Etapa 03 (444) Hollum-Hollum


Etapa 03 (444), 08 de junio de 2015, lunes (Cumpleaños de Sagrario).
Hollum-Ballum-Nes-Buren-De Hon-Buren-Nes-(coche)-Hollum.

 







Amanecer en stayokay de Ámeland
Me despierto a las 5:30, pero no me levanto hasta las 6:45 horas. Saco foto de la habitación. Como estoy solo, todo el espacio es para mí. Como decía ayer, hay posibilidad de colocar una litera, pero hoy no hace falta. A mí me suele gustar que la mesa esté cerca de la luz natural de la ventana pero, en esta ocasión, el especio es insuficiente y está más alejada. Si quiero escribir no es la mejor opción. Por la ventana veo el campo de futbol y la pineda. Ya tengo en la mesa el mapa de la isla de Ámeland.
 

Tomo la pastilla, cago, me afeito y escribo el diario. Van a dar las ocho cuando me visto y voy hacia el comedor. En el comedor, todo está listo para mi desayuno. Me sorprende ver tanto alimento para mí, pero si están las cinco personas que me han dicho… Aunque yo no he visto a nadie en mi pabellón. Busco a la chica y al recepcionista. Me explican como pueden y entiendo lo que entiendo. Ya sé dónde echar los desperdicios. GFK es para restos orgánicos y el otro es para todo lo demás. Es una pena que cartón, plástico, latas y vidrio vayan al mismo y que no lo reciclen. Como una pera, un bocata de queso y mortadela, una rebanada de pan con mantequilla y mermelada de albaricoque, dos trozos de bizcocho integral, un yogur y un café con leche. Yo les cuento un breve resumen de cómo va mi viaje, y él me dice que estuvo de pequeño en Grecia. Ya llegaré allí algún día. Regreso a la habitación y llevo el libro de Maite para que me lo selle en la página 51.


Hollum. Costa Oeste de Ámeland
Son las nueve cuando me preparo para salir hacia la playa. Hace frío. Llevo el jersey puesto. En realidad no salgo hasta las 9:15 horas, pues me enrollo de nuevo con el recepcionista. Yo proponía un camino que él no me recomienda. Me dice que es mejor que vaya por el parking. Cojo otro camino, pero una familia que viene caminando me vuelve de nuevo al aparcamiento. Saco dos fotos de las instalaciones del albergue, con la zona de juegos y los pabellones. En la segunda, con el campo de futbol, el faro al fondo, y más pabellones.
 

Caminando, pronto llego a la playa. Es la zona más occidental de la isla y, nada más asomarme a la costa, veo al fondo la isla de Terschelling, mi conocida de hace dos veranos, y la saludo de lejos. Entro por la zona donde está el edificio de Salvamento y Socorrismo, aunque a estas horas no hay ningún lifeguard a la vista. Me descalzo y voy hacia la orilla. Esta es la parte más estrecha de la playa pero, a medida en que se va abriendo hacia el Norte, se va ensanchando, formando un enorme arenal.


Unos postes indicadores, que en este punto no doy ninguna importancia, me vendrán muy bien para cuando llegue a la zona más Nordeste, la parte de arena más inestable de la isla. El viento que viene del mar no es nada grato y me costará mucho quitarme el jersey.

Pronto llego a otra entrada a playa, donde vuelvo a localizar la vuurtorem, el faro, que la vegetación sobre la duna no me dejaba ver. Se puede apreciar la nubosidad de la mañana. Espero que según vaya pasando el día, se despeje y caliente un poco más el sol. En la orilla se forman grandes bolados de sal y yodo.
 
Después de mi experiencia por tantos recorridos playeros por la orilla del mar, ahora ya no me preocupan tanto estos espumarajos que antes creía producto de la polución y los trataba de esquivar.

Sobre todo, en algunos puntos de la costa francesa. El movimiento de las olas y el viento, hacen que estos copos de nieve blanca parezcan vivos.





