verlo de más cerca. Además de grandes extensiones de trigo verde, y algún trigal que empieza a orear, también veo muchos patatales.
Eenrum.
Ganará en belleza
el paisaje cuando las espigas se pongan totalmente doradas. Eso creo
yo, aunque no lo veré, al menos en Holanda. Entrando en el pueblo,
en un prado cuya hierba está alta, pues no ha sido segado aún, un
gran gato se agazapa presto a cazar algún ratón o algún pajarillo
desprevenido.

Inmóvil, mira fijamente hacia el lugar donde está su próxima presa. ¿Lo conseguirá? No lo dudo, pero no me voy a quedar allí esperando a que ocurra lo que previsiblemente ocurrirá. Pasando por una de las calles principales del pueblo, no ondean al viento ni banderas ni bolsos. ¿Aquello sería algo propio y exclusivo de Wehe-den-Hoorn?
Como se me olvidará preguntarlo a Gilda, en Warffum, nunca lo sabré. Me acerco al hermoso molino de viento de cuatro aspas que, según parece, está dispuesto y en perfectas condiciones para moler todo el grano de la zona, pero me supongo que considerarán que ya ha trabajado bastante en su vida anterior y ahora lo tendrán como conjunto museístico, y si muele algo, será sólo como demostración y prueba de cómo se hacían las cosas antaño.
Supongo que tendrán molinos más industriales, dispuestos a sacar todo tipo de harinas, integrales y no integrales, como para abastecer un mercado creciente, cada día más oferente y demandante de variaciones. Cuando llego a la torre de la hermosa iglesia, el reloj marca las cinco y veinte. También la torre es una hermosa torre, quizás lo más llamativo de la iglesia.

Cuando estoy saliendo del pueblo, para seguir hacia el nº 98, donde deberé decidir hacia dónde voy a continuar, me llevo una sorpresa. Encuentro una gran casona con señas de identidad que, en el lugar de donde vengo permanecería oculta. Me sorprende que aquí el terrorismo no se prohíba y se proclame. El letrero de la casa, que leo en letras bien grandes, es ETA. Euskadi ta Askatasuna. Sobran más palabras. Para completarlo, la fachada es en ladrillo rojo, con puertas y ventanas en blanco.
¿Estos etarras serán del Athletic Club? Nada más abandonar la casa de ETA, el camino se bifurca y no sé hacia dónde seguir. Lo más llamativo es un gran árbol con hoja granate. Veo otra casa similar a la que acabo de fotografiar, también de ladrillo rojo.
Inmóvil, mira fijamente hacia el lugar donde está su próxima presa. ¿Lo conseguirá? No lo dudo, pero no me voy a quedar allí esperando a que ocurra lo que previsiblemente ocurrirá. Pasando por una de las calles principales del pueblo, no ondean al viento ni banderas ni bolsos. ¿Aquello sería algo propio y exclusivo de Wehe-den-Hoorn?
Como se me olvidará preguntarlo a Gilda, en Warffum, nunca lo sabré. Me acerco al hermoso molino de viento de cuatro aspas que, según parece, está dispuesto y en perfectas condiciones para moler todo el grano de la zona, pero me supongo que considerarán que ya ha trabajado bastante en su vida anterior y ahora lo tendrán como conjunto museístico, y si muele algo, será sólo como demostración y prueba de cómo se hacían las cosas antaño.
Supongo que tendrán molinos más industriales, dispuestos a sacar todo tipo de harinas, integrales y no integrales, como para abastecer un mercado creciente, cada día más oferente y demandante de variaciones. Cuando llego a la torre de la hermosa iglesia, el reloj marca las cinco y veinte. También la torre es una hermosa torre, quizás lo más llamativo de la iglesia.
Cuando estoy saliendo del pueblo, para seguir hacia el nº 98, donde deberé decidir hacia dónde voy a continuar, me llevo una sorpresa. Encuentro una gran casona con señas de identidad que, en el lugar de donde vengo permanecería oculta. Me sorprende que aquí el terrorismo no se prohíba y se proclame. El letrero de la casa, que leo en letras bien grandes, es ETA. Euskadi ta Askatasuna. Sobran más palabras. Para completarlo, la fachada es en ladrillo rojo, con puertas y ventanas en blanco.
¿Estos etarras serán del Athletic Club? Nada más abandonar la casa de ETA, el camino se bifurca y no sé hacia dónde seguir. Lo más llamativo es un gran árbol con hoja granate. Veo otra casa similar a la que acabo de fotografiar, también de ladrillo rojo.
Pronto llego a otro
enorme sembrado de trigo. Una parte está todavía muy verde pero, a
lo lejos, el trigal amarillea. No sabría decir si el pueblo que veo
puede ser Baflo, pero en mi mapa no tengo referencias de pueblo más
cercanas, así que me quedo con la duda.
No creo que sea, porque aún tardaré un buen rato en llegar. Llego a un lugar en que la propia carretera da una curva y me obliga a seguir por un puente para pasar por encima de otro canal. ¡Son tantos los canales por los que voy pasando hoy! El puente es sencillo, pero bien construido, y parece recio, dispuesto a soportar el peso de vehículos y alguno pesado, como los tractores de labranza.
Así que el peatón pasa descuidado. Son las seis cuando lo paso.