Corren, vuelan y caen de nuevo sobre la arena o sobre el agua. Voy entretenido con este juego y observando cómo la distancia entre la orilla y la duna se va ampliando a medida en que voy hacia el Este.


Sin salir aún del espacio en que se domina y orienta el faro, llego a un lugar en que están recanalizando unas tuberías.







Molesto a las gaviotas, y hago que se escapen volando. A mí ellas no me molestan, aunque una, en Borkum, la tercera isla de este año, ya en Alemania, casi me hace una gran jugarreta.
 

Ya lo contaré, cuando lleguemos. Siguiendo tranquilamente hacia el Este, las gaviotas parece que no saben que yo voy en esa dirección, aunque ya me estén viendo y, como sería lógico, ¿por qué no vuelan y se posan de nuevo hacia el Oeste? Pues no, tienen que hacerlo hacia el Este, de tal forma que les voy haciendo volar a mi paso, en varias ocasiones.




Natuurreservaat Engelsmanduun
Un cartel informa para conocedores de idiomas, pero a mí de poco me sirve. Más bien, de nada. Pero tanto arenal me aburre y más hoy en que la temperatura no me anima a darme un baño. Si sigo por la orilla, me veré a dar un rodeo semicircular, así que me voy por la tangente. Tras sacar foto al cartel, que sólo informa a los que vienen del Este, y mostrar al fondo otro trocito de Terschelling, me decido a continuar caminando por zona más vegetal. Es un terreno propio de marisma que, a medida que el arenal se ensancha, queda más protegido de los embates del mar y se va consolidando por la parte de la duna. La denominan reserva natural. 
 
Yo le doy una explicación más filosófica y añado mi traducción, de las dunas de Engels. En esta reserva, paran aves. Me abruman con sus pitidos y chillidos. Hoy si descubro corre-limos y cigüeñuelas, así como unos pájaros blancos con cabeza, cola y alas negras. Aunque ya no es arena de playa lo que piso, sigo descalzo por el camino central. Pronto me encuentro con dos parejas y tres perros negros, que parecen hermanos. Al menos son de la misma raza. Alguno, puede que sea la madre que los parió. No haré esa pregunta, pues tengo la certeza de que no voy a entender la respuesta si es que llego a poder explicarme. ¿Mother? Pero me atrevo a contarles la historia de mi pérdida de sandalias de hace dos años y el encuentro con Hadevijt. Uno se aparta con su móvil y el otro da poco juego. Pero las dos mujeres se ríen mucho. Me despido del cuarteto.


Sigo por el camino. Al fondo veo ya la duna más elevada y puedo apreciar que la reserva natural ya se está acabando. Pero, del lado del mar se aprecia mejor la marisma, que es una buena reserva para las aves, puesto que conserva agua dulce entre la vegetación.
 

Considero que el agua es dulce, sin probarla, puesto que el mar se encuentra a gran distancia y tampoco puede ser producto del nivel freático. ¿Me equivoco? No hay nadie para darme una respuesta a mis dudas. Cuando llego a un edificio y un aparcamiento, sé que ya estoy finalizando la parte de playa que pertenece a Hollum. Voy con mi móvil a punto, intentando felicitar a mi hermana, pero ni a las nueve, ni a las diez, lo estoy consiguiendo. A las once me da comunicando, lo que considero una buena señal.

Insisto cada cinco minutos y consigo que me coja a las 11:10 horas. Ha llegado a las cuatro de la madrugada a casa. El Osasuna iba perdiendo 2-0, pero finalmente ha empatado a dos y se han salvado del descenso. Celebrarán la comida del cumpleaños el sábado. Prometo llamar ese día.




Costa Norte. Ballum.
Una chica viene caminando por la arena, pero va calzada con deportivas. Nos saludamos al cruzarnos. Llego a un tinglado con edificio bajo, que está pensado para alguna actividad deportiva y que tiene hamacas de madera, orientadas para solárium.



No encuentro, aquí tampoco, a nadie para preguntar. En el siguiente, me ocurre lo mismo, pero aquí al menos puedo leer Funsport Club Ámeland. Lo de “Fun”, no sé a qué se refiere, pero lo que me da la pista es lo de “Sport”, para decir que es un club deportivo. Pero, ¿a qué deporte se refiere? Secreto del sumario. Si fuera en España, diría que se dedican a tocar la zambomba fun fun fun.


Un deporte como otro cualquiera, aunque sea musical. La playa, aunque sigue siendo ancha, además de interminable, ya ha empezado a estrecharse. Cuando llegue a Nes, el estrechamiento será mayor. De lejos, veo el tinglado con terraza y bar, pero de camino encuentro un niño abandonado dormido.

Parece que me lo ofrecen como un bonito regalo, pero yo no lo quiero ni regalado. Bastante peso llevo sin añadir otro más. Además, parece que el muchacho está bien alimentado, bien rollizo. La foto es capciosa, ya que solo ofrece a la criatura, pero cerca hay un hombre joven haciendo volar su cometa. Tensa la cuerda en el aire, pero cae en picado a la arena. No pide ayuda. ¿Será autosuficiente? Pero pronto aparece su mujer con un niño que le ayuda a elevarla de nuevo. 
 
Cerca de la terraza-bar, hay jóvenes sentados en la arena. Nadie en bañador. También se aprecia gente que se mueve por la terraza, que dispone de cristaleras como defensa del viento que, ni estando al sol, mantiene una temperatura grata. Todos estos edificios, al igual que los deportivos por los que he pasado antes, están construidos como palafitos. Unos recios postes que sostienen la plataforma, un edificio construido encima y una escaleras de acceso o, como en este caso, el acceso va paralelo hacia la rampa de arena que viene de la duna.

Nes y Buren.
Sigo caminando descalzo por la playa. Este es un largo tramo. Casi tardo media hora entre Ballum y Nes. El edificio con terraza que ya veo a lo lejos es el más grande del recorrido. El hecho de que Nes sea ciudad con vertiente a los dos mares, hace pensar en que es la capital. También la realidad de que, al estar enclavado el puerto en su territorio, todo el mundo debe pasar por Nes para salir o entrar en la isla, hace pensar en la mayor importancia de la ciudad. 
 
También la proximidad a Buren, ofrece una conurbanización que lo magnifica. Por tanto, Nes ofrece puerto al mar interior, el mar de fango, y playa, a mar abierto, al amplio mar del Norte. Todo el norte de la isla es una larguísima playa que, si no fuera porque estamos en este inicio de junio frío, sería una playa excepcional. Lo malo es que no voy a poderla disfrutar en época veraniega, como lo hice hace dos años en Vlieland y Terschelling. ¡Qué le vamos a hacer! Cuando llego al bar y su terraza, compruebo la rampa descendente de la duna y dos tramos de escaleras que descienden de la terraza a la playa. Como decía, aquí el tinglado que lo sujeta es más recio, también de madera, y la terraza sigue estando protegida del viento por cristaleras más altas. Hay que proteger a los clientes. Son los que mantienen el negocio y el sobreprecio se compensa con el beneficio. ¡El negocio es el negocio!


Veo a unos niños con un adulto, que me parece puede ser su profesor. Algunos niños van en bañador hacia la orilla. No me quedo esperando a para ver si se bañan o no. Ninguna de las chicas les acompaña. Continuando hacia el Este, encuentro a un grupo de pescadores de caña. Casi todos pescan estáticos y sentados. Protegiéndose del viento. También yo sigo sin quitarme el jersey. Alguno se debe levantar o pesca con cebo en movimiento. No me atrevo a asegurar que lo haga con cucharilla. Me paro a hablar con el último. Está con su mujer que no entiende nada de mi inglés. ¡No me lo explico! Él me enseña unos peces planos, que podrían ser lenguados o pequeños rodaballos. Les pregunto a ver si ya he llegado a Naakstrand, la zona nudista, y me dice que sí. Hace el gesto de empezar a desnudarse, pero no continúa.
 