En el lapso de un minuto camino cerca de un trigal verde inmaduro, y paso a otro amarillo, maduro, que se podría decir que está a punto de ser trillado.
Algunas espigas de los bordes destacan y ofrecen su grano. Si hubiese estado más cerca de la calzada, habría intentado hacer chicle, como cuando éramos pequeños. A punto de entrar ya en Baflo, encuentro otro artilugio para que los ciclistas encesten al paso por él, algún desperdicio que les estorbe. Leo: Mik’M Erin y Traduzco: A ver si me la metes. ¿Es una traducción correcta? Yo no tengo nada que meter en el embudo. Son las seis y cuarto.
No creo que sea, porque aún tardaré un buen rato en llegar. Llego a un lugar en que la propia carretera da una curva y me obliga a seguir por un puente para pasar por encima de otro canal. ¡Son tantos los canales por los que voy pasando hoy! El puente es sencillo, pero bien construido, y parece recio, dispuesto a soportar el peso de vehículos y alguno pesado, como los tractores de labranza.
Así que el peatón pasa descuidado. Son las seis cuando lo paso.
En el lapso de un minuto camino cerca de un trigal verde inmaduro, y paso a otro amarillo, maduro, que se podría decir que está a punto de ser trillado.
Algunas espigas de los bordes destacan y ofrecen su grano. Si hubiese estado más cerca de la calzada, habría intentado hacer chicle, como cuando éramos pequeños. A punto de entrar ya en Baflo, encuentro otro artilugio para que los ciclistas encesten al paso por él, algún desperdicio que les estorbe. Leo: Mik’M Erin y Traduzco: A ver si me la metes. ¿Es una traducción correcta? Yo no tengo nada que meter en el embudo. Son las seis y cuarto.
Dos mujeres me dicen
que puedo seguir por Rasquert. Pronto entro en el pueblo y veo la
iglesia al fondo de la calle por la que voy. Destaca la torre pero,
cuando llego, lo más curioso es que si se quiere continuar por la
calle es necesario meterse al ala derecha del crucero, aunque sin
necesidad de entrar en la iglesia, porque el paso es exterior.

Baflo es un pueblo bien comunicado, por carretera, por el canal y por el ferrocarril. Cuando estoy saliendo de allí, veo cómo pasa un tren por la vía. La línea del ferrocarril me acompañará hasta llegar a Warffum.