Avanzo un poco, pero retrocedo para preguntarle para qué son las pequeñas plataformas que se observan en el mar. Me dice que son para la obtención de gas. Agradezco la información y sigo adelante. Pronto llego a un poste indicador de la playa que me sirve para que, contrastándolo con mi mapa, pueda saber en qué punto de la isla me encuentro. Se trata del I-200. Estos postes se señalan en mi mapa con los números 16, 17, 18. Ahora estoy por el 16.

Buurderduinen. Nudismo.
Subo a la duna, ya desnudo, buscando un lugar protegido del viento, para estar un rato al sol. La duna tiene una inclinación pronunciada y no me resulta nada fácil ascender al cresterío. Mientras en la playa, abajo, ya soplaba el viento, arriba arrecia y el frío es ya descomunal. Desde la cima de la duna, saco foto al grupo de pescadores y al poste indicador que acabo de dejar atrás. Como podéis observar, no he perdido mucho tiempo para desnudarme desde que he recibido la información de que ya estoy en zona nudista.
 
Es uno de los mayores alicientes en mi viaje de verano. Aunque por no haber llegado aún al solsticio y hacer aire, debo protegerme del frío. El sol todavía no calienta lo suficiente, aunque se está bien y sirve para que los huesos absorban su vitamina. No muy alejado de donde estoy, veo un camino, carril bici, que comunica costa con interior y viceversa. Al otro lado de la duna, extiendo mi toalla y ya protegido del viento por la alta duna, se está de maravilla. El sol va calentando mi cuerpo serrano pero, antes de que eso ocurra y el contraste sea mayor, hago de tripas corazón, y me voy a dar un baño.
 

Subo y bajo la duna. La marea está bajando y cuesta encontrar el desnivel suficiente como para que cubra, así que me tiro al mar simbólicamente. No quiero riesgos innecesarios en un mar desconocido. También por temor a las medusas que he venido observando muertas a lo largo del camino por la orilla. Salgo corriendo de nuevo a la playa y a la duna que, ya desnudo, ofrece menos resistencia y me voy agarrando a las hierbas propias del lugar. Sin necesidad de secarme con la toalla, me tumbo al sol. ¡Qué felicidad! El chapuzón me ha dejado como nuevo. Hay nubes blancas que no amenazan lluvia pero que ocultan el sol a ratos. Menos mal que son breves y vuelve a calentar. El interior está más nuboso. Desde mi atalaya, controlo el paso de ciclistas y motorizados. Los caminantes son escasos. Sólo vea a alguno que hace un recorrido a pie, pero que van más alejados. Me asomo varias veces a la cresta de la duna por ver si amaina el viento y puedo pasar al otro lado de la duna, a la playa, pero ni por esas. Sigue arreciando. Cuando no hay nubes el sol calienta demasiado, pero ya no me vuelvo a bañar. Como pipas de calabaza, con sésamo, arándanos y alguna nuez, de postre. Estoy allí un par de horas al sol y con el tentempié. Me ha tentado ponerme a dibujar la línea de dunas pero, finalmente, no me animo. 
 
Salgo a la playa desnudo, con la mochilita, y voy avanzando por los postes que me confirman el camino en mi mapa.

Oerderduinen.
Antes de las cuatro me marcho de mi solárium particular. Camino en dirección a Oerderduinen pero, cuando lo tengo a la vista, decido dar la vuelta y caminar por el interior. Llego al poste I-100 que, según deduzco, pertenece al nº 20. Los números siguientes, hasta el 25, no los veré.