No me entero demasiado bien de cuándo acaba Baflo y cuándo entro en Rasquert. Y cuando acaban las casas tampoco sé si he salido ya de Rasquert. Este tramo quedará algo confuso en mi narración de mi camino. Está confuso para mí, ¿no lo va a estar para vosotros? Lo importante es que aquí no ocurrió ningún asunto interesante para narrar. Ni bueno, ni nefasto, así que continuemos hacia el destino programado de la jornada.
Baflo es un pueblo bien comunicado, por carretera, por el canal y por el ferrocarril. Cuando estoy saliendo de allí, veo cómo pasa un tren por la vía. La línea del ferrocarril me acompañará hasta llegar a Warffum.
No me entero demasiado bien de cuándo acaba Baflo y cuándo entro en Rasquert. Y cuando acaban las casas tampoco sé si he salido ya de Rasquert. Este tramo quedará algo confuso en mi narración de mi camino. Está confuso para mí, ¿no lo va a estar para vosotros? Lo importante es que aquí no ocurrió ningún asunto interesante para narrar. Ni bueno, ni nefasto, así que continuemos hacia el destino programado de la jornada.
Rasquert.
Saliendo por
carretera ascendente, lo único que me llama la atención es que, al
pie de la arboleda que sigue paralela a la carretera, crecen unas
hojas enormes, que nadie ha plantado, ni sembrado y que crecen
naturalmente.
Reverdecen el paisaje. Los próximos trigales verdes se los asigno a Rasquert, puesto que aún seguimos alejados de Breede.

La iglesia por la que paso me parece excesivamente grande para un pueblo tan pequeño. A pesar de ello saco dos fotografías para que se aprecien mejor sus dimensiones.
Estas van a ser la antepenúltima y penúltima fotos de la jornada. Entre árboles y pasando algo de frío voy por un carril bici anchísimo, paralelo a la carretera. En la carretera veo indicadores de kilómetros. 12,9 a Toenweg, 15,4 a Modelstunenweg y 16,5 Zÿesteweg, pueblos que no aparecen en mi mapa y que, por tanto, son indicadores que no me sirven como referencia de mi camino. También me olvido de los B&B que se ofrecen en dichos lugares.
Reverdecen el paisaje. Los próximos trigales verdes se los asigno a Rasquert, puesto que aún seguimos alejados de Breede.
La iglesia por la que paso me parece excesivamente grande para un pueblo tan pequeño. A pesar de ello saco dos fotografías para que se aprecien mejor sus dimensiones.
Estas van a ser la antepenúltima y penúltima fotos de la jornada. Entre árboles y pasando algo de frío voy por un carril bici anchísimo, paralelo a la carretera. En la carretera veo indicadores de kilómetros. 12,9 a Toenweg, 15,4 a Modelstunenweg y 16,5 Zÿesteweg, pueblos que no aparecen en mi mapa y que, por tanto, son indicadores que no me sirven como referencia de mi camino. También me olvido de los B&B que se ofrecen en dichos lugares.
Breede.
Paso por el pueblo
sin pena ni gloria. Sin saber que lo paso. Solo una foto, la última
del día, dirigiéndome ya hacia Warffum. Entro en el pueblo pasando
por nuevos trigales.
Warffun.
Un hombre, que va
con un perro, me dice dónde hay un B&B y me acompaña. No veo
anuncio alguno en la puerta atrancada. Entro por un lateral y una
mujer mayor me dice que ya no albergan a nadie y me añade que
encontraré otro frente al restaurante chino. Voy andando un
kilómetro o más y, ya por ciudad, se me hace eterno. Pregunto, y
todos me dicen que siga más adelante. De esa forma consigo no
pasarme. Por fin, llego al chino anunciado. Entro, pregunto, y la
camarera, que más tarde me atenderá en la cena, me dice dónde está
el B&B, al otro lado de la carretera, casi en la casa de
enfrente. Le agradezco y voy hacia donde me ha indicado.
Bed
& Breakfast “De Twee Paardjes”. Gilda.
Es tan pequeñito el
letrero de B&B que no lo leo hasta que no estoy encima. Llamo y
me abre Gilda, la dueña de la casa. En realidad, sólo abre media
puerta. Me pide 35 € con desayuno incluido. Como el V.v.v. no abre
hasta las diez, acordamos la hora del desayuno a las nueve. Cierra la
parte alta de la puerta, y la abre entera. El retrete está abajo y
me enseña el baño, la sala de estar y la habitación. Fuera del
baño hay muchas toallas, y me dice que use las que necesite. A ver
si se nota en el desayuno la diferencia con los de 25€. Gilda canta
en un coro. Su voz es de soprano. Hace unos días dieron un concierto
coral en la iglesia de Warffum, pero hoy, algo más tarde, lo hacen
en otra iglesia, en otro pueblo. Si hubiera llegado cinco minutos más
tarde, me habría encontrado la casa vacía. Se puede decir que he
tenido suerte. Me da la llave y una tarjeta con la dirección, por si
paseo por el pueblo y me pierdo. De haber llegado con más tiempo, le
habría pedido ir con ella al concierto. Habría disfrutado de una
actividad inhabitual en mi viaje. Otra cosa es que ella hubiese
accedido. Probablemente, he hecho bien en no intentarlo, hubiese sido
una rémora que le habría quitado libertad para quedarse con sus
amigos. Además, quizás ella ya vaya cenada, o cenen después en
grupo. Demasiadas incógnitas imposibles de averiguar a priori. Ella
se va y yo me acomodo. Salgo para cenar y cierro con la llave.
Restaurante chino
Hong Sheng.
No pensaré hacer
una cena típicamente holandesa, ¿no? Ni me molesto en buscar otro
lugar para cenar, teniendo este restaurante tan cerca de casa. Además
es mi forma de desquitarme de los últimos intentos de comer
stamppôt. Ahora que lo vuelvo a escribir, me doy cuenta que este
plato de invierno era típico de Frisland pero, ¿lo es también de
Groningen? ¿Quizás fueran por esto las risas de mediodía en Leens?
Lo mejor ha sido la noticia que me ha dado Gilda antes de marchar, al
enseñarme el mapa completo de Holanda y, en especial, de la zona que
me falta por recorrer para pasar a Alemania. Me dice que puedo ir a
pie a Eemshaven, coger allí el ferry a Borkum, la primera isla
Frisia de Alemania y, sin necesidad de retornar a Holanda, volver en
ferry de Borkum a Emden. Es una buena noticia que mañana me
completará con dos copias de itinerario que sacará de internet.
Esto supondrá atravesar el estuario del Ems, que separa las dos
naciones. Mañana culminaré la costa holandesa que inicié en 2013.
Confío en que me den billete de ida a Borkum con vuelta a Emden.
Mañana lo sabré. Ya en el chino, pido cerdo agridulce de piña, con
acompañamiento de arroz y no dejo ni muestra. Lo acompaño con
cerveza china y té de jazmín. Pago 18,20€. Hoy todos los pagos
los he tenido que hacer en metálico. Creo que el té de jazmín no
tiene teína pero, no sé si por el cerdo o por el té, lo cierto es
que me costará dormir.
Durmiendo mi
última noche en Holanda.
Lavo camiseta y
calzoncillo y los tiendo en la ducha. Pongo a cargar las dos
baterías, la de la cámara y la del móvil. Me acuesto. Me levantaré
tres veces a orinar por la noche. La primera, a las 11:30. ¿Será
diurético el té de jazmín? Al levantarme la segunda vez, encuentro
encendida la luz de la entrada, así que Gilda ya ha vuelto entre la
primera y la segunda orinada. Al levantarme la tercera, son las 5:30
horas y ya veo claridad y el sol saliendo tras la pirámide, el
triángulo, de una casa. Las tres veces que me he levantado, he
aprovechado para escurrir la camiseta. Pero estoy contando cosas del
nuevo día…
Balance de la
última jornada completa holandesa.
Tampoco el de hoy ha
sido un día muy brillante. Ha estado bien escapar de Schiermonnikoog
sin problemas para surcar el fango. El encuentro en la oficina de
turismo, que no era v.v.v. hubiera sido más interesante de no haber
estado tan orientada a explicar Schiermonnikoog. Con todo, a los
responsables les ha impactado mi proyecto de ir a pie hasta Polonia.
Al no encontrar lugares con infraestructura alimentaria próximos a
la costa, he tenido que descender hasta una carretera de cierta
importancia para comer en Leens, una comida poco interesante, aunque
necesaria. La buena acogida por Gilda y la cena en el chino, quizás
sean lo mejor del día. Estoy con ganas de entrar en Alemania.


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