Sólo me cruzo con pareja lejana, pues ellos van por la orilla y yo por los postes indicadores. Así evito las lajas de conchas finas rotas que me pueden dañar los pies. No quiero meterme en una lengua de arena con pocas referencias más que las numéricas. Saco foto del 20 en dos posiciones, con el fondo en la duna que debo atravesar para coger el carril que me devolverá a Buren. Estoy entrando en terreno de De Hon y abandono el Este.
 
Saco foto del paso entre dunas que indica el lugar en que abandono por hoy el mar y la playa. La arena de la duna es tan sumamente fina que, gracias al contraste de la luz solar, parece como si se tratara de un paisaje nevado. Toda esta parte ya pertenece a Oerderduinen. En la zona denominada Schuilhut, se ven algunas balsas de agua que entreveo entre el carrizo y demás vegetación de la marisma.
 

Para pasar sin deteriorar esta zona de naturaleza, para protegerla, han hecho un camino flotante de madera, entre el carrizo y la espadaña.








No conviene salirse de él, si no quieres salir enlodado y, eso, si sales vivo. En pocos minutos lo atravieso y llego hasta el final.





Está bien conservado, con las tablas bien fijadas y sin faltar ninguna, y sin los agujeros que suelen aparecer en los nudos. Aunque no haya pasamanos protectores a los dados, tienes que ir muy distraído para caerte.












Es como llego a un camino ancho, para peatones y ciclistas. Dos en su bici vienen frontales a mí. Como voy desnudo, me paro y pongo el pantalón sin el calzoncillo. Nos saludamos en el cruce.

El camino ofrece explicaciones, Oerd en de Hon, y yo me dirijo hacia Buren. Después, me encuentro con una larga recta que va entre la duna consolidada.
















La zona de marisma ya ha quedado atrás. Al final de la gran recta y a un lado, en camino de tierra, arena y vegetal, me encuentro con un hinchador para ruedas de bicicleta. Me parece una feliz idea, para un país en que tanto funcionan estos vehículos tan dúctiles y fáciles de deteriorarse. Supongo que todos llevarán sus parches y demás útiles para solventar algún pinchazo de rueda. Con este inflador aquí, se evitan el ir cargados con él. Lo que más me sorprende es verlo enganchado a una cadena de eslabones y sujeto a un poste. Siempre me han vendido la buena educación de los holandeses y el respeto que sienten por la propiedad privada. ¡Cuánto más con ésta, que es de uso público! Esta cadena me hace pensar en que por aquí también puede haber ladrones. Imposible, serán extranjeros, me dirían.
 
Descalzo por la arena habré caminado más de veinte kilómetros, ahora me calzo y voy dejando indicadores a los lados; indicadores a los que, como no aparecen sus nombres en mi mapa, no hago caso alguno. La duna por este interior de la isla está bien consolidada pero, sin embargo, encuentro algunos calveros, que han perdido su vegetación, que me hacen pensar en que también tiene zonas frágiles que se deben proteger.

Sigo viendo aves y muchas madrigueras y conejos que corretean por la duna. Cuento ocho grandes y seis pequeños. Y digo para mi coleto: 86. No llegaré a la edad de mi madre, que murió con 89. Soy medio tonto, o tonto y medio. Pero sigo viendo más conejos que, siguiendo el mismo proceso de contar, me llevarían a vivir más de cien años. ¡Tampoco es eso! Me gustaría llegar a edad longeva, conocer biznietos, pero con calidad de vida. No como los últimos cuatro años de propina de mi madre, que para nadie, ni para mi peor enemigo, los quiero.
 
Pronto encuentro una seta, como la que me ayudó en Vlieland hace dos años, que me va a llevar a Buren, pues estoy a kilómetro y medio del pueblo.

Buren.
Esta seta, roja y blanca, me sirve también para saber que Nes está casi a 4 km. Ballum casi a 10, y el faro de Hollum a unos 12 kilómetros. También me sirve para saber que llevo retrocediendo unos cinco kilómetros desde el punto más lejano de la marisma. Son unas setas, aunque no comestibles, muy útiles para el caminante. Siguiendo el camino, desde la seta, ya se ve el primer hotel del pueblo, aunque el indicador lo considera más de un kilómetro más allá. 
 
Así es como llego al hotel Buren aan Zee. Es de cuatro plantas y las habitaciones, para no variar, las ofrecen abuhardilladas. El aparcamiento presenta muchos coches, así que se puede deducir que el hotel está al completo. Como ya tengo alojamiento para esta noche, me abstengo de entrar a preguntar.



El edificio del hotel, de factura actual, no pierde algo de las granjas clásicas que voy viendo a lo largo de los caminos costeros del continente. En veinte minutos, ya estoy en el pueblo de Buren. Me sorprende ver De Klok, el mismo nombre del restaurante en el que comí ayer, en Holwerd, aunque aquel era De Gouden Klok, parece que les guste la puntualidad pero, aunque ya tenga hambre, pues sólo he comido algunos frutos secos desde el desayuno, no voy a entrar a comer.

Sobre todo, teniendo en cuenta que mi cena ya está contratada en el stayokay. En Buren anuncian una iglesia, pero no encuentro iglesia alguna. Una jovencita se queda casi muda ante mi pregunta: ¿church? Veo una casa que me parece curiosa y, como busco iglesia, hasta me parece que, en tiempos, pudo ser aquí, hasta me parece que tiene crucero tapiado. La fotografío por si acaso es ésta. Es así como voy saliendo de Buren y entrando en Nes.

Nes.
Nada más entrar en Nes, encuentro una iglesia de la que sólo se mantienen las paredes y la están reconstruyendo. ¿Sería ésta la iglesia que venían anunciando?
 

Aparece la palabra kerk y me sirve para saber que ésta es la palabra que debía haber utilizado para preguntar a la joven de antes. Observando la iglesia, veo que está al completo, salvo la cubierta que, o se les ha venido abajo, o estaba muy deteriorada y ahora la tienen que hacer de nuevo. Lo que no puedo adivinar es si el nuevo edificio conservará su carácter religioso, o se dedicará a restaurante o garaje para reparación de bicicletas. Con esta foto completo el reportaje fotográfico del día, aunque todavía me falta un buen rato para llegar al albergue. Entro en la pescadería. Nada que reseñar de ella. Pronto llego a zona conocida y, como son más de las seis de la tarde, estoy algo cansado y no me apetece recorrer por carretera el mismo camino que hice ayer, me decido a volver a Hollum en autobús. Pregunto, pero nadie sabe decirme. Llego al bar de ayer, el que está frente a Polities, pero resulta que son los lunes, maansdag, los días de descanso semanal. No podré preguntar al chico hispanoamericano que ayer me dijo que el stayokay estaba en Hollum. Sigo preguntando, hasta que una camarera de restaurante me dice dónde está la parada. Cuando estoy llegando, veo que un bus se va. Son las 18:20 cuando llego a la parada y leo que ese era el penúltimo, el de las 18:18 horas. Me da rabia, pues se me ha ido ante mis propias narices. Tengo una espera de dos horas hasta el siguiente, que ya es el último. Me acerco al V.v.v. y, como ayer, sigue cerrado.

Autostop a Hollum.
Decido ir a la carretera y hacer auto-stop. Enseguida para una mujer que lleva a dos chicas jóvenes. Pero no van hasta Hollum, se quedan más cerca. Yo sigo andando en la dirección hacia donde voy, es buena para que me cojan, pero mala para peatón. No me para nadie. Otro me para, pero me dice que se queda por allí cerca. No ando ni 300 metros y me para un matrimonio que va a Hollum. Al subir, cierro mal la puerta, y la cierro bien ya en marcha. Tardo en acertar con el cinturón de seguridad. Les hablo de mi viaje. Cuando hay ganas de querer entender, la gente se entiende. Les digo que estoy en el stayokay, me dicen que ellos, esta mañana, han desayunado allí. Son amables, no tienen prisa, y me dejan en recepción. Agradezco el favor e invito, pero no quieren tomar nada. Me despido de ellos.

Stayokay Ámeland.
Allí está una chica nueva y pido la llave nº 2. En el comedor veo profusión de jovencitos. Hoy no estaré solo. Aunque están en el otro pabellón del fondo. Me ducho y voy a escribir un rato en mi diario. No debo dejar tanto tiempo sin hacerlo pues, aunque las fotos me ordenan algo el día, voy confundiendo momentos y lugares. El recepcionista de la mañana arregla las dos porterías del campo de futbol, sobre todo, la red. Cuando salgo hablo un rato con él. Le pregunto si se puede cenar algo de pescado. Me dice que entre al comedor. Me siento ante la misma mesa del bar en la que cené ayer pero, la nueva recepcionista me dice que pase al comedor. Todavía no han retirado las sobras. Ya no queda sopa de tomate y como otra similar a la de ayer, aunque sin cilantro. La de hoy me sabe más rica, aunque la carne campa por su ausencia. Apenas encuentro unos trocitos. Luego preparo una ensalada, que empapo bien con aceite. Un buen aceite que, utilizo también para aliñar un asado de zanahoria, pimiento y cebolla. Todo me sabe muy rico. Y, para terminar, tengo dos opciones de pollo. Una es al curry, que me gusta poco, y la otra es una salsa que se parece a la gelatinosa del cerdo agridulce. También está rico, pero he podido ya pillar poco pollo, las sobras del grupo. Terminada la cena, me siento con ventanal a la izquierda y escribo el diario. El boli negro está ya en las últimas y me escribe mal y a tramos. Me desespero y desisto. Continúo con el de tinta azul. Mientras escribo en el bar, tomo otra copita de Beeremburgs. Me sigue pareciendo un licor suavecito, nada que ver con un Calvados, ni con el aguardiente gallego. Voy a la parada del autobús para ver horario de los buses de mañana. Hace frio y el cielo viene negro con nubarrones amenazantes. Tengo uno a las 8:41 y otro a las 9:41. Creo que este segundo será suficiente para coger el ferry de las 9:30 horas. Poco antes de las nueve mientras, por el campo de futbol, pasean dos pavos reales, uno colorista, el otro blanco (para mí el más bello en esta hora del atardecer), hablo desde la habitación con Julen y Sara. Dudaba en llamar. Sólo han pasado cinco días, y se les ha hecho largo, como si hubiera pasado más tiempo. Sólo quiero decirles que estoy bien y dónde. Luego, a Vera, le explico el problema con Outlook. Preguntaré a Josu el sábado por si me da alguna solución a este problema. Pero no lo podré resolver hasta llegar a Dinamarca. Son las 9:15 horas cuando me acuesto. Cansado pero contento. Me sigue doliendo la planta del pie izquierdo, por la zona del talón, bajo el tobillo interior. Me levanto para darme un masaje de aloe-vera. Todavía me queda algo en el tubito pequeño. Ayer me quemé un poco el cuello, pero hoy, con la crema protectora, parece que todo ha vuelto a su ser. No me levanto a orinar en toda la noche, hasta las seis de la mañana.

Balance de una jornada completa en Ámeland.
Con un día menos ventoso y con algo más de calor, habría sido una jornada perfecta. He caminado lo suficiente para un tercer día y creo que he acertado haciendo autostop. Según van pasando los años, me voy volviendo menos purista. Me permito lujos que antes no me permitía. Hablar con la familia, ha sido algo que lo ha completado. Estoy bien y cada vez más receptivo a paisaje y gentes.

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